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lunes, septiembre 12, 2016




¿Alguna vez entraste de día a una discoteca?

Las discotecas de día suelen ser un mísero galpón mugriento. Todas sus imperfecciones, su suciedad, sus rajaduras, quedan expuestas a los ojos de quien se anime a mirarlas de tarde.

No hay oscuridad que esconda los defectos, ni juegos de luces que simulen un mundo fantástico y exaltado. Tampoco suena la música para distraer, ni corre el alcohol para generar la inconsciencia del asunto. Las unicas bebidas que uno puede encontrar son los restos en los vasos desparramados por el suelo. La bola no brilla en el techo. La gente no camina por las pasarelas. La quietud es implacable.


¿Alguna vez entraste de noche a una discoteca?

Las mujeres coquetean bajo decenas de capas de maquillaje. Colores forásteros en la cara, máscaras sútiles, rostros ficticios. Los hombres sucumben al ardid, visten como nunca, ropa con olor a naftalina disimulada por litros de perfume. Rara vez se ven asi de dia. Rara vez huelen asi de día.

Suenan canciones que solo pueden gustar en el bullicio de una discoteca y la distorsión de la situación. De día suenan peladas. Les falta algo. Les falta todo. Marea de gente mareada, la marcha de los besos sin corazón, de los tragos ladrones, de los saludos sin alma. Hola, ¿como estas? Bien, aunque se que no te importa. Abrazo efusivo. ¿Quien eras?. Use y tire.

Él quiere estar con ella, ella quiere estar con él. Bailan, él avanza, ella histeriquea un poco. Él le tira flores de plástico. Ella las huele y sonrie, sabe que le mienten pero compra: al autoestima le encanta la comida chatarra. Se van de la mano por la puerta de entrada, todavía no se probaron. Afuera será otra historia. Afuera siempre es otra historia.






miércoles, septiembre 23, 2015



Finalmente implementó la regla de los tres segundos de la que tanto le habían hablado. Contó hasta tres, respiró profundo y le dijo todo. Asi, de sopetón. Su corazón dejó de ser un oscuro depósito de verdades estancadas durante meses. Su cara siempre fascinante demostraba sorpresa, aunque no le creyó demasiado. Fueron 5 minutos violentos, o seis años de silencio, nunca lo supo muy bien. Ella lagrimeó. El bajó la mirada. Las cosas no estaban saliendo como esperaba. O si.


Ella se retiró de la escena y empezó la cuenta regresiva más cruel. Su esperanza medía exactamente cien metros, la distancia hasta la otra esquina. Se quedó observándola, pocas veces había estado tan triste. Rogaba que ella se diera vuelta, que corriera hacia él y que sus ojos le gritaran redención, para luego sellar sus destinos en un beso. Los metros pasaban, y ella caminaba, cada vez más despacio, quizás sin darse cuenta, como si los pasos le dolieran. Una especie de suspenso embustero.

Finalmente ella llegó a la esquina y dobló. Nunca giró hacia él y la perdió de vista. Derrotado, se quedó un buen rato en el mismo lugar, inmóvil, insoportable, agotado. Comprendió entonces, que los corazones mas fuertes, más libres, eran a prueba de mirar hacia atrás.


lunes, mayo 11, 2015


No nací sordomudo, no sufro de afonía, sin embargo no puedo hablarte. Tengo tantas cosas para contarte que no se por donde empezar, aunque siendo sincero, tampoco se como empezar.

Solo basta verte para que irrumpa violentamente desde el suelo la muralla mas horrible de todas y se interponga entre nosotros dos. ¿Sabías? siempre consideré a la timidez como un muro negro, altísimo, irrompible, invencible. Y yo nunca supe trepar.

Mis noches se redujeron a practicar cada palabra del discurso que te daría, para que pudieras entender todo lo que me pasa, pero es en vano, nunca puedo decirlo, se me mueren adentro las verdades mas sinceras, las intenciones mas desesperadas. A veces juro que no se si son lágrimas, o mis palabras intentando escapar de su cárcel como sea. Es desgarrador ser uno mismo la prisión.

Y agonizo en impotencia e inoperancia. Soy el hombre menguante. No te das una idea de como lo intento, solo yo conozco mi esfuerzo. Pero no me sale. Suelo probar bebiendo coraje liquido e inundo mi alma en alcohol para ayudar a subir todo lo que tengo que decir. Pero mis verdades no saben flotar, se ahogan.

Siempre la misma historia. Siempre el mismo final agrio. Otra noche de derroche y frustración en la que enfermo de rabia. Quisiera asesinar a mi timidez. Masacrarla, estrangularla, acuchillarla, y en un acto de justicia infinita ser el autor material de la tragedia que termine de una vez con la mía.  Pero no me animo.




sábado, marzo 14, 2015


Margarita tenia catorce años cuando se casó, y treinta y siete cuando se separó . En el medio tuvo tres hijos. Su marido era uno de los galanes mas buscados del pueblo, todas morían por sus ojos celestiales, pero el moría por Margarita.

Solo unos meses después del casamiento su romance eufórico se transformo en obsesión. y la obsesión es olvidarse del amor. Ella tardó solo un par años en darse cuenta de que no estaba cómoda con la relación, que quizás era muy chica para haber forjado su futuro tan de golpe. Pero cada vez que cobraba valor y se decidía a dejarlo, él aparecía con un revolver, se lo apoyaba en la sien y le advertía: si me dejas me mato. Mas de una vez su hermana la aconsejó - dejalo que apriete el gatillo-

El amor devino en terror y no pudo soportar mas . Una tarde de Diciembre les anuncio a sus padres que se separaría de su esposo. Tenia diecisiete. Su madre rezongó despavorida- ¡No Margarita por dios! ¡Que va a decir la gente del pueblo! ¡Que vergüenza! ¡Si ya es parte de la familia! El matrimonio seguía, y las voces permanecían en silencio, como sus sueños.

Cincuenta años después Margarita mira en la oscuridad de su comedor las fotos en blanco y negro, las acaricia con sus manos ajadas. les saca el polvo. Se ve tan joven en ellas, tan ilusionada. Trata de rearmar esos futuros posibles que se invento y que nunca fueron, los caminos jamas tomados por indecisión, por falta de coraje, o lo que fuese. No volvió a enamorarse. Siempre fue demasiado tarde para todo. Superó algunas depresiones, pero nunca a la peor de las nostalgias: la nostalgia de lo que no existió. Jamas se fue a vivir al mar como tenia pensado hacer cuando finalmente dejó a su marido, pese a todos. Y aquel pueblo maldito que iba a castigarla para siempre con desprecio y horror por sus sentimientos, pecados y decisiones, no recuerda ni un solo segundo de aquella historia de desamor. Entonces Margarita se pregunta en lo profundo de la noche, si ella vivió en ese pueblo realmente, o si el pueblo vivió en ella todos los días de su triste vida perdida.







jueves, diciembre 11, 2014


Lentejuelas, colores y magia. De eso está hecho el vestido de princesa que le regalaron a Daiana por su cumpleaños número cuatro. Y corre por toda la casa luciendolo, y grita algarabía cuando descubre su deseo de querer vivir su vida entera asi, siendo una princesa por siempre.

Su fotografía con el vestido de sus sueños la observa siete años después desde su mesita de luz, lagrimeando por el chico que le vapuleó el corazón con ese No. La almohada mojada y la ilusión en pedazos. Daiana descubre que las princesas también lloran.

El espejo le carcajea. El pantalón no quiere entrar. Otra vez derrapa en sus curvas aunque no sean tan pronunciadas como ella quisiera. La sociedad la estrangula y ayuda a construir la arcada que ella misma se induce con sus dedos ensalivados. Daiana reposa en el inodoro, suspira y descubre que las princesas también vomitan.

Las cinco de la mañana es la hora exacta de la desazón. Esa noche no fue como en sus sueños. Solo quedan soledades bañadas en tequila. Está sentada contra la pared, con el maquillaje corrido y la cabeza entre las rodillas, insoportablemente sola, Todo su mundo se limita a una esquina vacía. Daiana observa sus zapatos salpicados y descubre que las princesas también se emborrachan.

Otra noche de horror hogareño. De nuevo él llega con olor a ginebra y descarga toda la rabia del mundo en su cara y en sus adentros. Sus piernas flojas ya no intentan defenderse y abren el paso a otra tragedia más. Cierra los ojos, aguanta sus nauseas. El ahora duerme y Daiana le da la espalda, se toca la boca, mira su mano y descubre que su sangre no es azul. Su principe tampoco lo es.

Una tarde cataléptica finalmente estalla. Abre el placard y en un ataque de nervios destroza el viejo vestido de princesa, que cae al suelo convertido en retazos.
Pega un portazo y huye. El nunca más le da alas y corre rápido, llorando y pensando que aquella realeza de su infancia, quizás, no era tan real después de todo.

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En cada caricia siente cicatrizar todas y cada una de sus heridas. 
En cada abrazo se siente protegida, y piensa que no hay castillo o foso repleto de cocodrilos que la pueda defender mejor de cualquier amenza, que su pecho estrellandose con el suyo.

Ambos cenan el manjar que él preparó y observan corretear a su pequeña hija, por el comedor con un traje de princesa remendado, mientras se sostiene la corona que se le tambalea por la euforia en sus movimientos. La sigue con la mirada y siente que le cosquillean los ojos a punto de llover.

Le da un beso en la mejilla a su marido y se dirige al baño. Se mira al espejo y se centra en la luz clara que tienen sus pupilas. Después de muchos días de penumbras, por fin amanece una sonrisa de reina en su rostro. Y entonces, Daiana descubre que ya no queda reino por conquistar.




martes, febrero 18, 2014




El devenir de las tragedias personales es el mejor asesino del tiempo. El mundo sigue su baile frenético, pero para uno el tiempo se detiene por completo.

El reloj de la pared yace congelado. El de mi muñeca se estancó también justo a la hora de la triste noticia, desmayado quizás por lo esquizofrénico de mis pulsaciones. El televisor sigue ahi, de fondo, contabilizando muertes, robos y accidentes, como cada día. Los vecinos van y vienen de sus trabajos, para seguir dándole vida a la rutina. Todo continua igual, excepto por uno mismo, que se queda estático, atrapado en esa mirada que se fue y ya no volverá.

El desfasaje aturde, al igual que el silencio imperante. Los ojos arden. No existen el hambre ni el sueño. Se respira profundo y en cámara lenta. Los movimientos más bruscos que ejerce el cuerpo son los suspiros. Se piensa en todo y nada a la vez mientras la habitación gira alrededor de uno. El día se torna eterno y esa eternidad que tantas veces sonó hermosa en las promesas, hoy es indeseable y dolorosa. No se de que color está el cielo afuera, hoy no entiendo de amaneceres ni anocheceres. La amargura se traga, incluso, hasta las cosas más bellas de la vida.

Alguien apoya una mano en mi hombro y me consuela -todo pasa-. Sonrío complaciente, haciendo un enorme esfuerzo para agradecer la intención. Se perfectamente que todo pasa. El problema es el mientras tanto.




viernes, octubre 11, 2013


Euforia y distorsión. La luna es experta en agigantar mares, mareas y mareos. También problemas. Y la noche se vuelve más noche aun.

La busco entre la gente y no la encuentro. Siempre me molestaron las multitudes, y hoy todavía más. Hasta que la veo en un rincón, bañada en tristezas, rodeada de vasos desangrados. Intento hablarle pero hoy rechazaría hasta la más soñada de sus utopías, la negación es total. Empieza a escupirme remordimientos causas y consecuencias, y sucumbo antes sus improperios, siendo muy consciente dentro de mi inconsciencia de que los enojados dicen la verdad. Cada palabra suya era capaz de desatar el más voraz de los incendios. Quemaduras de segundo grado en mi cuerpo. La música sonando dejó de importar hace rato, al igual que la gente y los venenos.

Todo tiene un límite: sus lágrimas negras de rabia y maquillaje de repente brotaron de su mirada y fueron demasiado para mi. Siempre lo son. Se limpia el rostro con su mano, se levanta y se pierde entre el amontonamiento de personas a paso veloz, intentando disimularse. Yo también abandono el lugar, exactamente en la dirección opuesta a la que ella tomó.

Otra noche de corazones exagerados que termina de manera totalmente contraria a como debería.



lunes, mayo 06, 2013



Casi le declara su amor.
Casi atrapa a su sueño mas preciado.
Casi saborea la gloria.
Casi la besa.
Casi se anima.
Casi llora
Casi se arrepiente.
Casi lo intenta otra vez.
Casi es feliz.



viernes, abril 05, 2013


Agarrame.
Desnudame.
Saboreame.
Mordeme.
Y justo ahí,
cuando se acabe toda dulzura posible
escupime retorcido, insípido.
Impulsame a descubrir
el torbellino de las pasiones de un rato
y el sinsabor del desamor.




martes, marzo 12, 2013

NO.



No entendía como una persona tan bella le estaba diciendo algo tan horrible: no. Dos letras miserables y destructivas. En ese "No" nada cabía, ni el millar de abrazos que le tenía preparados, ni las historias por vivir a la par, ni cada una de sus noches de tristeza oceánica anteriores a ese momento. Esa letra "o" funcionó como un agujero negro que se tragó absolutamente todas sus ilusiones, sus sueños, sus esperanzas ; y aun así, llena y gorda de fantasías, seguía sonando inerte. Bajo la sombra de aquel árbol, vivió el segundo más sombrío de su vida.

Ese No como lagrimal, como aire que sobra en el suspiro, como el perfecto trazo de un amor asintótico. Un No que lo condenó a la ignorancia de sus besos para siempre.

Y esa eterna espera ortográfica con deseos de un Si como punto y seguido, o un Tal vez como puntos suspensivos, derivó en sueños molidos que salieron de su boca con forma de punto y aparte. Final.

Rezaba por un si disfrazado, encubierto, histérico al menos, pero...no.





martes, febrero 19, 2013



Fueron días y noches de tristeza violenta, y el huracán en el alma comenzaba a notarsele por fuera. Su catarsis era suspirar: constituía su único intento de salir a flote: "suspirando se expulsa de a poquito el dolor" respondía convencida cuando le preguntaban cómo estaba. Y así pasaba las horas, exhalando angustias.

Pero aquella ausencia que le carcomía el ánimo, estaba cada vez más presente. Y un día cualquiera, quizás trágico, quizás medicinal, de tanto suspirar se volvió viento.




lunes, septiembre 10, 2012



Esa caminata vespertina no había sido igual a todas las demás. El recorrido era siempre el mismo, pero aquella tarde me topé con una escena extraña que llamó poderosamente mi atención. Apoyado contra un árbol, con su punta clavandose en la tierra, yacía un paraguas bastante deteriorado, con agujeros por todos lados. Hasta ahi algo normal, un trasto, chatarra. Pero lo inusual era que de su interior brotaba un papel que se movía con el viento frío. Noté que estaba escrito y no pude resistirme a tomarlo y leerlo. Decía algo así:

"Su nombre era Tormenta y era hija del caos. Era una máquina de vivir, no tenía anécdotas, tenía desastres. Jamás cumplió ordenes, ni años: era mas preciada y más preciosa que la mismísima juventud.
 
Se llamaba Tormenta, y lo era por dentro y por fuera: rabia y belleza se conjugaban en su ser. Dueña de una intensidad incontrolable, de esas que le entregan verdor puro a las plantas, y también las pudren por completo. Me preguntaba por que a alguien le pondrían un nombre tan extraño y hermoso a la vez. Tiempo después lo comprendí....

La conocí, justamente, en medio de una, y a diferencia de todos nosotros, era la única que no llevaba paraguas. Bailaba descalza en la lluvia.  Ella sola estaba empapada, despeinada, embarrada, y aun así era, por lejos, la más hermosa del lugar.

Empecé a tratar con ella, y contra toda lógica, cada vez me parecía más increible e irreal, pese a tenerla cada vez mas cerca. Solía quejarse de no saber si estaba dormida o despierta, porque no difrenciaba entre su vida y sus sueños: eran una unidad, un todo, una sonámbula de sus días. Por las noches supimos concretar lo imposible, encerrar truenos en un dormitorio, entre orgasmos, gotas y destellos. Igual de ingobernables eramos durante las discusiones, casi casi que cada una era un diluvio universal, y sus suspiros huracanes. Pero siempre teniamos nuestro arca cerca.

Poseía la euforia y la magia de una estrella fugaz, y fugaces fueron nuestras andanzas. La lluvia me la había regalado desde el cielo y una noche acuosa se fue para no volver. Amanecí sin ella en mi cama. Fiel a su naturaleza de tormenta que se lleva a todo por delante, me había llevado puesto a mi también.

No
es que yo me haya convertido en tempestad, ni siquiera alcanzo a ser una llovizna de lo que era esa mujer, pero desde que se fue, confieso que siempre llueve un poco adentro mío..."



Instantaneamente, al terminar de leer esa especie de diario de algún amante anónimo, un trueno partió el amargo silencio que había nacido adentro mio y una gota suicida explotó sobre el papel...




martes, agosto 21, 2012



Esto ya no es como en mi memoria. Puedo ver el reflejo de mi cara desfigurada en el charco de sangre y siento que todo a mi alrededor está hecho del material de las pesadillas. Las sillas, las puertas, mi cuerpo, todo. Y se me llena el corazón de preguntas...

¿Cuando fue que mi primavera eterna con él se convirtió en el invierno más oscuro que conocí? Me prometió un jardín de rosas, pero se llevó las flores y me dejó las espinas y el barro. Temo. Cualquier palabra que yo diga puede desatar el incendio. Esa misma boca con la que me sedujo dulcemente y me besó por primera vez, hoy es una catapulta que lanza los peores improperios que una mujer puede escuchar. Caricias mutaron en golpes, piropos en amenazas y mi vida en muerte. El hogar que construimos con tanto cariño y esfuerzo hoy es mi pandemonium.

Hace dos horas que se fue al bar y hace dos horas que estoy en este rincon, abrazandome las rodillas, dolorida, humillada. No puedo moverme y no quiero hacerlo. A mi lado, el retrato de nuestro casamiento hecho pedazos, porque cai sobre él después del forcejeo. Hoy se rompieron hasta mis recuerdos. Lloro.

Jamás pensé que llegaría el momento en el que le temería a su perfume. El aroma que me cautivó hace veinte añós hoy es el aviso de lo peor. Lo huelo y comienzo a temblar. Sentirlo es saber que llega él y su maltrato. Mi romance es mi tragedia, y no creo haber hecho nada para merecerlo. Lo amo con todo mi corazón, y confío en que va a cambiar y va a volver a ser el de antes, el de nuestra inolvidable adolescencia.

El amor siempre dolió, pero nunca tanto como hoy...



lunes, julio 16, 2012


El gorrión tiene hambre.
Divisa un trozo de comida en el suelo.
Desde el árbol, teme, hasta que por fin aletea
 y desciende a buscarlo.

Pero al mínimo ruido, el gorrión vuelve a subir velozmente.
Intenta de nuevo, pero los pasos cercanos lo espantan.
El gorrión vuelve a retroceder.
Insiste varias veces, nunca llega a tragar un mísero pedazo.

La historia de su vida es un resorte.
El arte de ir y venir en vano.
Sus ojos son esclavos de su alrededor.
No ve lo delicioso del botín, sino a la muerte rodeandolo.
Es el instinto gritando miedo.

Las horas pasan, el hambre crece, el ave se cansa.
Desde el árbol el gorrión ve como un perro le arrebata el alimento.
El gorrión se queda sin victorias, aun teniendo alas.
El gorrión muere de hambre.
O de miedo.


miércoles, julio 04, 2012


"Ex: Prefijo autónomo de valor adjetivo que se antepone a sustantivos o adjetivos con referente de persona para significar que dicha persona ha dejado de ser lo que el sustantivo o el adjetivo denotan"




...pero ella seguía anhelando sus labios, tanto o más que cuando los poseía, como esa tormentosa ansiedad minutos antes de que él la besara por primera vez.

Nada de ex, porque él seguía invadiendo sus sueños, era el okupa de su almohada, el torturador impiadoso de Morfeo.


Nunca lo dejó de extrañar, al contrario, esa abstinencia de su ser crecía cada noche como una ola que solo rompe en el infinito. Las lágrimas en sus mejillas, artesanalmente formadas en sus ojos cada vez que pensaba en aquellos días, eran demasiado reales, y de pretérito no tenían absolutamente nada.


Ver su rostro en cada esquina, reflejado en el agua de cada charco, en cada lugar impregnado de su amor no era cosa de calendarios viejos ni de fotos en blanco y negro, sino que lo sufría en cada caminata vespertina, buscándolo en donde siempre estaba y ya no.

Ex suena a culminación, pero en alguna que otra prenda de vestir que había olvidado en su casa, él seguía viviendo, oliendo, vistiendo.


"¿¡Que puede saber este maldito libro sobre lo que me pasa!? Exclamó en grito vestido de llanto, mientras revoleaba por los aires el diccionario en el que había tratado de buscar, impotente, una explicación de su tragedia. Lo de "ex" pareja era solamente una mera broma de mal gusto del lenguaje.



jueves, mayo 24, 2012



Siempre se caracterizó por ser defensor de pobres y derrotados, la voz de los callados. Pero esa tarde, fue más allá. Mientras tomábamos cerveza en el bar de la esquina escuchábamos al viejo Pablo cuestionando, esta vez, a la música, sí, a la mismísima música.

"Las canciones son pequeñas dictaduras" comenzó. Ante tal introducción no pudimos evitar mirarnos y esperar expectantes que era lo que seguía
. Continuó: "Tan unilaterales como la codicia, no dan derecho a réplica jamás a la musa que las parió. En un mundo con tantas verdades como personas, la canción limita, sesga la opinión del citado, dándole entidad solamente a quien la compone y le da voz. ¿Nunca se preguntaron si aquella persona a la que esperaron bajo la lluvia mil horas no tendría un buen motivo para faltar a la cita?. Y si el abandonado de algún bolero triste de desamor quizás se había hecho dejar él mismo por alguna macana que no pudo ser secreta? El villano es siempre el protagonista del tema, precisamente, quien no lo canta, el tapado por las guitarras, el ahogado en las melodías. ¿Y si esa letra que destruye al mentiroso fue escrita por el verdadero mitómano de la historia? Son acusaciones sin pruebas, que hasta pueden llegar a hacer millonario al acusador. Y allí amigos, en el encapsulado e incriticable mundo de la canción radica el éxito y la llegada de la musica a nuestras almas: nos dan poder.

Ya finalizando su particular monólogo y en el medio de nuestra incredulidad remató armonizando: "las canciones a veces silencian", mientras se retiraba del bar con el paso violento de los indignados.

Dicen las malas lenguas del pueblo que Pablo es el protagonista tristemente célebre de una canción de desamor que suena a mujer y que giró varios años en la radio. Una melodía acusadora que le duele cada atardecer de su vida, que lo amordaza, que cuenta la historia inversa de un viejo amor que no pudo ser, pero que todavía en sus pensamientos, es.



miércoles, abril 11, 2012


"En cada barrio, cada pueblo, cada esquina en la ciudad, hay un corazón partido que no para de sangrar..."



Un repiqueteo de pasos retumbando irrumpió mi lectura frente al río. Él bajó rápidamente la escalera pedregosa con el cuerpo rígido y el ceño fruncido. Diez segundos después ella hizo lo mismo pero moqueando y llorando, con la cara roja, persiguiéndolo, gritándole que la esperara. Quizás él ya se había cansado de esperar, esperar a que algo cambiara.

No la miraba. Ella intentaba abrazarlo como temiendo que se le escapara, que se fuera de esa plaza, de su vida, pero sus brazos no eran correspondidos. Él, apoyado en la baranda, buscaba consuelo en el río, en el verde del pasto. Los observaba fijos, mirando nada, como la nada misma que en ese momento le significaba ella, su historia de a dos. La nada que sabía que iba a encontrar, exactamente como la ultima vez que la había perdonado. "Vos no tenes cura" le dijo, y se quedó observando el agua. Lo mío era espiar la situación,
refugiándome en mi libro, disimulando, leyendo algunas historias, mientras contemplaba otra al mismo tiempo, que rimaba con retazos de mi pasado.

Corrían los minutos y la escena era siempre distinta. Él solo, ella sola, los dos juntos, silencios, gritos, como si estuviesen resumiendo frente a mi toda su relación, y sin darse cuenta de que yo los miraba. Al mismo tiempo llegaba a la agridulce conclusión de que los amores, en las plazas nacen y en ellas terminan muriendo. Y yo no tenía nada que hacer en ese funeral.

El libro se cerró y me retiré respirando desamor. Los dejé atrás hablando, quizás intentando recomponer lo destartalado, quizás derrumbándolo del todo, en otro apocalipsis del amor en la ciudad...





martes, septiembre 20, 2011

Con el corazón virgen de amores él la miró a los ojos y se lo suplicó. El banco de aquella plaza era el lugar perfecto para firmar algún contrato imaginario.

La tomó de la mano y de rodillas le pidió encarecidamente que le prometiera fidelidad, sinceridad y amor del puro. No quería sangre, solo cariño, que para sufrir ya estaba el mundo.

Ella lo miró sin mirar, lo oyó sin escuchar y levantando su mano derecha hacia su hombro le respondió: "Te lo prometo, palabra de horror..."

martes, abril 12, 2011



Hubo un día en el que el mar se cansó de ir a favor del viento y se terminó ahogando en si mismo. El aire, al observar tal situación dantesca, se quedó sin respiración, falleciendo al instante.


Ese mismo día el sol se cansó de alumbrar a conocidos y desconocidos y, resignado a no saber lo que era recibir luz, cayó incinerado por su rabioso fuego interior. Inevitablemente, la luna se fue con él, en una explosión de amor-odio en la que se quedó sin el nemesis que constituía el pilar de su vida. Ante tal desconcierto, las estrellas no supieron para donde disparar, y en manada corrieron todas juntas hacia ningún lado; al otro día se supo que el cielo murió atragantado con las tres marías.


Mientras, la naturaleza agonizaba lentamente en depresión, sintiendo, incrédula, como el fruto de sus entrañas la ahorcaba con su cordón umbilical en un cuadro de paradójica tragedia.


Tan solo unas horas después, Julieta incrustaba un puñal en su pecho y una hermosa y vieja carta de amor rompía mi corazón en un millon de pedazos...


domingo, febrero 20, 2011





La esquina es la unión de dos caminos. Y en una esquina él le vomitó su verdad.


La esperó y cuando ella se desocupó, él se ubicó estrategicamente en su camino. Ella quiso ignorarlo pero él le agarró el brazo. El aire era humo en esos días.


Apelando al sangriento acto de la confesión, él arrancó de su interior ese sentimiento aferrado a su corazón, al estilo garrapata, y entre valbuceos y confusiones se sacó ese peso de encima que cargaba hacía meses.


Ella nunca lo miró. El celeste de sus ojos se entremezclaba con lágrimas escondidas escribiendo su carta suicida. Fue cuestión de un par de minutos. Ella entró a su casa sollozando. Él se tomó el colectivo, y emprendía el regreso a su hogar mientras atardecía en la ventanilla y en su corazón.


La esquina es la unión de dos caminos, pero ese día no.