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viernes, mayo 27, 2016



Te creías especial. No eras tan grande después de todo. ¿Que chiquitas se ven las personas desde allá arriba no?


Pero un día cualquiera miraste tu lana y resultó no ser negra, era muy blanca. Tu cielo no era cielo, tu cielo era de suelo y el pedestal era de papel. Saltar no es volar, uno siempre vuelve.

Miraste resignado al espejo. Atinaste a limpiarlo con el puño de tu campera, mas fue en vano. Eras vos, pero también era él, y ella, y todos esos que siempre subestimaste. Se derrumbaron todas tus maravillas.

La garganta áspera de tragarte verdades absolutistas que van a terminar digeridas y en un inodoro. Y como arde el cuerpo mientras observas incrédulo tus golpes y raspones. Apoyas las yemas de los dedos sobre la sangre fresca. Es roja, como la de todos los demás.



viernes, enero 08, 2016



Tengo la costumbre de espiar al mundo a través del fondo de un vaso mientras bebo su contenido. Cuando me encuentro haciendolo se que otra vez estoy sintiendome lejano a todo, como solitario en otra galaxia y entonces el vaso funciona como telescopio. Observo los detalles de los felices a años luz.

Marea alta de whisky directo a mis labios. Cataratas en mi garganta y el mundo a través del vidrio que se ve distorsionado. Aun más distorsionado de lo que es.

Suspiro y libero lugar adentro para volcar mas elixir. Y entonces me hundo cada vez más, y el telescopio se convierte en periscopio. Poco escucho desde la profundidad, la luz casi no llega. El periscopio me dice que allá arriba todo parece seguir igual de bien, sin mi. Soy el capitán de mi naufragio.

Finalmente la caida termina y siento el suelo arenoso. Todo flota y comienza a emerger a la superficie por fuerza natural: las pertenencias de mis bolsillos, mi brújula, las burbujas desesperadas que salen de mi boca. Absolutamente todo asciende, menos mi vaso y yo.

jueves, diciembre 03, 2015



No la conocías pero te habían hablado varias veces de aquella criatura. De su cuerpo cubierto de escamas, de la ferocidad de sus rugidos, de su comportamiento anormal, amoral. Rogaban que te cuidaras de él, que con solo verlo podías sucumbir al más agudo de los pánicos. Entonces siempre trataste de cuidarte, de ser precavido, de cumplir al pie de la letra todas las advertencias.

Pero un día cualquiera lo tuviste en frente tuyo, allí ,en el medio de una turbia oscuridad. Quedaste paralizado e inmovil. Él tampoco se movía. Ambos respiraban agitados. Varios segundos pasaron asi. Lo miraste a los ojos, te entregaste a sus pupilas, pudiste comprender la inmensidad de la tristeza que lo ahogaba y entendiste su imagen roñosa, su dejadez, su desidia. Lograste deducir que las escamas eran por pura protección y traducir esos rugidos no como intentos de espantar, sino como pedidos desesperados: cualquiera se convierte en bestia si insisten con alejarlo de todo una y otra vez, todo monstruo nace del rechazo. Sentiste una mezcla de empatía y compasión. El monstruo bajó la mirada. Nunca atacó.

Entonces te sentiste inverso por enésima vez y preguntaste - ¿Qué pasa si me gustan los monstruos? ¿Que es esta fascinación que estoy comenzando a sentir por ellos? Una vez más las experiencias te torcieron verdades que parecían emplazadas en cemento. Te habían dicho que los monstruos tampoco se reflejaban en los espejos. Te mintieron otra vez.




viernes, octubre 16, 2015



Llega de repente la claustrofobia y caigo en la cuenta de que pasó otra vez. De cuando en cuando el destino se encarga de encerrarme en un frasco. Y esta historia ya la conozco.

El vidrio se empaña de suspiros, todo es difuso, no puedo ver nada claramente, ni escuchar lo que proviene del exterior. La tapa allá arriba está invenciblemente cerrada, me olvido de ver el cielo. La luz del sol me llega apenas tenue y el frío comienza a hacerse costumbre.

La vida sigue transcurriendo allá afuera, pero yo me siento en pausa. Temo terminar igual que aquellos amigos que no sobrevivieron al frasco, y que de tanto llorar alli sucumbieron, ahogándose en su propia marea de lágrimas.

Conozco la fórmula para escapar, la aprendí de la experiencia, pero depende de la paciencia, la fuerza y algo más que aun no logro descifrar. Consta de romper gradualmente con lo hermético, varias patadas diarias. A su vez ir haciendo pequeños agujeros en la tapa, para que puedan colarse los rayos del sol, los sonidos, el aire salvador, y entonces si, juntar fuerzas, renovarse y llegar al maravilloso día en el que uno rompe el vidrio de una brutal patada final: por fin el mundo externo tira más que el interno. Entonces el frasco estalla, y uno se astilla cuando se fuga y sangra un poco, y duele, y el viento vuelve a pegar en la cara, y el mundo vuelve a expandirse inmenso, infinito, precioso.

miércoles, septiembre 23, 2015



Finalmente implementó la regla de los tres segundos de la que tanto le habían hablado. Contó hasta tres, respiró profundo y le dijo todo. Asi, de sopetón. Su corazón dejó de ser un oscuro depósito de verdades estancadas durante meses. Su cara siempre fascinante demostraba sorpresa, aunque no le creyó demasiado. Fueron 5 minutos violentos, o seis años de silencio, nunca lo supo muy bien. Ella lagrimeó. El bajó la mirada. Las cosas no estaban saliendo como esperaba. O si.


Ella se retiró de la escena y empezó la cuenta regresiva más cruel. Su esperanza medía exactamente cien metros, la distancia hasta la otra esquina. Se quedó observándola, pocas veces había estado tan triste. Rogaba que ella se diera vuelta, que corriera hacia él y que sus ojos le gritaran redención, para luego sellar sus destinos en un beso. Los metros pasaban, y ella caminaba, cada vez más despacio, quizás sin darse cuenta, como si los pasos le dolieran. Una especie de suspenso embustero.

Finalmente ella llegó a la esquina y dobló. Nunca giró hacia él y la perdió de vista. Derrotado, se quedó un buen rato en el mismo lugar, inmóvil, insoportable, agotado. Comprendió entonces, que los corazones mas fuertes, más libres, eran a prueba de mirar hacia atrás.


sábado, marzo 14, 2015


Margarita tenia catorce años cuando se casó, y treinta y siete cuando se separó . En el medio tuvo tres hijos. Su marido era uno de los galanes mas buscados del pueblo, todas morían por sus ojos celestiales, pero el moría por Margarita.

Solo unos meses después del casamiento su romance eufórico se transformo en obsesión. y la obsesión es olvidarse del amor. Ella tardó solo un par años en darse cuenta de que no estaba cómoda con la relación, que quizás era muy chica para haber forjado su futuro tan de golpe. Pero cada vez que cobraba valor y se decidía a dejarlo, él aparecía con un revolver, se lo apoyaba en la sien y le advertía: si me dejas me mato. Mas de una vez su hermana la aconsejó - dejalo que apriete el gatillo-

El amor devino en terror y no pudo soportar mas . Una tarde de Diciembre les anuncio a sus padres que se separaría de su esposo. Tenia diecisiete. Su madre rezongó despavorida- ¡No Margarita por dios! ¡Que va a decir la gente del pueblo! ¡Que vergüenza! ¡Si ya es parte de la familia! El matrimonio seguía, y las voces permanecían en silencio, como sus sueños.

Cincuenta años después Margarita mira en la oscuridad de su comedor las fotos en blanco y negro, las acaricia con sus manos ajadas. les saca el polvo. Se ve tan joven en ellas, tan ilusionada. Trata de rearmar esos futuros posibles que se invento y que nunca fueron, los caminos jamas tomados por indecisión, por falta de coraje, o lo que fuese. No volvió a enamorarse. Siempre fue demasiado tarde para todo. Superó algunas depresiones, pero nunca a la peor de las nostalgias: la nostalgia de lo que no existió. Jamas se fue a vivir al mar como tenia pensado hacer cuando finalmente dejó a su marido, pese a todos. Y aquel pueblo maldito que iba a castigarla para siempre con desprecio y horror por sus sentimientos, pecados y decisiones, no recuerda ni un solo segundo de aquella historia de desamor. Entonces Margarita se pregunta en lo profundo de la noche, si ella vivió en ese pueblo realmente, o si el pueblo vivió en ella todos los días de su triste vida perdida.







jueves, febrero 05, 2015

















Dejame solo pero dame un abrazo.
No me hables, necesito un consejo.
La soledad me duele,
pero las palabras me cansan.

Las canciones tristes me calman.
Las canciones alegres me deprimen.
La tristeza se alimenta de tristeza
para finalmente vencerse.
O soportarse.

Hoy la lluvia no me lava las penas.
Hoy la lluvia me inunda el alma.
Es domingo, no tengo nada para hacer
Es domingo, no tengo nada para ser.
Entonces pienso.

Esta insoportable dualidad
me desdobla el dolor.
Otro hermoso trueno estalla arriba, ¿o adentro?.
Hoy llueve con sol
Pero no sale el arco iris.



lunes, agosto 18, 2014



Cuando yo era solo un chico en la secundaria, un triste y solitario adolescente atrapado en la pesadilla de los suburbios escape de drogadictos y princesas de cabellos emplumados, tenía una cara llena de acné, pantalones cortos y ningún status social. El fenómeno número uno con una bala...Los pocos amigos que tuve tenían mas suerte y se mantenían a mi lado porque ellos estaban apenas arriba de mi en cuanto al grado de popularidad.

En un pequeño lugar del mundo llamado Weymouth, Massachusetts, no recuerdo cuando o como pasó, en la radio del carro, la video Jukebox, o quizás en el soundtrack del film "Over the edge". Lo cierto es que ese año escuché a la banda que me metería en su orgulloso círculo de pinheads para siempre. Aislamiento, desesperación, separación, retardación: estos eran los ingredientes de la dieta diaria de Los Ramones. Sus canciones eran crudamente hechas para todos los que alguna vez se hayan sentido como un don nadie. Los Ramones sabían, los Ramones entendían. Los ramones eran. Ellos no solo cantaban sobre ser adolescentes jodidos. Ellos eran adolescentes jodidos, sin importar su edad. Conocidos como "la banda más fea del mundo" fueron un verdadero rayo de esperanza para los absolutamente sin esperanza. Ellos no eran las bonitas y ricas estrellas de rock contandote sobre cuan duro era ser famoso y cantando acerca de todas las mujeres con las que se acostaron.

Cuando los Ramones se juntaron en los 70's, los 70's caian en la ganancia impreviste del terreno de las compañias. Pero había cuatro jinetes en el amanecer del apocalipsis del punk rock. Ellos encarnaban al perdido, frustrado y enojado espiritu de la juventud. Y eran los mas bellos de todos.

Los Ramones fueron la primera banda punk verdadera. Cuando los cuatro de Forest Hills empezaron a tocar juntos en Agosto de 1974, los Sex pistols todavia estaban copiándose en tests de matemática en la secundaria. Ellos tomaron los riffs tradicionales de los 50's de Chuck Berry y Eddie Cochran y los hicieron tres veces más rápido, rechazando las enfermizas dulces letras de su era y convirtiéndolas en tributos a films de horror, oler pegamento y al amor condenado.

Los Ramones eran fenómenos. Su uniforme consistía en jeans rotos, camisetas y chaquetas de cuero mientras otras bandas en el planeta tocaban algo como la complicada "Dust in the wind" o una canción de ocho minutos de duración.

Los Ramones rompieron la barrera de velocidad del tempo: las canciones alcanzando de 1:15 a 2:30 minutos como máximo. No tenían que impresionar a nadie con su tocada musical. Cada canción era una maravilla de tres acordes. No muchas bandas les dieron crédito, pero miles desde Joan Jett a los Guns n roses tocaron canciones increíblemente similares a las de los cuatro hermanos. Ellos ni siquiera tuvieron un solo de guitarra hasta su cuarto disco "Road to ruin". Un típico setlist en vivo de los Ramones de hora y media de duración incluía más de 26 canciones, cada una de ellas tocada más rápido que las versiones grabadas en el estudio. Cuanto más rápido, mejor: vivir tonto, tocar rápido.

Los Ramones hicieron posible el sobrevivir a los suburbios y la ciudad para muchos chicos, corriendo estrepitosamente a lo largo de los salones de la secundaria cantando "I'm a teenage lobotomy". Esto sería mi grito de batalla contra los tontos wannabes, vestidos de ropa de diseñador y zapatillas de marca que esperaban en una larga cola para ser los consumidores de la tierra a feliz del mañana, lamiendo sus labios con el pensamiento de obtener esos deliciosos trabajos corporativos donde tendrían que salir con una "sonrisa" frente a sus caras y decir "gracias", "gracias", "gracias" como el pasaporte de diversión en sus bocas y para empobrecer su no filtrado vómito dentro de sus ya podridos sistemas. Si no les podía dar una paliza, al menos los iba a espantar..

Los Ramones me fortalecieron con una pared de seguridad punk donde podía deambular con la lengua firmemente fuera, orgulloso del título de "fenómeno: con el que mis semejantes tan consideradamente me habían bautizado. Ellos crearon una manto de seguridad de psicosis para sus miles de pupilos.

Los Ramones son los beethovens de mi generación, la "Blank generation". Nadie tiene que guardar un lugar en el cielo del punk rock para los Ramones, los Ramones son dioses punk.

Oh y, por cierto, empecé una banda yo mismo.





Rusty Nails




martes, agosto 05, 2014



Mariano está parado junto al inodoro. Lo observa- si tan solo apretando un botón se fuera toda la mierda...- piensa. Tiene siete mil preguntas y ninguna respuesta. Intenta mirarse al espejo pero se ve difuso y turbio. Nada cambió después de todo. Nublado, siente que viaja en una nube y que ya olvidó la letra de su canción.

Mariano espera sentado al lado del inodoro y repasa su vida entera en segundos. Cuantas derrotas por dios, de todo tipo y color. Tiembla, grita y llora, todo a la vez. Sabe que sus días fueron un paréntesis de la nada. De la soledad a la soledad. La canilla también pierde, y retumba sin parar marcando el compás de la tristeza. Es de madrugada y la mañana cada vez queda más lejana. Será mejor asi.


Ya casi no existen las canciones, ni las glorias, ni amigos ni enemigos, ni él. Uno se acostumbra a todo, menos al dolor. Los ojos se le cierran. Convencido de que los finales también son un comienzo se seca las lágrimas y los mocos. La carta reposa junto a él. Los argumentos se corrieron con la humedad del piso y el vómito, volviéndose bastante inentendibles. Igual ¿que importa? .


Mariano está recostado al pie de su inodoro. Whisky barato y polvo de hadas para el viaje. Mira al techo sin mirar. Grita en silencio. Los mosaicos le contagian el frío. Otra vez el cosquilleo asesino en la panza, pero más fuerte. El reloj se detiene a las cuatro y veintitrés, la hora más oscura antes de que comience el alba. El dolor cesa. Una sonrisa de alivio le nace entre las mejillas, dispuesta a quedarse allí para siempre.


¿Como era eso de despertar?





viernes, julio 11, 2014




Mis caminos cambiaron nuevamente.

Bajo la sombra de ese árbol solitario vivimos los momentos más simples y brillantes de nuestras vidas. Nos conocimos el alma en conversaciones abismales: muchos de los mejores secretos que ambos guardábamos vieron la luz bajo la copa de ese fresno. Pero ya no puedo refugiarme allí, ni del sol recalcitrante de verano, ni de mis problemas cotidianos, como tantas veces supe hacerlo. Cuanto silencio escucho cuando merodeo por ahí. No es como debería ser.

¿Y la esquina? Era nuestro punto de reunión, nuestra pista de despegue diaria. Sabía cada uno de los detalles de esa esquina, la cantidad de plantas exactas que adornaban el balcón de la casa de enfrente, la época en que cada una de ellas florecía, el tallado de cada maceta, el color de las cortinas según la estación. Terminé memorizando todo mientras te esperaba pero ya no recuerdo nada. Giro la cabeza cuando paso. No quiero verla.

Pecaré de vandalismo, pero prometo quemar ese par de hamacas.Y si de vándalos hablamos cito al olvido, que brutales palizas me está dando. De hecho también enrejaría toda la plaza, minuciosa y herméticamente, para que no se escape ningún recuerdo que pueda estrellarse en mi alma. Y que me perdonen madres y chicos.

Mi proceso de desarme siguió sin parar: ya tapé dos o tres graffitis con aerosol negro. Nuestros nombres tatuados en paredes se convirtieron en mamarrachos, cicatrices de paredón que se encargaban de germinar mis depresiones amorosas. Ah, también clausure en mi mente ese bar de mil borracheras compartidas. Para mi ya no existe. Duele tanto que debería ser ilegal. Y asi lo dictaminé.

Convertimos todos y cada uno de esos sitios en lugares gananciales. Los conquistamos, plantamos bandera y los hicimos especiales: eran nuestra propiedad privada, nuestra pequeña república de amor. Pero todo terminó, y tuve que anular media ciudad, porque todo me recuerda a vos. Esos rincones serán nuestros o no serán nada. Y ya no quiero volver a verlos si no es con vos. Sobro. Me quedan grandes.





domingo, marzo 23, 2014


que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.


Eduardo Galeano.




martes, febrero 18, 2014




El devenir de las tragedias personales es el mejor asesino del tiempo. El mundo sigue su baile frenético, pero para uno el tiempo se detiene por completo.

El reloj de la pared yace congelado. El de mi muñeca se estancó también justo a la hora de la triste noticia, desmayado quizás por lo esquizofrénico de mis pulsaciones. El televisor sigue ahi, de fondo, contabilizando muertes, robos y accidentes, como cada día. Los vecinos van y vienen de sus trabajos, para seguir dándole vida a la rutina. Todo continua igual, excepto por uno mismo, que se queda estático, atrapado en esa mirada que se fue y ya no volverá.

El desfasaje aturde, al igual que el silencio imperante. Los ojos arden. No existen el hambre ni el sueño. Se respira profundo y en cámara lenta. Los movimientos más bruscos que ejerce el cuerpo son los suspiros. Se piensa en todo y nada a la vez mientras la habitación gira alrededor de uno. El día se torna eterno y esa eternidad que tantas veces sonó hermosa en las promesas, hoy es indeseable y dolorosa. No se de que color está el cielo afuera, hoy no entiendo de amaneceres ni anocheceres. La amargura se traga, incluso, hasta las cosas más bellas de la vida.

Alguien apoya una mano en mi hombro y me consuela -todo pasa-. Sonrío complaciente, haciendo un enorme esfuerzo para agradecer la intención. Se perfectamente que todo pasa. El problema es el mientras tanto.




martes, marzo 12, 2013

NO.



No entendía como una persona tan bella le estaba diciendo algo tan horrible: no. Dos letras miserables y destructivas. En ese "No" nada cabía, ni el millar de abrazos que le tenía preparados, ni las historias por vivir a la par, ni cada una de sus noches de tristeza oceánica anteriores a ese momento. Esa letra "o" funcionó como un agujero negro que se tragó absolutamente todas sus ilusiones, sus sueños, sus esperanzas ; y aun así, llena y gorda de fantasías, seguía sonando inerte. Bajo la sombra de aquel árbol, vivió el segundo más sombrío de su vida.

Ese No como lagrimal, como aire que sobra en el suspiro, como el perfecto trazo de un amor asintótico. Un No que lo condenó a la ignorancia de sus besos para siempre.

Y esa eterna espera ortográfica con deseos de un Si como punto y seguido, o un Tal vez como puntos suspensivos, derivó en sueños molidos que salieron de su boca con forma de punto y aparte. Final.

Rezaba por un si disfrazado, encubierto, histérico al menos, pero...no.





martes, febrero 19, 2013



Fueron días y noches de tristeza violenta, y el huracán en el alma comenzaba a notarsele por fuera. Su catarsis era suspirar: constituía su único intento de salir a flote: "suspirando se expulsa de a poquito el dolor" respondía convencida cuando le preguntaban cómo estaba. Y así pasaba las horas, exhalando angustias.

Pero aquella ausencia que le carcomía el ánimo, estaba cada vez más presente. Y un día cualquiera, quizás trágico, quizás medicinal, de tanto suspirar se volvió viento.




jueves, noviembre 22, 2012


Camilo puede aunque no pueda. Ahí está volviendo al barrio una vez más. Comparte unos mates con su mamá, y después se convierte por un rato en goleador en el potrero de la villa. Toma una cerveza helada desafiando al sol asesino, mientras el aire fresco le acaricia el rostro. Cierra los ojos y disfruta.

Camina lento por las veredas despedazadas mientras recorre las calles que lo vieron crecer, perder y caer. Pasa por la casa de su primer amor, mira de reojo y suspira uno o dos recuerdos. Esquiva la esquina sangrienta en la que vio a su mejor amigo por ultima vez, abatido, la esquina que lo obligó a dejar el barrio.

Mira hacia arriba y se percata de lo sublime y precioso que puede ser el cielo, y de que casi nunca nos detenemos a mirarlo. Envidia a dos gorriones que vuelan sobre él, sonrie y sigue su camino, pensando en que el mundo está lleno de detalles hermosos.

Y el lápiz de Camilo continua bailando sobre la hoja, pese a la oscuridad, pese a los barrotes. La puerta sigue cerrada, como siempre, pero nadie sabe que adentro de ese cuaderno de poesías nacientes él esconde un par de alas que lo llevan siempre que lo desea, a su barrio, su lugar.




lunes, septiembre 10, 2012



Esa caminata vespertina no había sido igual a todas las demás. El recorrido era siempre el mismo, pero aquella tarde me topé con una escena extraña que llamó poderosamente mi atención. Apoyado contra un árbol, con su punta clavandose en la tierra, yacía un paraguas bastante deteriorado, con agujeros por todos lados. Hasta ahi algo normal, un trasto, chatarra. Pero lo inusual era que de su interior brotaba un papel que se movía con el viento frío. Noté que estaba escrito y no pude resistirme a tomarlo y leerlo. Decía algo así:

"Su nombre era Tormenta y era hija del caos. Era una máquina de vivir, no tenía anécdotas, tenía desastres. Jamás cumplió ordenes, ni años: era mas preciada y más preciosa que la mismísima juventud.
 
Se llamaba Tormenta, y lo era por dentro y por fuera: rabia y belleza se conjugaban en su ser. Dueña de una intensidad incontrolable, de esas que le entregan verdor puro a las plantas, y también las pudren por completo. Me preguntaba por que a alguien le pondrían un nombre tan extraño y hermoso a la vez. Tiempo después lo comprendí....

La conocí, justamente, en medio de una, y a diferencia de todos nosotros, era la única que no llevaba paraguas. Bailaba descalza en la lluvia.  Ella sola estaba empapada, despeinada, embarrada, y aun así era, por lejos, la más hermosa del lugar.

Empecé a tratar con ella, y contra toda lógica, cada vez me parecía más increible e irreal, pese a tenerla cada vez mas cerca. Solía quejarse de no saber si estaba dormida o despierta, porque no difrenciaba entre su vida y sus sueños: eran una unidad, un todo, una sonámbula de sus días. Por las noches supimos concretar lo imposible, encerrar truenos en un dormitorio, entre orgasmos, gotas y destellos. Igual de ingobernables eramos durante las discusiones, casi casi que cada una era un diluvio universal, y sus suspiros huracanes. Pero siempre teniamos nuestro arca cerca.

Poseía la euforia y la magia de una estrella fugaz, y fugaces fueron nuestras andanzas. La lluvia me la había regalado desde el cielo y una noche acuosa se fue para no volver. Amanecí sin ella en mi cama. Fiel a su naturaleza de tormenta que se lleva a todo por delante, me había llevado puesto a mi también.

No
es que yo me haya convertido en tempestad, ni siquiera alcanzo a ser una llovizna de lo que era esa mujer, pero desde que se fue, confieso que siempre llueve un poco adentro mío..."



Instantaneamente, al terminar de leer esa especie de diario de algún amante anónimo, un trueno partió el amargo silencio que había nacido adentro mio y una gota suicida explotó sobre el papel...




lunes, julio 16, 2012


El gorrión tiene hambre.
Divisa un trozo de comida en el suelo.
Desde el árbol, teme, hasta que por fin aletea
 y desciende a buscarlo.

Pero al mínimo ruido, el gorrión vuelve a subir velozmente.
Intenta de nuevo, pero los pasos cercanos lo espantan.
El gorrión vuelve a retroceder.
Insiste varias veces, nunca llega a tragar un mísero pedazo.

La historia de su vida es un resorte.
El arte de ir y venir en vano.
Sus ojos son esclavos de su alrededor.
No ve lo delicioso del botín, sino a la muerte rodeandolo.
Es el instinto gritando miedo.

Las horas pasan, el hambre crece, el ave se cansa.
Desde el árbol el gorrión ve como un perro le arrebata el alimento.
El gorrión se queda sin victorias, aun teniendo alas.
El gorrión muere de hambre.
O de miedo.


miércoles, junio 13, 2012




















Recién salidos del horno están sus sueños

todavía puede sentir el ardor en su cuerpo.
La mañana es cuna de sus oníricos aturdimientos,
como si la realidad le quedara chica,
como si fuese anti-natural estar despierto.

Quizás ella nunca se fue de su cama.

Tal vez se esconde por las noches bajo el colchón.
Para contemplarlo mientras duerme
y susurrarle futuros al oído.

Inevitable se pregunta: ¿será esto en realidad un sueño?

¿o mas bien un sueño hecho realidad?
Porque sus ojos mirándome son tan reales,
porque su estremecimento es tan concreto,
sus confusiones tan certeras.

Y al despertar desayuna paradojas, sonríe y sufre.

Por volver a sentirla pese a su atroz ausencia.
Porque abrir los ojos es anunciar el fin de su mirada.
Porque mientras amanece afuera anochece bien adentro.