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sábado, enero 16, 2016




El único beso que no puede recordarse es el beso antes de morir.


Entonces me dediqué a sentirlo intensamente, de eso se tratan los besos sin futuro, incluso de eso se trata el no futuro, de sentir en exceso. Esos cinco segundos de labios en armonía fueron un recorrido por todos los besos que nos habiamos dado, un paseo infinito por el misterio del primero, por la pasión de los escondidos, por la triste alegría de este, el final. Por fin comprendí aquello de "vivirlo como si fuera la ultima vez"..

El ultimo deseo fue poder tomarnos de la mano. Nos lo concedieron. Nos dimos vuelta, nos agarramos las manos atadas como pudimos. La venda en mis ojos agudizó todos mis sentidos y pude sentir el mapa de su piel como jamas lo había hecho. Esa suavidad no era de este planeta, ni de esta galaxia, por lo menos.

Pude percibir que lloraba y la reté en voz baja. Nos apoyamos el uno al otro, espalda con espalda. Rogaba caer primero al suelo, no podría soportar escuchar su cuerpo desplomandose y golpeando contra la tierra antes que el mio. No quería irme de este mundo con un ultimo segundo tan horrible a cuestas. Nada hubiera valido la pena.

Escuché como cargaban las armas. Ella me apretó fuerte los dedos. Tragué saliva. Pensé en el alivio de la causa. Prepararon. Apuntaron.

Caimos juntos, pude sentirlo a pesar del segundo de ruido y confusión. Sincronizados, totalmente al compás, en la preciosa coherencia de terminar muriendo como se vivió, si es que eso puede llamarse morir.




viernes, octubre 23, 2015



Judy me susurra al oido que el tercer verso es distinto al primero. Siempre se rie cuando me confundo la letra de las canciones. Sentados en mi habitación, escuchando los Ramones no paramos de mirarnos a los ojos. Queres bailar conmigo?- pregunto ansioso, pero ella me interrumpe con un beso infinito y me tira en el colchon. Entonces siento que quiero hacer de todo con ella: quiero llevarla a pasear a Rockaway Beach, a disfrutar juntos del sol de California, de sus dias cortos y sus noches interminables. Un cosquilleo angelical invadió mis entrañas y no pude resistir declararme: Nena te amo, quiero ser tu novio para siempre, te quiero alrededor. Volvio a besarme sonriente e incontrolable.

Atras quedaron los días en los que andaba por las calles con el corazon envenenado y rabioso, pensando que Judy me habia encontrado un sustituto. Me dominaba la ansiedad, incluso un amigo llegó a decirme algo asustado "Sonás como si estuvieras enfermo, creo que vas a matar a esa chica". Sentia que vivia afectado por un mal cerebro, que me habia vuelto loco. Me repetia todo el Tiempo a mi mismo "No te quiero, no quiero caminar por ahi con vos, no puedo darte nada, no sos la unica, tiene que haber mil chicas mejores que vos ". Pero no hacia mas que mentirme. Aquel affair que tuvo en la habana  caló hondo en mi corazon, estaba cada vez mas de acuerdo con mi amigo Danny, que siempre decía: el amor es una mierda, el amor mata. Probé con la psicoterapia pero terminé siendo un adolescente lobotomizado que solo queria esnifar pegamento,  estaba realmente enfermo, y solo queria estar sedado para que mi cerebro estuviera totalmente dado vuelta.

En aquellos tiempos ella era una sensacion y siempre la vi imposible, inalcanzable pero yo creo en los milagros. Aquella tarde en el 7-11 volvi a verla despues de mucho tiempo. Había regresado de Berlin con su amiga Jackie, y yo solo queria estar bien, no aguantaba mas. Trague mi orgullo y fui a hablarle: "Que gusto verte, vamos a bailar" le dije. Su amiga Ramona intentó llevarsela, pero ella se resitió. Se quedó en frente de mi, pero en silencio. Por favor volvé, supliqué, pero Ramona hacia lo imposible por separarnos. No puede- acotó- Mañana ella se va lejos conmigo, rumbo a Palisades Park, nos vamos por seis meses, olvidalo. Pero siempre fui un tipo duro como para morir tan facilmente, me acerque a su oido y le vomite toda mi verdad: Sos mi tipo de chica, necesito tu amor, sin vos soy una bomba de tiempo. Siempre busque alguien como yo, alguien para amar y si escucho a mi corazon tengo la obligación de pelear por vos hasta el final. No me importa si estas palabras suenan ridiculas, no me importa este mundo, solo me importas vos. Si conquisto tu amor, domino al mundo.

Senti un pinchazo fatal de repente. Sus pins y sus agujas se clavaron contra mi pecho en el abrazo más fuerte que alguien pudo darme alguna vez. A los cinco minutos estabamos tomando un helado en las esquina de las calles 53 y 3, mirandonos a los ojos, sonriendo, sabiendo que lo nuestro seria para toda la vida.








miércoles, septiembre 23, 2015



Finalmente implementó la regla de los tres segundos de la que tanto le habían hablado. Contó hasta tres, respiró profundo y le dijo todo. Asi, de sopetón. Su corazón dejó de ser un oscuro depósito de verdades estancadas durante meses. Su cara siempre fascinante demostraba sorpresa, aunque no le creyó demasiado. Fueron 5 minutos violentos, o seis años de silencio, nunca lo supo muy bien. Ella lagrimeó. El bajó la mirada. Las cosas no estaban saliendo como esperaba. O si.


Ella se retiró de la escena y empezó la cuenta regresiva más cruel. Su esperanza medía exactamente cien metros, la distancia hasta la otra esquina. Se quedó observándola, pocas veces había estado tan triste. Rogaba que ella se diera vuelta, que corriera hacia él y que sus ojos le gritaran redención, para luego sellar sus destinos en un beso. Los metros pasaban, y ella caminaba, cada vez más despacio, quizás sin darse cuenta, como si los pasos le dolieran. Una especie de suspenso embustero.

Finalmente ella llegó a la esquina y dobló. Nunca giró hacia él y la perdió de vista. Derrotado, se quedó un buen rato en el mismo lugar, inmóvil, insoportable, agotado. Comprendió entonces, que los corazones mas fuertes, más libres, eran a prueba de mirar hacia atrás.


viernes, agosto 21, 2015


Es miércoles por la tarde y ahi está otra vez Juan mi amigo anarquista, armando su mesa, acomodando los fanzines, los libros y los discos, compartiendo sus ideas. Comienza nuevamente su ritual preferido: tres veces por semana, mismo lugar, misma hora, misma lucha, siempre invadido por un brillo que no merma: es el sol reflejandose en sus tachas, son las utopias resplandeciendole en la mirada.

Se enfrenta a dos enemigos, el sistema y la indiferencia. Padre e hijo. Pero sigue ahi, firme. Algunos paran y se interesan por lo que quiere contar, son los menos. Otros directamente ni lo miran, o lo miran con desprecio. Es paradójico, Juan dedica gran parte de su vida y sus recursos a luchar para que ese tipo que lo ignora viva un poco mejor. Y lo tildan de soñador.


Tiene facebook. Usa celular, barato, pero celular al fin. Tiene otro trabajo aparte de la anarquia. Cuando lo critican por eso responde siempre lo mismo: soy anarquista, no cavernicola. Los tiempos cambian, las ideas no mueren, se adaptan. El sistema avasallante todo lo abarcó, no hay rincón virgen de sus tentaculos, solo queda resistir, y combatirlo desde adentro. Eso si, no es anarquista de youtube, conoce la calle, ese es su campo de batalla, su tierra fértil.


En ocasiones lo visito y tenemos largas charlas sobre sociedad,  anarquia y existencia. Sabe que me encantan los postulados de la anarquía, pero que me parece casi incompatible con esa incansable naturaleza humana de dominio y poder, esa costumbre de aniquilar todo tipo de igualdad. y que sin embargo suelo leer sus libros porque el ejercicio de soñar me hace bien, porque entre tanta vorágine y destrucción ciertas utopías son un descanso, una especie de refugio, un respiro. No intenta convencerme, ni se pone en sectario, simplemente argumenta. Si no hay respeto, no existe la anarquía, concluye.


Y me habla de Bakunin. de la bomba de Simón, de Durruti, y de tantos de sus héroes casi anónimos, olvidados por la historia oficial. Me cuenta otra vez sobre su obsesión por desterrar el mito de que la anarquía es un quilombo, insiste en que, muy por el contrario, está llena de reglas sobre organización y autogestión, pero siempre es mas fácil repetir que investigar, dice casi suspirando. El tiempo se nos esfuma filosofando en su feria. Casi tres horas se fueron, nadie frenó a hojear un libro o pispear un disco de esos que están plagados de hermosos gritos libertarios. No le importa.


Me despido, le doy un abrazo y le digo que ojalá nos veamos pronto. Quiero mucho a Juan porque me enseñó que los anarquistas son una de las formas de sinceridad más bellas que existe, porque nadie le baja plata, porque no responde a nadie más que a sus sueños, porque no busca su tajada y porque en un mundo lleno de veneno y moretones, comprendí que aun quedan románticos.










jueves, agosto 13, 2015




Todo sucedió despacio y gradualmente. Soñaba con volar alto, muy alto, pero me encontré con que el suelo se convirtió en mi hábitat natural. Tenía la desesperante sensación de que todo alrededor se volvía inmenso: las casas, los edificios, los autos, las personas. Pude notar, sin embargo, que todo aquello se mantenía igual e invariable, pues el único que cambiaba era yo. No paraba de menguar.

El tiempo pasaba y yo sentía como me encogía, me arrugaba lentamente como lo hacen los papeles devorados por el fuego. Ardía por dentro de impotencia y todo me costaba cada vez mas. La gente no me escuchaba allá arriba, no llegaba a pisar el acelerador de mi automovil, ni siquiera podía abrir las puertas, los picaportes se habían tornado inalcanzables.

Me fui volviendo cada vez mas frágil y sensible. Mis oídos no soportaban los ruidos, todo me quedaba lejos: las distancias se me tornaron imposibles. Y me seguía achicando. Las personas ya no me veían, no notaban mi presencia y tenia que esquivar sus pisadas: el mundo me quedó grande y se volvió un lugar hostil, el inexorable destino de mi alma casi ausente era terminar pegado y destripado en la suela de un zapato.

Y me fui quedando solo. Solo y pequeño, cada vez más lejos del sol. Ya nada estaba a mi alcance. Pude conocer bien de cerca la soledad de la marginacion, el hediondo fracaso de quedar obsoleto, y mis días y noches continúan así, esperando con una mezcla de miedo y ansiedad esta cuenta regresiva de los centímetros de mi existencia que tienden, inevitablemente, a la serenidad del cero.





miércoles, julio 22, 2015




Suelo morirme a veces.

Aquella noche miré a través de la ventanilla del colectivo empañada por la lluvia y pensé: es una hermosa noche para estar triste. Llueve adentro, llueve afuera, el colapso, los estruendos, soy parte del paisaje.

Atrás quedaron la gente y el bullicio. Desentoné otra vez, y no los soporté. Fue un escape imperfecto, de esquirlas, lo se. Perdón. Huí a encerrarme en mi soledad. Me encontré agotado, exhausto de mi. De mis cambios, de mis arranques de rabia, de sentirme afuera de todo. Y fueron horas de no sentir, de desconocer mis placeres, de tener dormidos los sentidos. Cuando la música no logra penetrarme el alma, cuando no siento ese apetito voraz por su cuerpo de mil maravillas, entonces tengo la desesperante certeza de estar muerto.

Es el otoño de los sueños, el frío de estar parado a la sombra de la gloria. Las lagrimas no nacen, ni mueren. Es tener la mirada apagada de los fallecidos. Inerte. Insulso. Oscuro. No poseo energía suficiente para pensar. Solo quiero cerrar los ojos y olvidar, descansar de mi, para en unas horas esperar la resurrección. Otra vez.



miércoles, julio 15, 2015



La discusión le llenó las venas de furia y pegó el portazo. Ella quedó en el interior de la habitación un poco enojada, otro poco aturdida. Él caminaba acelerado por la calle rumbo a la costa, libro en mano. Se fue derecho a leer a orillas del Lago, su terapia. Así como la quietud del agua azul y las montañas, los libros también lo calmaban, le prestaban otro mundo por unas horas para escaparse de los momentos abrumadores de la existencia, que no son escasos ni mucho menos. Y asi intentó refugiarse entre paisajes hechos de letras. Ella se puso sus auriculares e intentó despejarse saliendo a caminar para licuar su rabia en sus canciones preferidas. 

Sentado en una roca, entrecortaba su lectura. La imaginaba perdida entre la gente, en algùn rincón de la ciudad. Eran extranjeros en un pueblo nuevo para ambos. ¿Por donde andaría? ¿En que estaría pensando? Pese al enojo, necesitaba tenerla cerca, aunque no se hablaran, aunque siguieran ofendidos, eran complementarios o por lo menos eso indicaba su dolor de estomago. Su sola presencia le apaciguaba sus tempestades. Por unos minutos retomaba la lectura, pero otra vez la interrumpía  para mirar el muelle que penetraba en el Lago Grande. La imaginaba caminandolo, a paso lento, pensativa, preciosa. Necesitaba que este ahí, pero nada- esta ciudad es demasiado grande para coincidir- concluía y volvía a sus páginas sin seguir demasiado el hilo de lo que leia.


Levantó siete veces la cabeza. El muelle estaba lleno de turistas, pero vacío para él. Seguía enojado y no verla, en cierta forma lo sulfuraba mas. Los turistas se alejaron, el muelle milagrosamente quedó solitario, solo por unos segundos, una especie de preludio. Ella entró en escena, chiquita, caminando sobre las maderas, cabellos al viento, casi como la había imaginado unos minutos atrás. Casi, porque la imagen era aun mas hermosa. Una especie de ternura gigante y demoledora que cayó desde el cielo le aplastó todos los orgullos, venenos y fastidios paridos esa mañana. Cerró el libro y se dedicó a espiarla sin que ella supiera y a observar como ella miraba el agua apoyada en el barandal. Lo invadió una paz inconmensurable, pensó en cuanto la amaba. Ella se dio vuelta y lo vio agitándole el brazo, en una desesperación muy mal disimulada. Con la sonrisa irresistible que anuncia la muerte del enojo, obedeció, caminó hacia las rocas, se sentó a su lado y sin decirse una palabra miraron juntos el lago tomados de la mano.






lunes, junio 08, 2015



El verde era absoluto, las tierras vírgenes y, por ende, la hermosura, pura.

Aquel extraño día llegó el primer explorador en su caballo. Quedó enamorado ante semejante paraíso y, en otra egocéntrica lucha por esquivarle al olvido de la muerte, bautizó aquellos pagos con su nombre y apellido. La voz de sus epopeyas resonó en tierras lejanas. Los pastizales se vieron atravesados por un pequeño sendero, producto de las idas y vueltas de los primeros colonos.

Y marcharon los hombres, y galoparon los caballos montados por aldeanos. Seguían muriendo algunas flores y el camino se ensanchaba. Con los años hubo algunos caminos mas, y algunos arboles menos.

Entonces arribaron las fabricas, y con ellas mas rutas para patrones y trabajadores, y mas trabajo para el hombre. Y para la naturaleza. La modernidad llegó veloz en autos y camiones, y ahora el genocidio de tréboles ya no estaba a cargo de pies y herraduras, sino de ruedas.

¿Podés oír el trinar de las aves? porque yo ya no. Caminos anchos de tierra y polvareda árida se impusieron en donde antes rebozaba vida. Cicatrices kilométricas. El ir y venir de nuestros tiempos se devoró lo profundo del verde original. Y ahora estamos llenos de caminos, pero ¿a donde van?




sábado, marzo 21, 2015



Después de tantos años nos volvimos a encontrar, lejos de todo y de todos. Era ley terminar en un bar, y así fue. Las carcajadas seguían intactas. Jamás volví a reírme tanto con una persona como lo hacía con él. Era recíproco. Extrañaba terminar agotado de estar tentado. Al fin y al cabo estábamos un poco distintos que hace un tiempo, pero aun iguales.

Tomamos cerveza. Hablamos del punk, de Green day, de los Ramones, de la banda que teníamos, de aquellos tiempos sagrados de gloria y libertad que habíamos vivido a la par. Y mientras seguíamos volando hacia atrás, de repente se quedó pensativo. Gradualmente se le borró el gesto de gracia y melancolía alegre en la cara y sentenció mirando a la nada: "nuestros amigos, o tienen hijos o están muertos". Se hizo un silencio triste. La segunda opción me hizo un eco frio en el alma. Nunca había pensado en eso. Tenía razón.

La pasábamos bien, eramos jóvenes e invencibles, pero en el fondo estábamos tristes. Para ser punk siempre tenes que estar un poco triste. Y muchos no soportaron aquella angustia. Se rindieron y cayeron en esos refugios de papel que son la droga y el alcohol. Ninguna pastilla calmó el dolor. Otros fueron más pragmáticos y directamente eligieron la bala o la soga.

Levantamos nuestras miradas brillosas y chocamos los vasos. No dijimos nada, pero brindamos por varias cosas. Por aquellos días de gloria, por los que ya no están pero están, y por lo que quedamos, peleandole a la existencia, con esa vieja tristeza todavía adentro, apaciguando las congojas con las canciones de toda la vida, esas melodías inmortales, por siempre jóvenes, y con la cresta bien parada en el corazón. Después de todo, el negro en nuestra ropa sí tenía un poco de luto.




sábado, marzo 14, 2015


Margarita tenia catorce años cuando se casó, y treinta y siete cuando se separó . En el medio tuvo tres hijos. Su marido era uno de los galanes mas buscados del pueblo, todas morían por sus ojos celestiales, pero el moría por Margarita.

Solo unos meses después del casamiento su romance eufórico se transformo en obsesión. y la obsesión es olvidarse del amor. Ella tardó solo un par años en darse cuenta de que no estaba cómoda con la relación, que quizás era muy chica para haber forjado su futuro tan de golpe. Pero cada vez que cobraba valor y se decidía a dejarlo, él aparecía con un revolver, se lo apoyaba en la sien y le advertía: si me dejas me mato. Mas de una vez su hermana la aconsejó - dejalo que apriete el gatillo-

El amor devino en terror y no pudo soportar mas . Una tarde de Diciembre les anuncio a sus padres que se separaría de su esposo. Tenia diecisiete. Su madre rezongó despavorida- ¡No Margarita por dios! ¡Que va a decir la gente del pueblo! ¡Que vergüenza! ¡Si ya es parte de la familia! El matrimonio seguía, y las voces permanecían en silencio, como sus sueños.

Cincuenta años después Margarita mira en la oscuridad de su comedor las fotos en blanco y negro, las acaricia con sus manos ajadas. les saca el polvo. Se ve tan joven en ellas, tan ilusionada. Trata de rearmar esos futuros posibles que se invento y que nunca fueron, los caminos jamas tomados por indecisión, por falta de coraje, o lo que fuese. No volvió a enamorarse. Siempre fue demasiado tarde para todo. Superó algunas depresiones, pero nunca a la peor de las nostalgias: la nostalgia de lo que no existió. Jamas se fue a vivir al mar como tenia pensado hacer cuando finalmente dejó a su marido, pese a todos. Y aquel pueblo maldito que iba a castigarla para siempre con desprecio y horror por sus sentimientos, pecados y decisiones, no recuerda ni un solo segundo de aquella historia de desamor. Entonces Margarita se pregunta en lo profundo de la noche, si ella vivió en ese pueblo realmente, o si el pueblo vivió en ella todos los días de su triste vida perdida.







miércoles, febrero 25, 2015




I- DANIEL

Que bien se desenvuelve Daniel. Cuanta seguridad en su proceder y en sus palabras, que léxico exacto utiliza según la ocasión. Triunfa en todo lo que se propone. Bueno, en casi todo. Siente que su oratoria perfecta nunca fue suficiente para conseguir lo que más ama en este mundo, su mayor debilidad: las mujeres. Quisiera degustarlas a todas, conocer los encantos ocultos de cada una. Pero no puede, se siente particularmente feo, poco apuesto, y su vida transcurre en la más amarga de las soledades. Le duele que le gusten tanto las mujeres, es el rey del "se mira y no se toca". Es el lado que nadie conoce de Daniel. Si tan solo tuviera la facha de Héctor.


II- HÉCTOR


No existe dama que se resista a los encantos de Hector. Derrocha elegancia y por su cama pasan constantemente mujeres de todo tipo y edad. Una máquina sexual. Pero cuando la mujer se viste y se va, su recreo finaliza y se enciende su infierno. Siente que su vida está a la deriva. No tiene un centavo partido al medio, ni trabajo, ni estudios, solo noches y lujuria en su haber. Pero no pierde la fe: lleva 20 años soñando con quinielas para, quizás, el día mas hermoso de su vida ganar alguna y ser millonario como Gerardo.

III- GERARDO

Millones es poco para Gerardo: cuatro autos último modelo, dos mansiones, un yate, dos empresas y el mundo conocido de punta a punta. Pero solo. El trabajo nunca le dejó tiempo para formar una familia, y con sesenta años ya se siente grande para hacer brotar otra rama de su árbol genealógico. Todos los días religiosamente desde su balcón realiza su ritual masoquista: a las seis de la tarde se sienta con un whisky y ve pasar a Marisol con sus dos hijas y su marido de regreso a casa, riendo, hablando, sonriendo, y entonces llora y pega un trago largo, tratando de embriagar su sueño roto, buscando desesperado al amor de su vida en el cementerio de sus anhelos, con la remota esperanza de que siga vivo.

IV- MARISOL

Marisol es la almacenera del barrio. Ama a su marido y a sus dos retoños. Pero le quedó una cuenta pendiente: dedicarse a la música. Un poco por imposiciones sociales, otro poco por su falta de rebeldía. Lo ciero es que nunca lo intentó. Siente que ser demasiado correcta la llevó directo a la tristeza. Y ahora, a la mínima melodía que oye flotando en el oído, se le anuda la garganta. Piensa que se le fue la juventud y que con las obligaciones domésticas no tiene tiempo para aprender a cantar. No hay noche que no vuelva a esa época de elecciones trascendentales y se arrepienta de su falta de confianza. Si tan solo hubiese tenido un cuarto de la seguridad y la decisión de su mejor amigo Daniel...



(Con tanta gente pretendiendo ser otro, desconfíen los unos de los otros...)






jueves, diciembre 11, 2014


Lentejuelas, colores y magia. De eso está hecho el vestido de princesa que le regalaron a Daiana por su cumpleaños número cuatro. Y corre por toda la casa luciendolo, y grita algarabía cuando descubre su deseo de querer vivir su vida entera asi, siendo una princesa por siempre.

Su fotografía con el vestido de sus sueños la observa siete años después desde su mesita de luz, lagrimeando por el chico que le vapuleó el corazón con ese No. La almohada mojada y la ilusión en pedazos. Daiana descubre que las princesas también lloran.

El espejo le carcajea. El pantalón no quiere entrar. Otra vez derrapa en sus curvas aunque no sean tan pronunciadas como ella quisiera. La sociedad la estrangula y ayuda a construir la arcada que ella misma se induce con sus dedos ensalivados. Daiana reposa en el inodoro, suspira y descubre que las princesas también vomitan.

Las cinco de la mañana es la hora exacta de la desazón. Esa noche no fue como en sus sueños. Solo quedan soledades bañadas en tequila. Está sentada contra la pared, con el maquillaje corrido y la cabeza entre las rodillas, insoportablemente sola, Todo su mundo se limita a una esquina vacía. Daiana observa sus zapatos salpicados y descubre que las princesas también se emborrachan.

Otra noche de horror hogareño. De nuevo él llega con olor a ginebra y descarga toda la rabia del mundo en su cara y en sus adentros. Sus piernas flojas ya no intentan defenderse y abren el paso a otra tragedia más. Cierra los ojos, aguanta sus nauseas. El ahora duerme y Daiana le da la espalda, se toca la boca, mira su mano y descubre que su sangre no es azul. Su principe tampoco lo es.

Una tarde cataléptica finalmente estalla. Abre el placard y en un ataque de nervios destroza el viejo vestido de princesa, que cae al suelo convertido en retazos.
Pega un portazo y huye. El nunca más le da alas y corre rápido, llorando y pensando que aquella realeza de su infancia, quizás, no era tan real después de todo.

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En cada caricia siente cicatrizar todas y cada una de sus heridas. 
En cada abrazo se siente protegida, y piensa que no hay castillo o foso repleto de cocodrilos que la pueda defender mejor de cualquier amenza, que su pecho estrellandose con el suyo.

Ambos cenan el manjar que él preparó y observan corretear a su pequeña hija, por el comedor con un traje de princesa remendado, mientras se sostiene la corona que se le tambalea por la euforia en sus movimientos. La sigue con la mirada y siente que le cosquillean los ojos a punto de llover.

Le da un beso en la mejilla a su marido y se dirige al baño. Se mira al espejo y se centra en la luz clara que tienen sus pupilas. Después de muchos días de penumbras, por fin amanece una sonrisa de reina en su rostro. Y entonces, Daiana descubre que ya no queda reino por conquistar.




domingo, noviembre 16, 2014




"Estamos considerando la implementación de un plan estretégico para la región orientado al desarrollo de la calidad de vida de los ciudadanos, apuntando principalmente a los factores productivos..."

Pasame otro balde Marita. Todos agarren uno y vayan sacando el agua lo más rápido posible, que los muebles de madera se van a pudrir. ¡Ojo con el televisor! ¡Bien alto por favor!

"Hacía varias décadas que un gobierno no invertía tanto dinero en obras de infraestructura a pesar de que la nación no nos proporcione los recursos correspondientes. Este es el camino, el camino del esfuerzo y del trabajo..."

¡Achisss! ¡Tomás abrigate que tenes los pies mojados y vamos a terminar en el hospital! ¡Alcanzame el trapo y el secador ¡Fijate que la nena esté bien tapada y calentita y después anda a vaciar este balde! ¡No llore míja que nos vamos a ahogar! Ya le voy a comprar otra muñeca nueva...

"La oposición se opone por oponerse. Necesitamos medidas de fondo, coyunturales. Estamos trabajando en el problema. Tenemos que tirar todos para el mismo lado. Debatir. Equipo de trabajo. Confianza. Consenso. Proyectos. Esperanza..."

Ay diosito que pare el aguacero, que la casa se me está viniendo abajo otra vez. No quiero que llueva nunca más, porque cada vez que llueve pierdo. Y me enfermo. Y lloro.

Truenos.




martes, octubre 07, 2014


La luz se pone en rojo. De un lado un auto último modelo, casi casi del año que viene, reluciente, técnicamente perfecto, manejado por un ejecutivo que no para de hablar por teléfono. Del otro un carro de madera, tirado por un caballo y conducido por un hombre mayor. El carro lleva todo lo que sobra de los mercados, frutas, verduras, pan, pobres. 

El ejecutivo termina su comunicación, gira su cabeza y se detiene a mirar al hombre del carro. Ve sus manos ajadas por todos los soles de su vida, su piel curtida por la lucha diaria, la tristeza lenta de sus movimientos. Luego posa su atención en el equino, descuidado, agitado, prácticamente rendido, emparchado y atado por todos lados. La imagen del carro, el pobre y el caballo representa absolutamente todo lo que está mal en el mundo. Cuanta pena junta. Piensa en sus hijos. Se acomoda la corbata para tragar saliva.

El pobre mira al hombre de traje. Contempla sus lentes de sol en la solapa, el reloj, y el auto de punta a punta, y vuelve a observar las ruedas desparejas de su carro. El anhelo le dura solo unos segundos. Ya no se pregunta por qué.  Hace años se le murió la pregunta en el pantano de la resignación. Su rostro, invariable, no emite expresión alguna, luce triste por naturaleza. Vuelve a mirar al frente. Mejor pensar como sigue el recorrido si quiere cenar por la noche.

El celular suena otra vez interrumpiendo el trance de las dos realidades. De vuelta a los negocios. La luz se pone en verde. El automovil acelera, y deja atrás al carro. Lejos. Muy lejos. Cada vez más atrás.




lunes, agosto 18, 2014



Cuando yo era solo un chico en la secundaria, un triste y solitario adolescente atrapado en la pesadilla de los suburbios escape de drogadictos y princesas de cabellos emplumados, tenía una cara llena de acné, pantalones cortos y ningún status social. El fenómeno número uno con una bala...Los pocos amigos que tuve tenían mas suerte y se mantenían a mi lado porque ellos estaban apenas arriba de mi en cuanto al grado de popularidad.

En un pequeño lugar del mundo llamado Weymouth, Massachusetts, no recuerdo cuando o como pasó, en la radio del carro, la video Jukebox, o quizás en el soundtrack del film "Over the edge". Lo cierto es que ese año escuché a la banda que me metería en su orgulloso círculo de pinheads para siempre. Aislamiento, desesperación, separación, retardación: estos eran los ingredientes de la dieta diaria de Los Ramones. Sus canciones eran crudamente hechas para todos los que alguna vez se hayan sentido como un don nadie. Los Ramones sabían, los Ramones entendían. Los ramones eran. Ellos no solo cantaban sobre ser adolescentes jodidos. Ellos eran adolescentes jodidos, sin importar su edad. Conocidos como "la banda más fea del mundo" fueron un verdadero rayo de esperanza para los absolutamente sin esperanza. Ellos no eran las bonitas y ricas estrellas de rock contandote sobre cuan duro era ser famoso y cantando acerca de todas las mujeres con las que se acostaron.

Cuando los Ramones se juntaron en los 70's, los 70's caian en la ganancia impreviste del terreno de las compañias. Pero había cuatro jinetes en el amanecer del apocalipsis del punk rock. Ellos encarnaban al perdido, frustrado y enojado espiritu de la juventud. Y eran los mas bellos de todos.

Los Ramones fueron la primera banda punk verdadera. Cuando los cuatro de Forest Hills empezaron a tocar juntos en Agosto de 1974, los Sex pistols todavia estaban copiándose en tests de matemática en la secundaria. Ellos tomaron los riffs tradicionales de los 50's de Chuck Berry y Eddie Cochran y los hicieron tres veces más rápido, rechazando las enfermizas dulces letras de su era y convirtiéndolas en tributos a films de horror, oler pegamento y al amor condenado.

Los Ramones eran fenómenos. Su uniforme consistía en jeans rotos, camisetas y chaquetas de cuero mientras otras bandas en el planeta tocaban algo como la complicada "Dust in the wind" o una canción de ocho minutos de duración.

Los Ramones rompieron la barrera de velocidad del tempo: las canciones alcanzando de 1:15 a 2:30 minutos como máximo. No tenían que impresionar a nadie con su tocada musical. Cada canción era una maravilla de tres acordes. No muchas bandas les dieron crédito, pero miles desde Joan Jett a los Guns n roses tocaron canciones increíblemente similares a las de los cuatro hermanos. Ellos ni siquiera tuvieron un solo de guitarra hasta su cuarto disco "Road to ruin". Un típico setlist en vivo de los Ramones de hora y media de duración incluía más de 26 canciones, cada una de ellas tocada más rápido que las versiones grabadas en el estudio. Cuanto más rápido, mejor: vivir tonto, tocar rápido.

Los Ramones hicieron posible el sobrevivir a los suburbios y la ciudad para muchos chicos, corriendo estrepitosamente a lo largo de los salones de la secundaria cantando "I'm a teenage lobotomy". Esto sería mi grito de batalla contra los tontos wannabes, vestidos de ropa de diseñador y zapatillas de marca que esperaban en una larga cola para ser los consumidores de la tierra a feliz del mañana, lamiendo sus labios con el pensamiento de obtener esos deliciosos trabajos corporativos donde tendrían que salir con una "sonrisa" frente a sus caras y decir "gracias", "gracias", "gracias" como el pasaporte de diversión en sus bocas y para empobrecer su no filtrado vómito dentro de sus ya podridos sistemas. Si no les podía dar una paliza, al menos los iba a espantar..

Los Ramones me fortalecieron con una pared de seguridad punk donde podía deambular con la lengua firmemente fuera, orgulloso del título de "fenómeno: con el que mis semejantes tan consideradamente me habían bautizado. Ellos crearon una manto de seguridad de psicosis para sus miles de pupilos.

Los Ramones son los beethovens de mi generación, la "Blank generation". Nadie tiene que guardar un lugar en el cielo del punk rock para los Ramones, los Ramones son dioses punk.

Oh y, por cierto, empecé una banda yo mismo.





Rusty Nails




martes, agosto 05, 2014



Mariano está parado junto al inodoro. Lo observa- si tan solo apretando un botón se fuera toda la mierda...- piensa. Tiene siete mil preguntas y ninguna respuesta. Intenta mirarse al espejo pero se ve difuso y turbio. Nada cambió después de todo. Nublado, siente que viaja en una nube y que ya olvidó la letra de su canción.

Mariano espera sentado al lado del inodoro y repasa su vida entera en segundos. Cuantas derrotas por dios, de todo tipo y color. Tiembla, grita y llora, todo a la vez. Sabe que sus días fueron un paréntesis de la nada. De la soledad a la soledad. La canilla también pierde, y retumba sin parar marcando el compás de la tristeza. Es de madrugada y la mañana cada vez queda más lejana. Será mejor asi.


Ya casi no existen las canciones, ni las glorias, ni amigos ni enemigos, ni él. Uno se acostumbra a todo, menos al dolor. Los ojos se le cierran. Convencido de que los finales también son un comienzo se seca las lágrimas y los mocos. La carta reposa junto a él. Los argumentos se corrieron con la humedad del piso y el vómito, volviéndose bastante inentendibles. Igual ¿que importa? .


Mariano está recostado al pie de su inodoro. Whisky barato y polvo de hadas para el viaje. Mira al techo sin mirar. Grita en silencio. Los mosaicos le contagian el frío. Otra vez el cosquilleo asesino en la panza, pero más fuerte. El reloj se detiene a las cuatro y veintitrés, la hora más oscura antes de que comience el alba. El dolor cesa. Una sonrisa de alivio le nace entre las mejillas, dispuesta a quedarse allí para siempre.


¿Como era eso de despertar?





lunes, junio 09, 2014



Intento acercarme disimuladamente para demorar, aunque sea unos segundos, el descontrol, pero siempre se da cuenta. Apenas merodeo el lugar donde está su tesoro escondido, para las orejas: ya lo sabe.  En cuestión de instantes vino corriendo y ya lo tengo encima mio ladrando ansiedad.

Abro la puerta del mueble en donde guardo el collar y la correa y la euforia se desata. Otto sabe que le toca salir a pasear. Al menos por un rato, sus paisajes no van a estar atravesados por rejas, como cuando ladra mientras espía por el portón del garage.

Me salta encima para que me apure a ponerle el collar porque no puede esperar un segundo mas, pero cuando intento hacerlo lo muerde con rabia, como sabiendo que, después de todo, andar con correa es libertad a medias, y libertad a medias quizás no sea libertad. Pero se conforma con eso, o por lo menos su cola ezquizofrenica me da a pensar eso.

La puerta se abre y entra en estado de shock. La luz del sol le pega en los ojos y las pupilas se le desorbitan mientras lucha contra la correa que lo obliga caminar más despacio de lo que su adrenalina le manda. Por momentos se ahoga por el tironeo pero no le importa. Es la forma de felicidad más violenta que conozco.

Va y levanta la pata en absolutamente todos los árboles, aunque use solo algunos. Huele todo, conoce el mundo nuevo, se lo quiere devorar de un bocado, se fascina, no me da ni la hora: yo no existo, solo su libertad. Él disfruta mientras yo no puedo relajarme del todo pensando en su paradójica libertad con correa; la idea no me cierra. Pero dudo que a Otto le preocupe esa contradicción mientras ser revuelca en la verde frescura del pasto para aminorar el calor.

Levanto la mirada y veo a un auto pasar con un perro en su interior sacando la cabeza por la ventanilla, con los ojos entrecerrados por el viento pegandole en la cara. Sonrio. Otto ni se percata porque está haciendo amistad con un perro callejero del barrio que lo mira como envidiándole la limpieza y la panza llena sin huesos sobresaliendo. Otto tambien lo observa, como envidiandole su cuello libre de toda atadura y su trote livianito.

Después de un rato el paseo llega a su final. Otto entra de nuevo a mi casa, su casa. Toma agua sin parar. De a poco se le apaga el incendio en el alma. Está un poco más sucio, pero también más feliz. Cuando se calma y vuelve en si, se echa a descansar otra vez en el garage,observando el exterior desde atrás del portón, como ya esperando el próximo recreo y lo imagino pensando en que es mucho más hermoso ser parte del paisaje que mirarlo desde afuera.







sábado, abril 05, 2014



Algunos dicen que se murió de pesimismo. Otros afirman que se enamoró de la mujer equivocada. Pensó que ese amor lo rescataría de la miseria cotidiana, y lo llevaría lejos de este mundo moldeado en excremento, pero se aferró a la heroína equivocada. Una historia triste más.

Iosu vestía de cuero y vagaba por las noches de su Santurtzi natal escupiendo verdades como meteoritos. Y eso más de una vez le costó la suspensión de sus shows, demasiado realistas quizás para una sociedad tan artificial. -Nosotros no cobramos por tocar. Cobramos por las molestias- solía decir.

Por su aspecto de eterno punk derrotado y por sus canciones de provocación rabiosa lo trataban de anti-todo. Respondía indignado: "¿anti-todo yo? Anti-todo es la sociedad y su individualismo absoluto que deja agonizar al de al lado sin ser capaz mover un dedo. Eso es ser anti-todo".

De chico quería ser futbolista. Iba con pocas esperanzas, y muchas ilusiones. Pero el mundo se las fue robando de a poquito, a zarpazos, y cuando le arrancaron la última de las últimas, se aferró fuerte a ella y con ella se fue.

Hoy sus amigos y admiradores luchan por nombrar Iosu Éxpósito a una calle de su tierra, tal vez para homenajearlo, o quizás para dejarlo atravesado en el medio de la ciudad que terminó por matarlo, vendiéndole muerte de a gramos en cada esquina., para que siga incomodándola con su presencia descarriada, como lo hacía con sus canciones inmortales.