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lunes, septiembre 12, 2016




¿Alguna vez entraste de día a una discoteca?

Las discotecas de día suelen ser un mísero galpón mugriento. Todas sus imperfecciones, su suciedad, sus rajaduras, quedan expuestas a los ojos de quien se anime a mirarlas de tarde.

No hay oscuridad que esconda los defectos, ni juegos de luces que simulen un mundo fantástico y exaltado. Tampoco suena la música para distraer, ni corre el alcohol para generar la inconsciencia del asunto. Las unicas bebidas que uno puede encontrar son los restos en los vasos desparramados por el suelo. La bola no brilla en el techo. La gente no camina por las pasarelas. La quietud es implacable.


¿Alguna vez entraste de noche a una discoteca?

Las mujeres coquetean bajo decenas de capas de maquillaje. Colores forásteros en la cara, máscaras sútiles, rostros ficticios. Los hombres sucumben al ardid, visten como nunca, ropa con olor a naftalina disimulada por litros de perfume. Rara vez se ven asi de dia. Rara vez huelen asi de día.

Suenan canciones que solo pueden gustar en el bullicio de una discoteca y la distorsión de la situación. De día suenan peladas. Les falta algo. Les falta todo. Marea de gente mareada, la marcha de los besos sin corazón, de los tragos ladrones, de los saludos sin alma. Hola, ¿como estas? Bien, aunque se que no te importa. Abrazo efusivo. ¿Quien eras?. Use y tire.

Él quiere estar con ella, ella quiere estar con él. Bailan, él avanza, ella histeriquea un poco. Él le tira flores de plástico. Ella las huele y sonrie, sabe que le mienten pero compra: al autoestima le encanta la comida chatarra. Se van de la mano por la puerta de entrada, todavía no se probaron. Afuera será otra historia. Afuera siempre es otra historia.






lunes, mayo 16, 2016


De la niebla en sus ojos, escapo. Al mal humor enquistado, gambeteo. Sus miradas indiferentes, su marcha cansina, sus palabras escuetas, son ladrillos de paredes por derribar, de muros que se levantan mañana tras mañana. Cuantos Lunes en un cuerpo, cuantas muecas inertes, cuantos sueños muertos y sepultados. El ir y venir de los movimientos robóticos, la vida circular, una alarma que suena y que no despierta, adormece más.

No quiero formar parte del hormigón. No quiero vivir en piloto automático. Me niego a convertirme en un ser gris. Lo contagioso de lo ceniciento puede llegar a ser abrumador. Amanece en la ciudad plomiza y comienza una nueva carrera diaria contra el degradé del alma, luchando por ser de color, buscando al ánimo escondido en cada rincon de la jungla de los corazones tiesos.

Este es mi recordatorio. Esto es una advertencia. Asesinaré los Lunes, lo prometo.





lunes, marzo 21, 2016



Una bolsa de basura negra.

Llena de sueños, de aventuras, de pensamientos nocturnos. Los recuerdos, las experiencias. La voz que calla y que cuenta que todo ser es maravillosamente único. Canciones, libros, abrazos dados y por dar. Restos. La quietud inexplicable. Abren la bolsa. Que injusto terminar asi.

Una bolsa de basura negra.

¿Recordas todo lo que luchaste para conseguir ese objetivo que te desvelaba? Y lo conseguiste. El esfuerzo fue sobrehumano, fueron muchos años de sudor y rabias, ¿pero quien era capaz de atreverse a robarte la sonrisa interplanetaria que tenias el dia en el que lo lograste? E inmediatamente fuiste por más, te propusiste otra meta aunque quedara a kilometros de mundo. Y caminando, crecías.

¿Podés oirme?

Una bolsa de basura negra.

Con eso llegaron en sus manos a la luz roja de las sirenas. No estaban apurados, ya no había mucho por hacer. Dios, su proceder impávido: me asombra la capacidad de acostumbrarse frente a semejante hecho. Me asustan aquellas personas que se vuelven inmoviles con el tiempo. ¿Por que se vuelven asi?. Se secan.

¿De que tamaño es el futuro? ¿Cuanto mide un alma? ¿Como carajo se las ingenia este mundo hijo de puta para hacer caber a toda una persona en una mísera, estúpida y ordinaria bolsa de basura negra?





miércoles, marzo 09, 2016




No recuerdo a que edad empecé a ser consciente de que estaba allí. Mis primeras imágenes de él son confusas, pero de lo que estoy seguro es que lo veía a lo lejos y desde abajo, muy chiquito.

Con los años fui creciendo, y él también, cuestión de cercanía y perspectiva. La cosa no me importaba demasiado hasta que pude divisar como la gente iba cayendo por ese precipicio. Conocidos y desconocidos desfilaban por ese maldito acantilado, y si dentro mío vivía algo de miedo, ahora se había convertido en terror.

Pasé mi adolescencia entera y parte de mi juventud tratando de buscar una manera totalmente creativa de no llegar a esa muerte dolorosa y estúpida, en cierto modo para evitarsela también a todo ser que estuviera cerca. Me desvié por mil caminos, pero todos desembocaban en uno solo que culminaba directamente en los últimos centímetros del peñasco.

La leyenda cuenta que existe un sendero, escondido, pedregoso, mediante el cual uno puede lograr no terminar echo papilla y escapar quien sabe hacia donde para salvarse, pero es dificilisimo encontrarlo. Mi búsqueda continuó.

Pánico. Puedo contemplar el abismo, su inmensidad mortal. Llegué al momento crítico en el que lo tengo a centímetros, la hora de la decisión más importante de mi vida. Tantos años contemplándolo desde la lejanía, evitando llegar al fatídico punto en el que me encuentro. Puedo detallar cada una de sus rajaduras, la forma de cada piedra que allí vive. Oler el hedor a fallecidos, oir el eco de la desolación. Intento idearme urgentemente el camino salvador, ese del que tanto me hablaron.

Un viento muy fuerte me pega en la cara. Se  mete por mi  boca, la seca por el grito. Los ojos me lagrimean al punto de no poder abrirlos. Un zumbido grueso en los oídos. No se si estoy de pie o de cabeza.




viernes, enero 08, 2016



Tengo la costumbre de espiar al mundo a través del fondo de un vaso mientras bebo su contenido. Cuando me encuentro haciendolo se que otra vez estoy sintiendome lejano a todo, como solitario en otra galaxia y entonces el vaso funciona como telescopio. Observo los detalles de los felices a años luz.

Marea alta de whisky directo a mis labios. Cataratas en mi garganta y el mundo a través del vidrio que se ve distorsionado. Aun más distorsionado de lo que es.

Suspiro y libero lugar adentro para volcar mas elixir. Y entonces me hundo cada vez más, y el telescopio se convierte en periscopio. Poco escucho desde la profundidad, la luz casi no llega. El periscopio me dice que allá arriba todo parece seguir igual de bien, sin mi. Soy el capitán de mi naufragio.

Finalmente la caida termina y siento el suelo arenoso. Todo flota y comienza a emerger a la superficie por fuerza natural: las pertenencias de mis bolsillos, mi brújula, las burbujas desesperadas que salen de mi boca. Absolutamente todo asciende, menos mi vaso y yo.

viernes, diciembre 25, 2015




LUNES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MARTES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MIERCOLES

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


Podría continuar este texto, pero usted ya sabe lo que viene. Prefiero no seguirlo, que para aburrirse usted ya tiene su propia rutina.




lunes, noviembre 23, 2015



Aquella medianoche en el acantilado me preguntaste si amaba al mundo o si lo odiaba. Que me veías confundido, dubitativo, bipolar, torturado por una dicotomia permanente. Mis ropas negras, mis ganas de conquistar cada rincón, mi corazón de barro, mis esperanzas de flama eterna. La respuesta no era poca cosa asi que pedí un tiempo para responderla. Realmente yo tampoco lo sabía.

Durante esos días anduve todo lo que pude, caminé el mundo, lo observé, lo abracé, lo escupí.  Fui anotando en una bitácora las experiencias, todo lo que me rodeaba.

La música y la guerra.
Los perros y la muerte.
Las verdades, las mentiras.
Los besos electricos, los abrazos muertos.
Los voluntarios, los corruptos.
La paz y el regocijo de los viajes. La distancia implacable.
El amor, la indiferencia.
El fútbol, las torturas.
La lluvia, el viento y los hijos de puta.
Los heroes, las religiones.
La naturaleza, las cartas rotas.
Las delicias, la violencia.
El fuego, los terremotos.
Los niños, la vejez.
El sexo y los suicidas
Vos.
Yo.
Ellos.

Pasó un largo año desde que nos volvimos a ver, exactamente en el mismo lugar que aquella vez. Esbocé mi respuesta, la esperabas ansiosa. Soy cambio, soy contradiccion, soy evolución. Amo al mundo? Si. Odio al mundo? También. No puedo amarlo todo el tiempo, no puedo odiarlo todo el tiempo. Soy sensible, permeable al entorno, nada implacable. Soy parte de mi alrededor, soy ese alrededor, y a veces soy precioso, y a veces no tanto. Yo también soy el mundo. Clara, mi vinculo con el mundo es una intensa relación de amor/odio, diría que en partes iguales. Este lugar puede ser el cielo, como vos pensás, pero también el infierno más feroz. Fue quien me dio la vida, será quien me la quite.

Asentiste no muy convencida, como no creyéndome demasiado. Poco te duró lo agridulce de mi respuesta. Una sonrisa victoriosa comenzó a nacerte mientras yo miraba la luna distraído y fascinado.



sábado, noviembre 14, 2015

viernes, octubre 09, 2015

















Nada niño, nada.
Escapa de un mundo partido
baleado, mal parido.
Huye a algún lugar
en el que poder jugar.

Nada, niño nada
Bracea, patalea fuerte.
Que las olas son tsunamis.
Que los monstruos resultaron ser humanos.
Que todo es bullicio.

Que los brazos del hombre
se hicieron para mecerte los sueños
y no para levantar tus depojos.
¿Que querés ser cuando seas grande?
Quiero ser.

No revuelvas más en sus corazones
Ya no busques inocente niño,
algún atizbo de piedad, una mera rafaga de empatía.
Es en vano.
Solo encontraras
nada niño, nada.

miércoles, julio 22, 2015




Suelo morirme a veces.

Aquella noche miré a través de la ventanilla del colectivo empañada por la lluvia y pensé: es una hermosa noche para estar triste. Llueve adentro, llueve afuera, el colapso, los estruendos, soy parte del paisaje.

Atrás quedaron la gente y el bullicio. Desentoné otra vez, y no los soporté. Fue un escape imperfecto, de esquirlas, lo se. Perdón. Huí a encerrarme en mi soledad. Me encontré agotado, exhausto de mi. De mis cambios, de mis arranques de rabia, de sentirme afuera de todo. Y fueron horas de no sentir, de desconocer mis placeres, de tener dormidos los sentidos. Cuando la música no logra penetrarme el alma, cuando no siento ese apetito voraz por su cuerpo de mil maravillas, entonces tengo la desesperante certeza de estar muerto.

Es el otoño de los sueños, el frío de estar parado a la sombra de la gloria. Las lagrimas no nacen, ni mueren. Es tener la mirada apagada de los fallecidos. Inerte. Insulso. Oscuro. No poseo energía suficiente para pensar. Solo quiero cerrar los ojos y olvidar, descansar de mi, para en unas horas esperar la resurrección. Otra vez.



lunes, mayo 11, 2015


No nací sordomudo, no sufro de afonía, sin embargo no puedo hablarte. Tengo tantas cosas para contarte que no se por donde empezar, aunque siendo sincero, tampoco se como empezar.

Solo basta verte para que irrumpa violentamente desde el suelo la muralla mas horrible de todas y se interponga entre nosotros dos. ¿Sabías? siempre consideré a la timidez como un muro negro, altísimo, irrompible, invencible. Y yo nunca supe trepar.

Mis noches se redujeron a practicar cada palabra del discurso que te daría, para que pudieras entender todo lo que me pasa, pero es en vano, nunca puedo decirlo, se me mueren adentro las verdades mas sinceras, las intenciones mas desesperadas. A veces juro que no se si son lágrimas, o mis palabras intentando escapar de su cárcel como sea. Es desgarrador ser uno mismo la prisión.

Y agonizo en impotencia e inoperancia. Soy el hombre menguante. No te das una idea de como lo intento, solo yo conozco mi esfuerzo. Pero no me sale. Suelo probar bebiendo coraje liquido e inundo mi alma en alcohol para ayudar a subir todo lo que tengo que decir. Pero mis verdades no saben flotar, se ahogan.

Siempre la misma historia. Siempre el mismo final agrio. Otra noche de derroche y frustración en la que enfermo de rabia. Quisiera asesinar a mi timidez. Masacrarla, estrangularla, acuchillarla, y en un acto de justicia infinita ser el autor material de la tragedia que termine de una vez con la mía.  Pero no me animo.




sábado, marzo 21, 2015



Después de tantos años nos volvimos a encontrar, lejos de todo y de todos. Era ley terminar en un bar, y así fue. Las carcajadas seguían intactas. Jamás volví a reírme tanto con una persona como lo hacía con él. Era recíproco. Extrañaba terminar agotado de estar tentado. Al fin y al cabo estábamos un poco distintos que hace un tiempo, pero aun iguales.

Tomamos cerveza. Hablamos del punk, de Green day, de los Ramones, de la banda que teníamos, de aquellos tiempos sagrados de gloria y libertad que habíamos vivido a la par. Y mientras seguíamos volando hacia atrás, de repente se quedó pensativo. Gradualmente se le borró el gesto de gracia y melancolía alegre en la cara y sentenció mirando a la nada: "nuestros amigos, o tienen hijos o están muertos". Se hizo un silencio triste. La segunda opción me hizo un eco frio en el alma. Nunca había pensado en eso. Tenía razón.

La pasábamos bien, eramos jóvenes e invencibles, pero en el fondo estábamos tristes. Para ser punk siempre tenes que estar un poco triste. Y muchos no soportaron aquella angustia. Se rindieron y cayeron en esos refugios de papel que son la droga y el alcohol. Ninguna pastilla calmó el dolor. Otros fueron más pragmáticos y directamente eligieron la bala o la soga.

Levantamos nuestras miradas brillosas y chocamos los vasos. No dijimos nada, pero brindamos por varias cosas. Por aquellos días de gloria, por los que ya no están pero están, y por lo que quedamos, peleandole a la existencia, con esa vieja tristeza todavía adentro, apaciguando las congojas con las canciones de toda la vida, esas melodías inmortales, por siempre jóvenes, y con la cresta bien parada en el corazón. Después de todo, el negro en nuestra ropa sí tenía un poco de luto.




martes, enero 06, 2015



Tengo siete años. Estoy sentado solo y en canastita en la frescura del verde césped una siesta de verano. El silencio es casi absoluto. La gente descansa, entonces también las calles. En cada una de mis manos sostengo un muñeco. Ambos están repletos de armas y se enfrentan en una batalla a muerte, casi que no necesito mis dedos para moverlos: tienen vida propia, forjan cada movimiento. Uno de ellos será el único héroe, y yo soy de su tamaño, estoy ahí en ese mundo, sintiendo la adrenalina del combate.

Un canto de pájaro rompe el silencio y me vuelve a la realidad. Tardo un instante en divisar al ave creadora de ese sonido magnífico. Finalmente la descubro posada sobre un cable de luz. La observo atentamente, puedo sentir como el aire fresco de esas alturas le pega en la cara, empiezo a pensar en la preciosidad infinita de la naturaleza, en su armonía. Mi cuerpo lentamente se entrega al entorno, me siento parte de él. 

Un estruendo que no da tiempo a nada. Un grito aviar desgarrador. El balín atraviesa de lado a lado al pájaro que reposaba en los cables. Le rompe las entrañas. Tres o cuatro plumas salen despedidas. El cuerpo inmovil cae inmediatamente sobre la tierra. Aun hoy puedo escuchar ese golpe seco y de muerte impactando contra el suelo, retumbando en mi memoria. Una ventana se cierra a lo lejos, alcanzo a ver la punta de un rifle que se mete hacia adentro de la casa. Alguien se desentiende de la escena y vuelve al interior de la vivienda, como si nada hubiese pasado. Yo me aguanto el llanto. Algunas tragedias son meramente personales. El ave, que hasta hacía segundos estaba llena de música y vida yace inerte y retorcida en el suelo. El hombre que asesina es la naturaleza matando a la naturaleza. Es, entonces, una especie de suicidio estúpido.

Vuelvo a mirar el cadáver. Me corre un escalofrío de pies a cabeza. Quiero irme ir a mi casa, ya no tengo ganas de jugar. Atino a juntar rápidamente mis pertenencias. Los muñecos están ahí tirados. Y solo son eso, figuras de plástico, rígidas, llenas de tornillos y mal pintadas. El mundo, de pronto, se me volvió muy real. Demasiado.






jueves, diciembre 11, 2014


Lentejuelas, colores y magia. De eso está hecho el vestido de princesa que le regalaron a Daiana por su cumpleaños número cuatro. Y corre por toda la casa luciendolo, y grita algarabía cuando descubre su deseo de querer vivir su vida entera asi, siendo una princesa por siempre.

Su fotografía con el vestido de sus sueños la observa siete años después desde su mesita de luz, lagrimeando por el chico que le vapuleó el corazón con ese No. La almohada mojada y la ilusión en pedazos. Daiana descubre que las princesas también lloran.

El espejo le carcajea. El pantalón no quiere entrar. Otra vez derrapa en sus curvas aunque no sean tan pronunciadas como ella quisiera. La sociedad la estrangula y ayuda a construir la arcada que ella misma se induce con sus dedos ensalivados. Daiana reposa en el inodoro, suspira y descubre que las princesas también vomitan.

Las cinco de la mañana es la hora exacta de la desazón. Esa noche no fue como en sus sueños. Solo quedan soledades bañadas en tequila. Está sentada contra la pared, con el maquillaje corrido y la cabeza entre las rodillas, insoportablemente sola, Todo su mundo se limita a una esquina vacía. Daiana observa sus zapatos salpicados y descubre que las princesas también se emborrachan.

Otra noche de horror hogareño. De nuevo él llega con olor a ginebra y descarga toda la rabia del mundo en su cara y en sus adentros. Sus piernas flojas ya no intentan defenderse y abren el paso a otra tragedia más. Cierra los ojos, aguanta sus nauseas. El ahora duerme y Daiana le da la espalda, se toca la boca, mira su mano y descubre que su sangre no es azul. Su principe tampoco lo es.

Una tarde cataléptica finalmente estalla. Abre el placard y en un ataque de nervios destroza el viejo vestido de princesa, que cae al suelo convertido en retazos.
Pega un portazo y huye. El nunca más le da alas y corre rápido, llorando y pensando que aquella realeza de su infancia, quizás, no era tan real después de todo.

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En cada caricia siente cicatrizar todas y cada una de sus heridas. 
En cada abrazo se siente protegida, y piensa que no hay castillo o foso repleto de cocodrilos que la pueda defender mejor de cualquier amenza, que su pecho estrellandose con el suyo.

Ambos cenan el manjar que él preparó y observan corretear a su pequeña hija, por el comedor con un traje de princesa remendado, mientras se sostiene la corona que se le tambalea por la euforia en sus movimientos. La sigue con la mirada y siente que le cosquillean los ojos a punto de llover.

Le da un beso en la mejilla a su marido y se dirige al baño. Se mira al espejo y se centra en la luz clara que tienen sus pupilas. Después de muchos días de penumbras, por fin amanece una sonrisa de reina en su rostro. Y entonces, Daiana descubre que ya no queda reino por conquistar.




domingo, noviembre 16, 2014




"Estamos considerando la implementación de un plan estretégico para la región orientado al desarrollo de la calidad de vida de los ciudadanos, apuntando principalmente a los factores productivos..."

Pasame otro balde Marita. Todos agarren uno y vayan sacando el agua lo más rápido posible, que los muebles de madera se van a pudrir. ¡Ojo con el televisor! ¡Bien alto por favor!

"Hacía varias décadas que un gobierno no invertía tanto dinero en obras de infraestructura a pesar de que la nación no nos proporcione los recursos correspondientes. Este es el camino, el camino del esfuerzo y del trabajo..."

¡Achisss! ¡Tomás abrigate que tenes los pies mojados y vamos a terminar en el hospital! ¡Alcanzame el trapo y el secador ¡Fijate que la nena esté bien tapada y calentita y después anda a vaciar este balde! ¡No llore míja que nos vamos a ahogar! Ya le voy a comprar otra muñeca nueva...

"La oposición se opone por oponerse. Necesitamos medidas de fondo, coyunturales. Estamos trabajando en el problema. Tenemos que tirar todos para el mismo lado. Debatir. Equipo de trabajo. Confianza. Consenso. Proyectos. Esperanza..."

Ay diosito que pare el aguacero, que la casa se me está viniendo abajo otra vez. No quiero que llueva nunca más, porque cada vez que llueve pierdo. Y me enfermo. Y lloro.

Truenos.




martes, octubre 07, 2014


La luz se pone en rojo. De un lado un auto último modelo, casi casi del año que viene, reluciente, técnicamente perfecto, manejado por un ejecutivo que no para de hablar por teléfono. Del otro un carro de madera, tirado por un caballo y conducido por un hombre mayor. El carro lleva todo lo que sobra de los mercados, frutas, verduras, pan, pobres. 

El ejecutivo termina su comunicación, gira su cabeza y se detiene a mirar al hombre del carro. Ve sus manos ajadas por todos los soles de su vida, su piel curtida por la lucha diaria, la tristeza lenta de sus movimientos. Luego posa su atención en el equino, descuidado, agitado, prácticamente rendido, emparchado y atado por todos lados. La imagen del carro, el pobre y el caballo representa absolutamente todo lo que está mal en el mundo. Cuanta pena junta. Piensa en sus hijos. Se acomoda la corbata para tragar saliva.

El pobre mira al hombre de traje. Contempla sus lentes de sol en la solapa, el reloj, y el auto de punta a punta, y vuelve a observar las ruedas desparejas de su carro. El anhelo le dura solo unos segundos. Ya no se pregunta por qué.  Hace años se le murió la pregunta en el pantano de la resignación. Su rostro, invariable, no emite expresión alguna, luce triste por naturaleza. Vuelve a mirar al frente. Mejor pensar como sigue el recorrido si quiere cenar por la noche.

El celular suena otra vez interrumpiendo el trance de las dos realidades. De vuelta a los negocios. La luz se pone en verde. El automovil acelera, y deja atrás al carro. Lejos. Muy lejos. Cada vez más atrás.




martes, agosto 05, 2014



Mariano está parado junto al inodoro. Lo observa- si tan solo apretando un botón se fuera toda la mierda...- piensa. Tiene siete mil preguntas y ninguna respuesta. Intenta mirarse al espejo pero se ve difuso y turbio. Nada cambió después de todo. Nublado, siente que viaja en una nube y que ya olvidó la letra de su canción.

Mariano espera sentado al lado del inodoro y repasa su vida entera en segundos. Cuantas derrotas por dios, de todo tipo y color. Tiembla, grita y llora, todo a la vez. Sabe que sus días fueron un paréntesis de la nada. De la soledad a la soledad. La canilla también pierde, y retumba sin parar marcando el compás de la tristeza. Es de madrugada y la mañana cada vez queda más lejana. Será mejor asi.


Ya casi no existen las canciones, ni las glorias, ni amigos ni enemigos, ni él. Uno se acostumbra a todo, menos al dolor. Los ojos se le cierran. Convencido de que los finales también son un comienzo se seca las lágrimas y los mocos. La carta reposa junto a él. Los argumentos se corrieron con la humedad del piso y el vómito, volviéndose bastante inentendibles. Igual ¿que importa? .


Mariano está recostado al pie de su inodoro. Whisky barato y polvo de hadas para el viaje. Mira al techo sin mirar. Grita en silencio. Los mosaicos le contagian el frío. Otra vez el cosquilleo asesino en la panza, pero más fuerte. El reloj se detiene a las cuatro y veintitrés, la hora más oscura antes de que comience el alba. El dolor cesa. Una sonrisa de alivio le nace entre las mejillas, dispuesta a quedarse allí para siempre.


¿Como era eso de despertar?





martes, junio 17, 2014


No hay quien resista vientos tan fuertes. Días y noches enteras de pura agitación insoportable entre tempestades y chaparrones. Las inclemencias no cesan, no paran un maldito segundo. El encierro es el nuevo estilo de vida frente a la hostilidad del exterior. Cualquier tipo de aventura quedó ahogada, anulada y solo queda sentarse a mirar lo dantesco de la situación, lo débiles que somos ¿ Como podemos rompernos tanto y tan fácilmente?

Escombros, restos,  y barro. Lo que se erigía invencible hoy se redujo a trizas. Todo es oscuridad, no asoma ni una luz de esperanza, solo la de los rayos. Y mejor dejar de llorar para que las lágrimas no ayuden a que el agua siga subiendo, aun mas.

El solo hecho de volver a empezar aterra. Apenas pensar que todo el dolor de la pérdida puede llegar a repetirse algún día, provoca que el primer paso se convierta casi en una utopía y media. Y entonces... ¿Para que volver a intentar si todo tiende a la destrucción? Es el maldito espiral asesino, cuyo centro es la nada furibunda.

Hasta que un día cualquiera, sin más y de repente, el golpeteo de la lluvia disminuye de a poco hasta llegar al mas aliviador de los silencios. La música de los pájaros regresa, y con ella la armonía. Los estruendos ya no amenazan, y lentamente escampa. Asi que esto era la paz. La puerta por fin se abre y es imposible no pelearle al sol de frente para contemplar el azul precioso del cielo, más intenso y radiante que nunca, como quien descubre que, por fin, se ha curado de las tristezas, y siente el voraz apetito de salir a comerse el mundo.



sábado, abril 05, 2014



Algunos dicen que se murió de pesimismo. Otros afirman que se enamoró de la mujer equivocada. Pensó que ese amor lo rescataría de la miseria cotidiana, y lo llevaría lejos de este mundo moldeado en excremento, pero se aferró a la heroína equivocada. Una historia triste más.

Iosu vestía de cuero y vagaba por las noches de su Santurtzi natal escupiendo verdades como meteoritos. Y eso más de una vez le costó la suspensión de sus shows, demasiado realistas quizás para una sociedad tan artificial. -Nosotros no cobramos por tocar. Cobramos por las molestias- solía decir.

Por su aspecto de eterno punk derrotado y por sus canciones de provocación rabiosa lo trataban de anti-todo. Respondía indignado: "¿anti-todo yo? Anti-todo es la sociedad y su individualismo absoluto que deja agonizar al de al lado sin ser capaz mover un dedo. Eso es ser anti-todo".

De chico quería ser futbolista. Iba con pocas esperanzas, y muchas ilusiones. Pero el mundo se las fue robando de a poquito, a zarpazos, y cuando le arrancaron la última de las últimas, se aferró fuerte a ella y con ella se fue.

Hoy sus amigos y admiradores luchan por nombrar Iosu Éxpósito a una calle de su tierra, tal vez para homenajearlo, o quizás para dejarlo atravesado en el medio de la ciudad que terminó por matarlo, vendiéndole muerte de a gramos en cada esquina., para que siga incomodándola con su presencia descarriada, como lo hacía con sus canciones inmortales.