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lunes, junio 06, 2016



La Jungla de Santa Julia es un lugar complicado desde que se entra hasta que finalmente se logra salir de allí. Uno no sabe muy bien como es que llega, ni cuanto va a tardar en salir ¿Se sale? ¿Se escapa?.

Sus aires de nocturnidad dan la sensación de encontrarse en una noche eterna. Debido a la tupida vegetación que alli nace y crece no puede verse el cielo. Rara vez un rayo rebelde de sol logra vencer a las copas de los arboles. Santa Julia es un lugar muy frío, y gran parte se debe precisamente a esa falta de sol.

Hay quienes dicen que una vez inmerso en esta selva de peligros constantes uno no vive, sobrevive. Peligro de morir de frío, por depredadores, por resignación, por cansancio. Este sitio no es la excepción: acá tambien rige la ley de la selva.

La leyenda cuenta que vista desde las nubes, la jungla está llena de pequeños puntos brillosos. Son fogatas desparramadas por toda su existencia. Alrededor del fuego uno puede encontrarse con un solitario perdido, o con varias personas compartiendolo. Son las unicas esperanzas para poder continuar. Pequeños soplos de luz y calor en lo mortífero de la oscuridad. Arden las llamas como refugios que provocan la amnesia del alivio: por un momento uno olvida que se encuentra en un lugar tan hostil. ¿Por que están allí? ¿De donde salieron?  A veces, con paciencia, troncos y callos en las manos uno puede darles vida. Otras veces simplemente aparecen.

Pero existe una tercera opción. La temida. La que no tiene respuesta. ¿Cuanto duraran ardiendo? ¿Que sucederá si se apagan?, o, quizás, la duda más peligrosa: ¿Y que si uno recorre cada kilometro de jungla y jamas encuentra el fuego?




miércoles, marzo 09, 2016




No recuerdo a que edad empecé a ser consciente de que estaba allí. Mis primeras imágenes de él son confusas, pero de lo que estoy seguro es que lo veía a lo lejos y desde abajo, muy chiquito.

Con los años fui creciendo, y él también, cuestión de cercanía y perspectiva. La cosa no me importaba demasiado hasta que pude divisar como la gente iba cayendo por ese precipicio. Conocidos y desconocidos desfilaban por ese maldito acantilado, y si dentro mío vivía algo de miedo, ahora se había convertido en terror.

Pasé mi adolescencia entera y parte de mi juventud tratando de buscar una manera totalmente creativa de no llegar a esa muerte dolorosa y estúpida, en cierto modo para evitarsela también a todo ser que estuviera cerca. Me desvié por mil caminos, pero todos desembocaban en uno solo que culminaba directamente en los últimos centímetros del peñasco.

La leyenda cuenta que existe un sendero, escondido, pedregoso, mediante el cual uno puede lograr no terminar echo papilla y escapar quien sabe hacia donde para salvarse, pero es dificilisimo encontrarlo. Mi búsqueda continuó.

Pánico. Puedo contemplar el abismo, su inmensidad mortal. Llegué al momento crítico en el que lo tengo a centímetros, la hora de la decisión más importante de mi vida. Tantos años contemplándolo desde la lejanía, evitando llegar al fatídico punto en el que me encuentro. Puedo detallar cada una de sus rajaduras, la forma de cada piedra que allí vive. Oler el hedor a fallecidos, oir el eco de la desolación. Intento idearme urgentemente el camino salvador, ese del que tanto me hablaron.

Un viento muy fuerte me pega en la cara. Se  mete por mi  boca, la seca por el grito. Los ojos me lagrimean al punto de no poder abrirlos. Un zumbido grueso en los oídos. No se si estoy de pie o de cabeza.




viernes, enero 08, 2016



Tengo la costumbre de espiar al mundo a través del fondo de un vaso mientras bebo su contenido. Cuando me encuentro haciendolo se que otra vez estoy sintiendome lejano a todo, como solitario en otra galaxia y entonces el vaso funciona como telescopio. Observo los detalles de los felices a años luz.

Marea alta de whisky directo a mis labios. Cataratas en mi garganta y el mundo a través del vidrio que se ve distorsionado. Aun más distorsionado de lo que es.

Suspiro y libero lugar adentro para volcar mas elixir. Y entonces me hundo cada vez más, y el telescopio se convierte en periscopio. Poco escucho desde la profundidad, la luz casi no llega. El periscopio me dice que allá arriba todo parece seguir igual de bien, sin mi. Soy el capitán de mi naufragio.

Finalmente la caida termina y siento el suelo arenoso. Todo flota y comienza a emerger a la superficie por fuerza natural: las pertenencias de mis bolsillos, mi brújula, las burbujas desesperadas que salen de mi boca. Absolutamente todo asciende, menos mi vaso y yo.

viernes, diciembre 25, 2015




LUNES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MARTES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MIERCOLES

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


Podría continuar este texto, pero usted ya sabe lo que viene. Prefiero no seguirlo, que para aburrirse usted ya tiene su propia rutina.




jueves, agosto 13, 2015




Todo sucedió despacio y gradualmente. Soñaba con volar alto, muy alto, pero me encontré con que el suelo se convirtió en mi hábitat natural. Tenía la desesperante sensación de que todo alrededor se volvía inmenso: las casas, los edificios, los autos, las personas. Pude notar, sin embargo, que todo aquello se mantenía igual e invariable, pues el único que cambiaba era yo. No paraba de menguar.

El tiempo pasaba y yo sentía como me encogía, me arrugaba lentamente como lo hacen los papeles devorados por el fuego. Ardía por dentro de impotencia y todo me costaba cada vez mas. La gente no me escuchaba allá arriba, no llegaba a pisar el acelerador de mi automovil, ni siquiera podía abrir las puertas, los picaportes se habían tornado inalcanzables.

Me fui volviendo cada vez mas frágil y sensible. Mis oídos no soportaban los ruidos, todo me quedaba lejos: las distancias se me tornaron imposibles. Y me seguía achicando. Las personas ya no me veían, no notaban mi presencia y tenia que esquivar sus pisadas: el mundo me quedó grande y se volvió un lugar hostil, el inexorable destino de mi alma casi ausente era terminar pegado y destripado en la suela de un zapato.

Y me fui quedando solo. Solo y pequeño, cada vez más lejos del sol. Ya nada estaba a mi alcance. Pude conocer bien de cerca la soledad de la marginacion, el hediondo fracaso de quedar obsoleto, y mis días y noches continúan así, esperando con una mezcla de miedo y ansiedad esta cuenta regresiva de los centímetros de mi existencia que tienden, inevitablemente, a la serenidad del cero.





martes, abril 21, 2015


Azoté la puerta con rabia explosiva y me fui. Solo duré treinta segundos caminando. Me nacieron unas incontrolables ganas de correr. Mientras mas quieto tenía el cuerpo, peor era, estaba horriblemente nervioso. Asi que corrí. Corrí cada vez más rápido. Apretando los dientes. Corrí con la angustia como motor. Y lloriqueaba mientras huía. De vez en cuando gritaba. Era extraño, el cansancio físico nunca llegó. No sentía el cuerpo, solo la tristeza y la adrenalina del escape. Corrí por horas, días, meses, quizás años. El viento me secaba las lágrimas. Calmaba mi sed tomando del vaso que había rebalsado.

No tenía idea de hacia donde me dirigía. No seguí indicaciones, mapas ni carteles. Solo corrí. Corrí hasta el fin. El fin de algo, de alguien, no se. Florecían ampollas en mis pies. Marchaba roto: las zapatillas, la ropa, el presente. La gente me miraba raro. No me cambiaba en nada. En realidad, la gente siempre me miró raro. Eché un vistazo hacia mi costado, dejé de concentrarme en el escape en si mismo para revisar donde estaba parado. El paisaje anónimo que me rodeaba era distinto. Los árboles habían aumentado su cuantía. El viento y la hierba olían de otra manera. Los rostros eran nuevos y desconocidos. Sentí un poco de miedo, y mucha incertidumbre. Pude percibir a mi agonía agonizando. Después de no se cuanto tiempo, por fin me detuve.

Tomé aire, volví a mirar a mi alrededor. Me pregunté: ¿y ahora que?. Era la pregunta que había estado buscando sin saberlo, el sentimiento de por fin haber apagado mis infiernos. Ya no había nada, estaba en blanco, casi como nuevo, y eso significaba un principio, otro principio. Estamos llenos de principios.  Y entonces, en vez de comenzar a correr de nuevo, caminé, muy despacio, lento, casi paseando, observándolo todo, tocándolo todo, oliéndolo todo, calmo pero hambriento, como quien no para de buscar la novedad.




jueves, febrero 12, 2015



Hay quienes dicen que la vida es simplemente caminar, aventurarse a la travesía de caminar hasta finalmente encontrar el lugar al que uno pertenece. Y vaya si caminé. Lo hice durante años, en una búsqueda interna y eterna exhaustiva que me dejó varios moretones y callos en los pies. Aquella mañana me detuve en un bosque a tomar aire fresco. Sentí algo adentro mio, el eco de una adrenalina intentándome decir algo. Quizás estaba en el lugar adecuado, nunca había experimentado una sensación así. Terminé haciéndome de una cabaña y allí me quedé. Vivía en una casita de ensueño, rodeado de árboles y naturaleza exótica, alejado de la gente y su incesante andar al compás de la violencia. Notaba que habíamos llegado al punto de que hasta el paso del ser humano era brusco, atolondrado, de una violencia perturbadora. Y yo no quería ser parte de esto.

La verdad es que estaba muy cómodo ahí. No salía demasiado, a pesar de que a unos treinta minutos a pie había un pueblito con mucha fama de pintoresco. De hecho, también tenía el mar a un par de kilómetros, pero jamás iba, no lo necesitaba: uno necesita al mar cuando busca explicaciones y yo sentía en ese lugar que mi alma descansaba en calma, por fin.

Nuevo lugar, nuevas historias. Un pueblerino me relató la leyenda de las sirenas. Contaba con total convicción que ese sitio era zona de sirenas. Generaciones enteras explicaron y aun explican que todos los jueves por la noche las sirenas se acercan a la costa y emiten un canto mágico, casi hipnótico que atrae a todo aquel que lo escuche, sea hombre o mujer, joven o adulto, rico o pobre. Una vez allí, las sirenas cantan y bailan y se entregan a todo tipo de placer nocturno con todos aquellos que acuden a la fiesta, sin limites ni restricción alguna. Francamente nunca creí en ese tipo de historias, pero si debo confesar que los jueves al anochecer, cuando el silencio se adueñaba del bosque, podía percibir un sonido extraño y lejano que no lograba definir, pero allí estaba, siempre, en ese momento puntual de la semana. Al principio lo ignoré, pero la curiosidad se acrecentaba con el pasar de los días. ¿Y si realmente allí estaban las sirenas? Para colmo, y con el solo fin de derrocar mi escepticismo, el sonido provenía del oeste. El mar quedaba hacia el oeste, a unos dos kilómetros.

Aquel jueves inolvidable me pudo la incertidumbre, y apenas percibí el sonido caminé hacia allí. Atravesé arbustos, lianas, nubes de mosquitos y tomé un pequeño sendero bastante borroso que me dirigió directo a los primeros metros arenosos. Corrí algunas hojas enormes de vaya a saber que planta y allí estaba la playa en un paisaje de extraordinaria nocturnidad, plagada de mujeres cincuenta por ciento pez. Se me moría cualquier tipo de mitología, pensé que era un sueño, o una pesadilla, pero no. Pude contar alrededor de 80, chapoteando con sus senos al aire, cantando y bailando en un frenesí acuático y carnal incontrolable, entre ellas y con los pobladores. Sentí el mas bello de los infiernos en el cuerpo al escuchar esas voces dulces y casi celestiales que me llamaban en cada nota. Corrí y mientras lo hacía me desnudaba, trastabillando un par de veces pero sin caer ni disminuir la marcha. Me metí al agua, estaba casi templada. Inmediatamente se acercaron tres de ellas. me rodearon, me rozaron, me besaron, buceaban a mi alrededor, por entre mis piernas. La medianoche me encontró en un festín que me propinó la espectacular experiencia de conocer nuevos placeres inhóspitos en mi conciencia. Y ya no pude parar.

Todos los jueves al anochecer partía hacia mi nuevo limbo. Nunca podía recordar mucho de lo que pasaba durante esas noches alocadas, pero de lo que si estaba seguro era de la euforia y goce que se adueñaban de mi mientras me encontraba ahí. Solo eso tenía presente, lo demás era un caótico conjunto de olas pegándome en la cara, oscuridad, risas, frenesí borroso y escasos rayos de luna llena alumbrando parcialmente algunas caras. Las mañanas de viernes eran mi tragedia. Aparecía tirado en la playa, revocado en arena, con dolor de cabeza, sueño, sangre y la existencia pesándome en los hombros.¿Que viene después de la euforia? Los demás días dejaron de existir para mi, solo esperaba los jueves: mis semanas, meses y años solo tenían jueves. Lo demás era soportar. De hecho abandoné mi cabaña y me mudé a una pequeña casa costera, todo para estar mas cerca de esas diosas acuosas y llegar mas temprano a la orgía de mis sentimientos. Definitivamente este era mi lugar.

Nada podía detenerme. Pasé largas temporadas así. A lo último eran más intensas las crisis y el vacío de los viernes, que el propio disfrute de sirenas y mar. Sentía como la vida se me acortaba, mientras solo vivía esperando: estaba derrochando mis días. Mi cuerpo ya no respondía como antes, me sentía pesado, cansado, totalmente desganado y monótono. No tenía otros sueños y ambiciones, solo jueves. Las sirenas no estaban allí un lunes para apaciguar mis tristezas, o un miércoles para compartir una alegría. El mar estaba vacío seis días por semana. Algo me detonó: a que punto horrendo de tristeza había llegado si hasta el mar había perdido su belleza.

 Un atardecer oí su canto eterno otra vez pero simplemente no quise ir. Las voces encantadas aumentaban el volumen, casi como si fuera a propósito. Dudé algunas veces, me resistí como pude. Volví a sentarme. Agarré un libro para distraerme. Sentía como me temblaba el cuerpo, como me pedía el rugido del mar, el calor de sus pieles escamosas. En un impulso incontrolable me paré y abrí la puerta. El coro celestial se escuchaba más fuerte que nunca. Caminé cada vez más rápido, corrí desesperadamente. Finalmente llegué a mi destino: allí estaba mi vieja cabaña del bosque, idéntica a como la había dejado, pero mucho mas reluciente y acogedora, como si tuviese un aura especial, algo que la hacía mas bella de lo que era. Quizás tenía que alejarme de ella para descubrir verdaderamente la totalidad de sus virtudes, y por fin, volver y disfrutarla en plenitud.  Lo primero que hice fue sentarme en mi viejo sillón de madera. Puse mi canción preferida para tapar aquellas voces infernales y quedarme tranquilo. Cuando la melodía terminó, no volví a escuchar el canto de las sirenas. Nunca más.





jueves, febrero 05, 2015

















Dejame solo pero dame un abrazo.
No me hables, necesito un consejo.
La soledad me duele,
pero las palabras me cansan.

Las canciones tristes me calman.
Las canciones alegres me deprimen.
La tristeza se alimenta de tristeza
para finalmente vencerse.
O soportarse.

Hoy la lluvia no me lava las penas.
Hoy la lluvia me inunda el alma.
Es domingo, no tengo nada para hacer
Es domingo, no tengo nada para ser.
Entonces pienso.

Esta insoportable dualidad
me desdobla el dolor.
Otro hermoso trueno estalla arriba, ¿o adentro?.
Hoy llueve con sol
Pero no sale el arco iris.



domingo, mayo 04, 2014


¿Y si nos estamos censurando?

Claro que quema. No hay infidelidad más dolorosa que la infidelidad a uno mismo. Es el error esencial, el pensamiento terminal, es (di)simular en vez de vivir.

Queres escapar por tu boca, por tu ropa, por tus gestos. Intentas la huida en cada movimiento. Pero todos esos pares de ojos no te dejan, te chocás contra tu piel y las canciones alegres se te mueren adentro. Esas lenguas parlanchinas te rompen la paz, son el encierro más penoso. Y tus oidos tienen la culpa, también.

No lo recordás. Olvidaste lo que nadie te enseñó. ¿Te acordas? Tu vida es tuya. Por favor, no te conviertas en eso, que no hay ser más desventurado que el que quiere encerrar a la libertad. Y ahi adentro tenés el circo más triste de todos, con el corazón derrotado observando todo desde el palco.

Y escondés el intento de fuga, con la minuciosidad de un preso cavando el túnel para llegar el cielo que lo espera. Pero el cielo no puede esperar. Entonces unos pocos, los más observadores y amorosos te descubren el escape en los ojos, que se te escurre casi en cuentagotas como un brillo opaco, y con una sonrisa cómplice te apuran, te muestran el camino. El otro. El del cartel en la esquina con tu nombre borroneado. El pantanoso, el de barro, que se termina secando, después de tantos días de sol. Y entonces, ya no pesa tanto caminar.




martes, febrero 18, 2014




El devenir de las tragedias personales es el mejor asesino del tiempo. El mundo sigue su baile frenético, pero para uno el tiempo se detiene por completo.

El reloj de la pared yace congelado. El de mi muñeca se estancó también justo a la hora de la triste noticia, desmayado quizás por lo esquizofrénico de mis pulsaciones. El televisor sigue ahi, de fondo, contabilizando muertes, robos y accidentes, como cada día. Los vecinos van y vienen de sus trabajos, para seguir dándole vida a la rutina. Todo continua igual, excepto por uno mismo, que se queda estático, atrapado en esa mirada que se fue y ya no volverá.

El desfasaje aturde, al igual que el silencio imperante. Los ojos arden. No existen el hambre ni el sueño. Se respira profundo y en cámara lenta. Los movimientos más bruscos que ejerce el cuerpo son los suspiros. Se piensa en todo y nada a la vez mientras la habitación gira alrededor de uno. El día se torna eterno y esa eternidad que tantas veces sonó hermosa en las promesas, hoy es indeseable y dolorosa. No se de que color está el cielo afuera, hoy no entiendo de amaneceres ni anocheceres. La amargura se traga, incluso, hasta las cosas más bellas de la vida.

Alguien apoya una mano en mi hombro y me consuela -todo pasa-. Sonrío complaciente, haciendo un enorme esfuerzo para agradecer la intención. Se perfectamente que todo pasa. El problema es el mientras tanto.




jueves, abril 19, 2012


"La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?"



La casa nuevamente en estado de ebullición. Gritos iracundos y desgarrados conforman las triste banda sonora diaria. Otra vez el debate familiar. Otra vez el conflicto como ritual.

Fabricio ya no sabía que palabras utilizar para justificarse, para explicarle que no era ningún pecado vivir de forma diferente, pero su madre parecía estar a años luz de entenderlo y seguía con sus acusaciones: "que la música", "que la guitarrita", "que la remera rota", "que el pantalón gastado", "que la mala junta". Era demasiado complicado hacerle comprender el concepto de libertad a aquel que no estaba ni cerca de sentirlo.

La resignación del joven se vistió de silencio y ayudó a convertir la discusión en un monólogo de su progenitora. Fabricio solo atinó a abrir la puerta para irse y escaparse de la situación. Mamá remató: "¡sos un desastre andante!, ¿cuando vas a vestirte y comportarte como la gente?" Del otro lado de la puerta entreabierta se escuchó una respuesta angustiada pero convencida, como la indignación del incomprendido: "yo también soy gente"...



jueves, agosto 11, 2011




















Coloreando el alma, encerrado en prisiones sin rejas
edulcoro mis sentidos entre melodías y poesías.
Co-construyo mundos ideales, utopías a la luz del sol.
Y entre libros y películas me transformo en verano.

La dulce celda queda atrás pero quedo cautivo nuevamente.
Lo gélido de las leyes me endurece.
Lo asesino de los números me debilita.
Y entre garrotes soy nieve de junio.

Y mientras las utilidades se me vuelven inútiles
y en los beneficios veo corazones en bancarrota
corro buscando sol, volviendo a quedar en el medio
alimentando el ciclo de la tibieza.


lunes, julio 25, 2011



Nacido para ser verano o invierno, terminó siendo una tibia primavera.

No levanta tierra yendo por el costado del camino, pero tampoco pisa las líneas blancas.

Se durmió en los laureles, y ahora ni sus sueños son realidad, ni su realidad es de ensueño. Tan solo respira.

Quiso robarse la luna o el sol, pero la epopeya terminó en fiasco cuando solo pudo atrapar una nube que se le desvaneció entre las manos.

No fue río, no fue mar, ni siquiera fue gota de lluvia que se agiganta en el oficio de ser lago, tan solo fue charco, pisoteado, evaporado.

Se debate entre atardecer y amanecer, resignado a no poder ser ni noche ni día; y maldice el momento en el que nació solo con un ala. Incompleto, imperfecto, im.

Y entre tropezones y voces filosas al viento provenientes de la nada, se le destartaló el asunto y el medio se le transformó en miedo...

sábado, diciembre 25, 2010


[...] Pero por alguna razón, hermanos míos, me senti enormemente aburrido y algo desesperado, y esos días me había sentido asi a menudo.Tampoco sabía que quería. Incluso la música que me gustaba slusar en mi malenca guarida era la que antes me hubiera hecho smecar, hermanos. Slusaba mas malencas canciones románticas, solo una golosa y un piano, muy tranquilas y tiernas, muy diferente de cuando todo eran bolches orquestas y yo me tumbaba en la cama entre violines, trombones y timbales. Algo estaba ocurriendo en mi interior..Comprendí lo que estaba sucediendo, oh hermanos mios. ESTABA CRECIENDO.[..]Si si si, eso era. La juventud tiene que pasar, ah si. Pero en cierto modo, ser joven es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal, sino uno de esos muñecos malencos que venden en las calles, pequeños chelovecos de hojalata con un resorte dentro y una llave para darle cuerdas desde afuera, y le das cuerda grr grr grr, y ellos itean como si caminaran, oh hermanos míos. Pero itean en línea recta y tropiezan contra las cosas bang bang y NO PUEDEN EVITAR HACER LO QUE HACEN. Ser joven es ser como una de esas malencas maquinas....



Fragmento de "la naranja mecánica". El libro que siempre tiene respuestas a mi vida...

lunes, diciembre 28, 2009



Le dijeron que era un egoista, cuando en realidad él se fue porque veía al mundo padecer (y él padecía al mundo)


Lo acusaron de no pensar en los demás, cuando los demás eran su pensamiento principal..


Lo trataron de cobarde, y sin embargo se animó a hacer lo que todos piensan y muy pocos se animan a llevar adelante...


Pensaron en el sufrimiento que le habría deparado esa decisión, pero nunca se percataron de su eterna congoja anterior...


Lo trataron de enfermo mental, cuando en realidad se caracterizaba por una lucidez extrema, que le permitió ver las cosas como eran realmente...



El incomprendido se fue...y mas incomprendido que nunca....






lunes, noviembre 16, 2009


EL INTRUSO

...Y en mi hombros, el peso de este mundo, al cual veo vomitando, sumergido en la mas vasta de las agonias. Y a cada hora que pasa, cada día que se come la noche, todo a mi alrededor se desmorona.


Soy victima de mi entorno. Soy victimario de nuestro entorno. Soy victima y autor de mis propios crimenes.

La decepción se coronó princesa, y espera expectante su trono. El reino de la confianza está pronto a ser conquistado y ya no hay nada que hacerle. Otra vez los menos son aplastados, otra vez los más, ganan sin proponerselo..

Soy el ateo de mis propios sueños. Los lazos de los que alguna vez me aferré durante caídas casi eternas, hoy me estrangulan sin aviso y sin piedad. Las visiones que alguna vez tuve son mariposas a las que algún inepto le tocó las alas, y ya no pueden volar. Todo aquello en lo que deposité mis fuerzas, mi fe y mi corazón, terminó desplomandose, levantando una nube de polvo que no me deja ver más allá, me ciega totalmente. Lo que la vida escribe para enseñarme, lo borra con el codo..(y lo escupe, por las dudas que aún se entienda algo)

Las manos que tiempo atrás me palmearon, hoy me quiebran la espina dorsal vestidas color extinción. Querer y no poder, pensar y no poder, desear y no poder. Mi asesino es el tiempo, y la daga es una cuenta regresiva hacia el peor lugar, hacia mi peor expresión..


Amores y afectos de hielo bajo mi volcán. Nubes de confusión y mas y mas estrellas que van falleciendo..


Caminar se vuelve cada vez mas pesado con el mundo en mis hombros, con mi mundo en mi mente...

viernes, noviembre 06, 2009



EL ATAQUE DE LOS SENTIDOS



Los cinco sentidos son los encargados de comunicarme que estoy encerrado en una especie de infierno terrenal.

Tengo los ojos mas abiertos que nunca, y sin embargo reina una oscuridad tan espesa como mi sangre.

Recurro a mis oídos, pero solamente suena el chillido de una alarma cuyo accionar se asemeja a la balada mas triste del mundo.

Mis manos fueron atacadas por espinas. Todo lo que toco lastima. Todo.

Y el olfato se fusiona con su inseparable aliado, para mostrarme el gusto extremo de la decepción, producto del contexto asesino en el que me metieron...







Y al abrir la puerta....








viernes, febrero 27, 2009



Eso, la génesis de imagenes turbias, palabras ácidas, y pensamientos agridulces. Y que un rejunte del señor billie joe armostrong hable por mi...




Soy el hijo de la rabia y el amor....(De la biblia de los de "nadie arriba")



Con firme dieta de gaseosa y Ritalin...


Y no hay nada malo conmigo, así es como supuse que sería

En una tierra donde hay que creer, yo no creo en mi..



Y en mi útero privado, enamorándome o endeudándome,

alcohol, cigarrillos y Mary Jane manteniéndome insano..(El lema era una mentira..)




Decían que el hogar es donde está el corazón, pero no es tan así, porque el corazón de cada uno no late de igual manera (Late fuera de tiempo..)



Señales apuntando a ninguna direccion....( A nadie parece importarle realmente..)


Corazones reciclados pero nunca salvados, desde la cuna hasta la tumba..



Querido, estas escuchando? No puedo recordar ni una palabra de lo que estabas diciendo

Somos dementes o soy yo trastornado? (El espacio que hay entre insano e inseguro...)


Oh terapia, podr­as , por favor, llenar el vacío??

Estoy atrasado o solo lleno de alegrí­a?

Nadie es perfecto y yo me encuentro acusado por falta de un mundo mejor


( Y ESTA ES MI MEJOR EXCUSA..)