lunes, septiembre 07, 2015



Debajo de mi aparente tranquilidad estoy desesperado, ansioso. Mientras miro a mi alrededor mis dedos no paran de moverse, como si tocaran en un piano imaginario una melodía algo nerviosa. Las ruedas de mi carrito giran cada vez más rápido, casi al compás del mundo y yo no me doy cuenta. 

A donde quiera que mire encuentro marcas, productos, servicios. Las góndolas son pequeños universos en donde puedo encontrar todo lo que necesito. ¿Necesito?. Que más da, mirá todos esos colores, todas esas formas, todas esas promesas de perfección. Cada producto es el mejor de su especie, son la solución definitiva a todos nuestros problemas.

Ya no recuerdo por donde entré ni donde está la salida de este enorme y laberíntico lugar. Los colores de los envoltorios comienzan a marearme, son demasiados y extremadamente brillantes. Todos captan mi atención al mismo tiempo y empiezo a desquiciarme. Me siento aturdido invadido por una especie de psicodelia violenta. No me acuerdo para que vine. Confirmo que estoy perdido en el mercado. Intento girar a la izquierda, pero una fuerza me obliga a ir hacia la derecha: ya no llevo al carrito de compras, ahora él me lleva a mi.

La velocidad se incrementa, estoy siendo arrastrado por un carro desbordado de mercaderías y no puedo soltarlo aunque quiera. Una lluvia de números y precios serpentea frente a mi ojos, siento un dolor atroz en los bolsillos. Tanto por probar y yo con este sueldo en miniatura, Comienzo a agitarme. Finalmente veo el cartel de la salvación, el que me calma. La góndola se encuentra inmensa, imponente, en el medio del pasillo. Letras rojas e intensas: OFERTA.

Entro en pánico. Me invade el terror. Las latas tienen mi cara.





Reacciones:

1 visiones:

Carla Ozone dijo...

Después de haberme aprendido el orden de los pasillos, cada trimestre me los cambian...agggg

Al parecer es muy común perderse en el hipermercado
https://youtu.be/2vyu5ex2aQc