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viernes, enero 06, 2017




Soy un caos por dentro, lo admito. También el mundo es un caos aun peor. La diferencia es que yo a mi propio caos suelo comprenderlo, pero el mundo, el mundo me excede. No es un lío de mi propiedad.

Marianela reflexionaba sobre embrollos propios y ajenos en el colectivo camino a su trabajo. Eran epocas de soportar, de cambios abruptos, de pronósticos poco alenatadores. La congoja se refugiaba en ella hacía mucho tiempo. Había comprendido que todo en esta vida está desordenado, que vivimos en un desparramo de sentimientos, gente y experiencias que viven taladrandonos el alma cada béndito día.

En sus auriculares comenzó a sonar una canción. Esa canción. Por la ventanilla el sol nacía una vez más, el cielo ardía naranja. De la nada los ojos se le humedecieron y sintió su vida entera metiendosele en el pecho. Sonrió tenue. Todo calzaba justo. Todo armonizaba: la canción, la vista, sentir. Una paz algo intrusa le cerró los ojos. Entendió entonces que todo caos tiene su tregua, que de vez en cuando al mundo se le da por apiadarse y que en esos pocos segundos todo cobra sentido, todo vale la pena.




miércoles, marzo 09, 2016




No recuerdo a que edad empecé a ser consciente de que estaba allí. Mis primeras imágenes de él son confusas, pero de lo que estoy seguro es que lo veía a lo lejos y desde abajo, muy chiquito.

Con los años fui creciendo, y él también, cuestión de cercanía y perspectiva. La cosa no me importaba demasiado hasta que pude divisar como la gente iba cayendo por ese precipicio. Conocidos y desconocidos desfilaban por ese maldito acantilado, y si dentro mío vivía algo de miedo, ahora se había convertido en terror.

Pasé mi adolescencia entera y parte de mi juventud tratando de buscar una manera totalmente creativa de no llegar a esa muerte dolorosa y estúpida, en cierto modo para evitarsela también a todo ser que estuviera cerca. Me desvié por mil caminos, pero todos desembocaban en uno solo que culminaba directamente en los últimos centímetros del peñasco.

La leyenda cuenta que existe un sendero, escondido, pedregoso, mediante el cual uno puede lograr no terminar echo papilla y escapar quien sabe hacia donde para salvarse, pero es dificilisimo encontrarlo. Mi búsqueda continuó.

Pánico. Puedo contemplar el abismo, su inmensidad mortal. Llegué al momento crítico en el que lo tengo a centímetros, la hora de la decisión más importante de mi vida. Tantos años contemplándolo desde la lejanía, evitando llegar al fatídico punto en el que me encuentro. Puedo detallar cada una de sus rajaduras, la forma de cada piedra que allí vive. Oler el hedor a fallecidos, oir el eco de la desolación. Intento idearme urgentemente el camino salvador, ese del que tanto me hablaron.

Un viento muy fuerte me pega en la cara. Se  mete por mi  boca, la seca por el grito. Los ojos me lagrimean al punto de no poder abrirlos. Un zumbido grueso en los oídos. No se si estoy de pie o de cabeza.




domingo, enero 24, 2016




Después de tanto andar y andar, después de caminar durante días, años, me encuentro perdido en el barrio del fin.

Pregunto si existen mapas, pero sus residentes me contestan que no, que no hay instrucciones para manejarse en este lugar. Cada uno hace lo que puede. Todo es encrucijada: las calles son cortadas que derivan en un callejón sin salida. Deduzco que es difícil escapar. Me pregunto por enésima vez como fue que llegué hasta acá.

Un constante olor a cloaca caracteriza el lugar, como si todo el tiempo estuviese pudriéndose algo. Las casas son viejas, desgastadas, con paredes despintadas y revoque caído. Abundan linyeras sentados en los cordones de las calles, bebiendo océanos de alcoholes: los observo y no paro de pensar  en los hermosos ayeres de los que probablemente hayan sido dueños, ayeres que un día terminaron abruptamente para convertirse en un hoy denso, apesadumbrado, áspero. En el barrio del fin, el presente no es un regalo precisamente. Los miro y me miro. Mejor no miro.

En mi incansable búsqueda de salidas no paro de patear trizas, las veredas están repleta de restos, fragmentos hechos polvos, alguien me dice que lo que estoy pisando son alas rotas. Siento escalofríos. ¿Que demonios es este lugar?. A veces tengo la sensacion de que ya estuve mil veces acá, sin embargo no termino nunca de descifrar este extraño mundo.

De repente me encuentro ante una ruta, excepción fantástica después de tanta callejuela inmunda sin salida. Un cartel anuncia que estoy al final del final. Miro hacia adelante y veo un vasto y enigmático horizonte. Tengo miedo. El barrio del fin era incomodo pero no tanto como el hecho de decidir cambiar.

Doy un primer paso temeroso, vuelvo a mirar la ruta. Doy otro paso, termina el final ¿Y ahora que viene?







viernes, diciembre 25, 2015




LUNES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MARTES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MIERCOLES

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


Podría continuar este texto, pero usted ya sabe lo que viene. Prefiero no seguirlo, que para aburrirse usted ya tiene su propia rutina.




viernes, diciembre 18, 2015




No encontrabas explicación. Aunque te había pasado mil veces, seguías sin acostumbrarte Clara. De la nada te nacía un llanto anónimo, un nuevo llanto desconocido. Como si tu esencia estuviese compuesta solo de lágrimas y eso te llevara indefectiblemente a buscar refugio en un abrazo medicinal, una y otra vez.


Recuerdo cuando me decías, con algo de temor, que encontrabas una cierta e inexplicable comodidad en la tristeza. Que algo te picaba durante los días de dicha, como si fueras una forastera de la felicidad, descubriendo armonías infinitas en las canciones tristes, en los textos melancolicos, en los finales abruptos. Siempre te sentiste algo intrusa.

Quizás era la falta de costumbre a la algarabía, tal vez tanta desgracia en el aire, constante, invencible nos había vuelto parte de la angustia universal o, simplemente, la firme convicción de que los humanos no estamos preparados ser felices del todo, porque tenemos el alma pinchada por las heridas, y por eso nunca se termina de llenar.




lunes, noviembre 23, 2015



Aquella medianoche en el acantilado me preguntaste si amaba al mundo o si lo odiaba. Que me veías confundido, dubitativo, bipolar, torturado por una dicotomia permanente. Mis ropas negras, mis ganas de conquistar cada rincón, mi corazón de barro, mis esperanzas de flama eterna. La respuesta no era poca cosa asi que pedí un tiempo para responderla. Realmente yo tampoco lo sabía.

Durante esos días anduve todo lo que pude, caminé el mundo, lo observé, lo abracé, lo escupí.  Fui anotando en una bitácora las experiencias, todo lo que me rodeaba.

La música y la guerra.
Los perros y la muerte.
Las verdades, las mentiras.
Los besos electricos, los abrazos muertos.
Los voluntarios, los corruptos.
La paz y el regocijo de los viajes. La distancia implacable.
El amor, la indiferencia.
El fútbol, las torturas.
La lluvia, el viento y los hijos de puta.
Los heroes, las religiones.
La naturaleza, las cartas rotas.
Las delicias, la violencia.
El fuego, los terremotos.
Los niños, la vejez.
El sexo y los suicidas
Vos.
Yo.
Ellos.

Pasó un largo año desde que nos volvimos a ver, exactamente en el mismo lugar que aquella vez. Esbocé mi respuesta, la esperabas ansiosa. Soy cambio, soy contradiccion, soy evolución. Amo al mundo? Si. Odio al mundo? También. No puedo amarlo todo el tiempo, no puedo odiarlo todo el tiempo. Soy sensible, permeable al entorno, nada implacable. Soy parte de mi alrededor, soy ese alrededor, y a veces soy precioso, y a veces no tanto. Yo también soy el mundo. Clara, mi vinculo con el mundo es una intensa relación de amor/odio, diría que en partes iguales. Este lugar puede ser el cielo, como vos pensás, pero también el infierno más feroz. Fue quien me dio la vida, será quien me la quite.

Asentiste no muy convencida, como no creyéndome demasiado. Poco te duró lo agridulce de mi respuesta. Una sonrisa victoriosa comenzó a nacerte mientras yo miraba la luna distraído y fascinado.



sábado, noviembre 14, 2015

viernes, octubre 09, 2015

















Nada niño, nada.
Escapa de un mundo partido
baleado, mal parido.
Huye a algún lugar
en el que poder jugar.

Nada, niño nada
Bracea, patalea fuerte.
Que las olas son tsunamis.
Que los monstruos resultaron ser humanos.
Que todo es bullicio.

Que los brazos del hombre
se hicieron para mecerte los sueños
y no para levantar tus depojos.
¿Que querés ser cuando seas grande?
Quiero ser.

No revuelvas más en sus corazones
Ya no busques inocente niño,
algún atizbo de piedad, una mera rafaga de empatía.
Es en vano.
Solo encontraras
nada niño, nada.

lunes, septiembre 07, 2015



Debajo de mi aparente tranquilidad estoy desesperado, ansioso. Mientras miro a mi alrededor mis dedos no paran de moverse, como si tocaran en un piano imaginario una melodía algo nerviosa. Las ruedas de mi carrito giran cada vez más rápido, casi al compás del mundo y yo no me doy cuenta. 

A donde quiera que mire encuentro marcas, productos, servicios. Las góndolas son pequeños universos en donde puedo encontrar todo lo que necesito. ¿Necesito?. Que más da, mirá todos esos colores, todas esas formas, todas esas promesas de perfección. Cada producto es el mejor de su especie, son la solución definitiva a todos nuestros problemas.

Ya no recuerdo por donde entré ni donde está la salida de este enorme y laberíntico lugar. Los colores de los envoltorios comienzan a marearme, son demasiados y extremadamente brillantes. Todos captan mi atención al mismo tiempo y empiezo a desquiciarme. Me siento aturdido invadido por una especie de psicodelia violenta. No me acuerdo para que vine. Confirmo que estoy perdido en el mercado. Intento girar a la izquierda, pero una fuerza me obliga a ir hacia la derecha: ya no llevo al carrito de compras, ahora él me lleva a mi.

La velocidad se incrementa, estoy siendo arrastrado por un carro desbordado de mercaderías y no puedo soltarlo aunque quiera. Una lluvia de números y precios serpentea frente a mi ojos, siento un dolor atroz en los bolsillos. Tanto por probar y yo con este sueldo en miniatura, Comienzo a agitarme. Finalmente veo el cartel de la salvación, el que me calma. La góndola se encuentra inmensa, imponente, en el medio del pasillo. Letras rojas e intensas: OFERTA.

Entro en pánico. Me invade el terror. Las latas tienen mi cara.





jueves, agosto 13, 2015




Todo sucedió despacio y gradualmente. Soñaba con volar alto, muy alto, pero me encontré con que el suelo se convirtió en mi hábitat natural. Tenía la desesperante sensación de que todo alrededor se volvía inmenso: las casas, los edificios, los autos, las personas. Pude notar, sin embargo, que todo aquello se mantenía igual e invariable, pues el único que cambiaba era yo. No paraba de menguar.

El tiempo pasaba y yo sentía como me encogía, me arrugaba lentamente como lo hacen los papeles devorados por el fuego. Ardía por dentro de impotencia y todo me costaba cada vez mas. La gente no me escuchaba allá arriba, no llegaba a pisar el acelerador de mi automovil, ni siquiera podía abrir las puertas, los picaportes se habían tornado inalcanzables.

Me fui volviendo cada vez mas frágil y sensible. Mis oídos no soportaban los ruidos, todo me quedaba lejos: las distancias se me tornaron imposibles. Y me seguía achicando. Las personas ya no me veían, no notaban mi presencia y tenia que esquivar sus pisadas: el mundo me quedó grande y se volvió un lugar hostil, el inexorable destino de mi alma casi ausente era terminar pegado y destripado en la suela de un zapato.

Y me fui quedando solo. Solo y pequeño, cada vez más lejos del sol. Ya nada estaba a mi alcance. Pude conocer bien de cerca la soledad de la marginacion, el hediondo fracaso de quedar obsoleto, y mis días y noches continúan así, esperando con una mezcla de miedo y ansiedad esta cuenta regresiva de los centímetros de mi existencia que tienden, inevitablemente, a la serenidad del cero.





lunes, mayo 11, 2015


No nací sordomudo, no sufro de afonía, sin embargo no puedo hablarte. Tengo tantas cosas para contarte que no se por donde empezar, aunque siendo sincero, tampoco se como empezar.

Solo basta verte para que irrumpa violentamente desde el suelo la muralla mas horrible de todas y se interponga entre nosotros dos. ¿Sabías? siempre consideré a la timidez como un muro negro, altísimo, irrompible, invencible. Y yo nunca supe trepar.

Mis noches se redujeron a practicar cada palabra del discurso que te daría, para que pudieras entender todo lo que me pasa, pero es en vano, nunca puedo decirlo, se me mueren adentro las verdades mas sinceras, las intenciones mas desesperadas. A veces juro que no se si son lágrimas, o mis palabras intentando escapar de su cárcel como sea. Es desgarrador ser uno mismo la prisión.

Y agonizo en impotencia e inoperancia. Soy el hombre menguante. No te das una idea de como lo intento, solo yo conozco mi esfuerzo. Pero no me sale. Suelo probar bebiendo coraje liquido e inundo mi alma en alcohol para ayudar a subir todo lo que tengo que decir. Pero mis verdades no saben flotar, se ahogan.

Siempre la misma historia. Siempre el mismo final agrio. Otra noche de derroche y frustración en la que enfermo de rabia. Quisiera asesinar a mi timidez. Masacrarla, estrangularla, acuchillarla, y en un acto de justicia infinita ser el autor material de la tragedia que termine de una vez con la mía.  Pero no me animo.




martes, abril 21, 2015


Azoté la puerta con rabia explosiva y me fui. Solo duré treinta segundos caminando. Me nacieron unas incontrolables ganas de correr. Mientras mas quieto tenía el cuerpo, peor era, estaba horriblemente nervioso. Asi que corrí. Corrí cada vez más rápido. Apretando los dientes. Corrí con la angustia como motor. Y lloriqueaba mientras huía. De vez en cuando gritaba. Era extraño, el cansancio físico nunca llegó. No sentía el cuerpo, solo la tristeza y la adrenalina del escape. Corrí por horas, días, meses, quizás años. El viento me secaba las lágrimas. Calmaba mi sed tomando del vaso que había rebalsado.

No tenía idea de hacia donde me dirigía. No seguí indicaciones, mapas ni carteles. Solo corrí. Corrí hasta el fin. El fin de algo, de alguien, no se. Florecían ampollas en mis pies. Marchaba roto: las zapatillas, la ropa, el presente. La gente me miraba raro. No me cambiaba en nada. En realidad, la gente siempre me miró raro. Eché un vistazo hacia mi costado, dejé de concentrarme en el escape en si mismo para revisar donde estaba parado. El paisaje anónimo que me rodeaba era distinto. Los árboles habían aumentado su cuantía. El viento y la hierba olían de otra manera. Los rostros eran nuevos y desconocidos. Sentí un poco de miedo, y mucha incertidumbre. Pude percibir a mi agonía agonizando. Después de no se cuanto tiempo, por fin me detuve.

Tomé aire, volví a mirar a mi alrededor. Me pregunté: ¿y ahora que?. Era la pregunta que había estado buscando sin saberlo, el sentimiento de por fin haber apagado mis infiernos. Ya no había nada, estaba en blanco, casi como nuevo, y eso significaba un principio, otro principio. Estamos llenos de principios.  Y entonces, en vez de comenzar a correr de nuevo, caminé, muy despacio, lento, casi paseando, observándolo todo, tocándolo todo, oliéndolo todo, calmo pero hambriento, como quien no para de buscar la novedad.




jueves, febrero 05, 2015

















Dejame solo pero dame un abrazo.
No me hables, necesito un consejo.
La soledad me duele,
pero las palabras me cansan.

Las canciones tristes me calman.
Las canciones alegres me deprimen.
La tristeza se alimenta de tristeza
para finalmente vencerse.
O soportarse.

Hoy la lluvia no me lava las penas.
Hoy la lluvia me inunda el alma.
Es domingo, no tengo nada para hacer
Es domingo, no tengo nada para ser.
Entonces pienso.

Esta insoportable dualidad
me desdobla el dolor.
Otro hermoso trueno estalla arriba, ¿o adentro?.
Hoy llueve con sol
Pero no sale el arco iris.



jueves, diciembre 11, 2014


Lentejuelas, colores y magia. De eso está hecho el vestido de princesa que le regalaron a Daiana por su cumpleaños número cuatro. Y corre por toda la casa luciendolo, y grita algarabía cuando descubre su deseo de querer vivir su vida entera asi, siendo una princesa por siempre.

Su fotografía con el vestido de sus sueños la observa siete años después desde su mesita de luz, lagrimeando por el chico que le vapuleó el corazón con ese No. La almohada mojada y la ilusión en pedazos. Daiana descubre que las princesas también lloran.

El espejo le carcajea. El pantalón no quiere entrar. Otra vez derrapa en sus curvas aunque no sean tan pronunciadas como ella quisiera. La sociedad la estrangula y ayuda a construir la arcada que ella misma se induce con sus dedos ensalivados. Daiana reposa en el inodoro, suspira y descubre que las princesas también vomitan.

Las cinco de la mañana es la hora exacta de la desazón. Esa noche no fue como en sus sueños. Solo quedan soledades bañadas en tequila. Está sentada contra la pared, con el maquillaje corrido y la cabeza entre las rodillas, insoportablemente sola, Todo su mundo se limita a una esquina vacía. Daiana observa sus zapatos salpicados y descubre que las princesas también se emborrachan.

Otra noche de horror hogareño. De nuevo él llega con olor a ginebra y descarga toda la rabia del mundo en su cara y en sus adentros. Sus piernas flojas ya no intentan defenderse y abren el paso a otra tragedia más. Cierra los ojos, aguanta sus nauseas. El ahora duerme y Daiana le da la espalda, se toca la boca, mira su mano y descubre que su sangre no es azul. Su principe tampoco lo es.

Una tarde cataléptica finalmente estalla. Abre el placard y en un ataque de nervios destroza el viejo vestido de princesa, que cae al suelo convertido en retazos.
Pega un portazo y huye. El nunca más le da alas y corre rápido, llorando y pensando que aquella realeza de su infancia, quizás, no era tan real después de todo.

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En cada caricia siente cicatrizar todas y cada una de sus heridas. 
En cada abrazo se siente protegida, y piensa que no hay castillo o foso repleto de cocodrilos que la pueda defender mejor de cualquier amenza, que su pecho estrellandose con el suyo.

Ambos cenan el manjar que él preparó y observan corretear a su pequeña hija, por el comedor con un traje de princesa remendado, mientras se sostiene la corona que se le tambalea por la euforia en sus movimientos. La sigue con la mirada y siente que le cosquillean los ojos a punto de llover.

Le da un beso en la mejilla a su marido y se dirige al baño. Se mira al espejo y se centra en la luz clara que tienen sus pupilas. Después de muchos días de penumbras, por fin amanece una sonrisa de reina en su rostro. Y entonces, Daiana descubre que ya no queda reino por conquistar.




domingo, noviembre 16, 2014




"Estamos considerando la implementación de un plan estretégico para la región orientado al desarrollo de la calidad de vida de los ciudadanos, apuntando principalmente a los factores productivos..."

Pasame otro balde Marita. Todos agarren uno y vayan sacando el agua lo más rápido posible, que los muebles de madera se van a pudrir. ¡Ojo con el televisor! ¡Bien alto por favor!

"Hacía varias décadas que un gobierno no invertía tanto dinero en obras de infraestructura a pesar de que la nación no nos proporcione los recursos correspondientes. Este es el camino, el camino del esfuerzo y del trabajo..."

¡Achisss! ¡Tomás abrigate que tenes los pies mojados y vamos a terminar en el hospital! ¡Alcanzame el trapo y el secador ¡Fijate que la nena esté bien tapada y calentita y después anda a vaciar este balde! ¡No llore míja que nos vamos a ahogar! Ya le voy a comprar otra muñeca nueva...

"La oposición se opone por oponerse. Necesitamos medidas de fondo, coyunturales. Estamos trabajando en el problema. Tenemos que tirar todos para el mismo lado. Debatir. Equipo de trabajo. Confianza. Consenso. Proyectos. Esperanza..."

Ay diosito que pare el aguacero, que la casa se me está viniendo abajo otra vez. No quiero que llueva nunca más, porque cada vez que llueve pierdo. Y me enfermo. Y lloro.

Truenos.




martes, octubre 07, 2014


La luz se pone en rojo. De un lado un auto último modelo, casi casi del año que viene, reluciente, técnicamente perfecto, manejado por un ejecutivo que no para de hablar por teléfono. Del otro un carro de madera, tirado por un caballo y conducido por un hombre mayor. El carro lleva todo lo que sobra de los mercados, frutas, verduras, pan, pobres. 

El ejecutivo termina su comunicación, gira su cabeza y se detiene a mirar al hombre del carro. Ve sus manos ajadas por todos los soles de su vida, su piel curtida por la lucha diaria, la tristeza lenta de sus movimientos. Luego posa su atención en el equino, descuidado, agitado, prácticamente rendido, emparchado y atado por todos lados. La imagen del carro, el pobre y el caballo representa absolutamente todo lo que está mal en el mundo. Cuanta pena junta. Piensa en sus hijos. Se acomoda la corbata para tragar saliva.

El pobre mira al hombre de traje. Contempla sus lentes de sol en la solapa, el reloj, y el auto de punta a punta, y vuelve a observar las ruedas desparejas de su carro. El anhelo le dura solo unos segundos. Ya no se pregunta por qué.  Hace años se le murió la pregunta en el pantano de la resignación. Su rostro, invariable, no emite expresión alguna, luce triste por naturaleza. Vuelve a mirar al frente. Mejor pensar como sigue el recorrido si quiere cenar por la noche.

El celular suena otra vez interrumpiendo el trance de las dos realidades. De vuelta a los negocios. La luz se pone en verde. El automovil acelera, y deja atrás al carro. Lejos. Muy lejos. Cada vez más atrás.




martes, agosto 05, 2014



Mariano está parado junto al inodoro. Lo observa- si tan solo apretando un botón se fuera toda la mierda...- piensa. Tiene siete mil preguntas y ninguna respuesta. Intenta mirarse al espejo pero se ve difuso y turbio. Nada cambió después de todo. Nublado, siente que viaja en una nube y que ya olvidó la letra de su canción.

Mariano espera sentado al lado del inodoro y repasa su vida entera en segundos. Cuantas derrotas por dios, de todo tipo y color. Tiembla, grita y llora, todo a la vez. Sabe que sus días fueron un paréntesis de la nada. De la soledad a la soledad. La canilla también pierde, y retumba sin parar marcando el compás de la tristeza. Es de madrugada y la mañana cada vez queda más lejana. Será mejor asi.


Ya casi no existen las canciones, ni las glorias, ni amigos ni enemigos, ni él. Uno se acostumbra a todo, menos al dolor. Los ojos se le cierran. Convencido de que los finales también son un comienzo se seca las lágrimas y los mocos. La carta reposa junto a él. Los argumentos se corrieron con la humedad del piso y el vómito, volviéndose bastante inentendibles. Igual ¿que importa? .


Mariano está recostado al pie de su inodoro. Whisky barato y polvo de hadas para el viaje. Mira al techo sin mirar. Grita en silencio. Los mosaicos le contagian el frío. Otra vez el cosquilleo asesino en la panza, pero más fuerte. El reloj se detiene a las cuatro y veintitrés, la hora más oscura antes de que comience el alba. El dolor cesa. Una sonrisa de alivio le nace entre las mejillas, dispuesta a quedarse allí para siempre.


¿Como era eso de despertar?





martes, junio 17, 2014


No hay quien resista vientos tan fuertes. Días y noches enteras de pura agitación insoportable entre tempestades y chaparrones. Las inclemencias no cesan, no paran un maldito segundo. El encierro es el nuevo estilo de vida frente a la hostilidad del exterior. Cualquier tipo de aventura quedó ahogada, anulada y solo queda sentarse a mirar lo dantesco de la situación, lo débiles que somos ¿ Como podemos rompernos tanto y tan fácilmente?

Escombros, restos,  y barro. Lo que se erigía invencible hoy se redujo a trizas. Todo es oscuridad, no asoma ni una luz de esperanza, solo la de los rayos. Y mejor dejar de llorar para que las lágrimas no ayuden a que el agua siga subiendo, aun mas.

El solo hecho de volver a empezar aterra. Apenas pensar que todo el dolor de la pérdida puede llegar a repetirse algún día, provoca que el primer paso se convierta casi en una utopía y media. Y entonces... ¿Para que volver a intentar si todo tiende a la destrucción? Es el maldito espiral asesino, cuyo centro es la nada furibunda.

Hasta que un día cualquiera, sin más y de repente, el golpeteo de la lluvia disminuye de a poco hasta llegar al mas aliviador de los silencios. La música de los pájaros regresa, y con ella la armonía. Los estruendos ya no amenazan, y lentamente escampa. Asi que esto era la paz. La puerta por fin se abre y es imposible no pelearle al sol de frente para contemplar el azul precioso del cielo, más intenso y radiante que nunca, como quien descubre que, por fin, se ha curado de las tristezas, y siente el voraz apetito de salir a comerse el mundo.



sábado, abril 12, 2014



Pueblo chico infierno (cada vez mas) grande.

Sábado a la noche. El restaurant "Orden y progreso" se encuentra rebozante de gente, entre ellos los personajes más reconocidos públicamente de esta pequeña ciudad con aires de superioridad. Y al fin y al cabo, las ciudades son sus ciudadanos.

Todos se revocan la cara con su mejor sonrisa para saludarse entre si. Se preguntan por sus familiares, por su salud, se desean un buen provecho. Amabilidad de cartón. Una vez que están ubicados cada uno en sus mesas, la carnicería comienza. "Se hace la buenita pero al marido le sacó la casa y lo dejó en la calle". "Se dice que lo echaron de la empresa por acosar a una de sus compañeras de trabajo". "Parece que le pega a la mujer" "Están en mesas separadas, cada uno con su familia, pero son amantes". Uno se pregunta si salen a comer y disfrutar del momento o a hablar mal del que está en la mesa de al lado.

La noche llega a su fin. Uno a uno los comensales se retiran con su gesto de amistad eterna. Se despiden abriendo la sonrisa de nuevo. Aqui no ha pasado nada.

Al otro día los protagonistas vuelven a encontrarse, esta vez en la misa del domingo. El cura da el sermón, los fieles se dan un beso y se desean la paz. El mundo es perfecto durante esos 60 minutos. Reflexión, arrepentimiento, y amor como dios manda. (como le encanta mandar a dios). Todos somos hermanos y la unión es lo importante.

La hostia ya se deshizo en mi paladar, estoy lista para contarte la última de Ramírez...