viernes, agosto 21, 2015


Es miércoles por la tarde y ahi está otra vez Juan mi amigo anarquista, armando su mesa, acomodando los fanzines, los libros y los discos, compartiendo sus ideas. Comienza nuevamente su ritual preferido: tres veces por semana, mismo lugar, misma hora, misma lucha, siempre invadido por un brillo que no merma: es el sol reflejandose en sus tachas, son las utopias resplandeciendole en la mirada.

Se enfrenta a dos enemigos, el sistema y la indiferencia. Padre e hijo. Pero sigue ahi, firme. Algunos paran y se interesan por lo que quiere contar, son los menos. Otros directamente ni lo miran, o lo miran con desprecio. Es paradójico, Juan dedica gran parte de su vida y sus recursos a luchar para que ese tipo que lo ignora viva un poco mejor. Y lo tildan de soñador.


Tiene facebook. Usa celular, barato, pero celular al fin. Tiene otro trabajo aparte de la anarquia. Cuando lo critican por eso responde siempre lo mismo: soy anarquista, no cavernicola. Los tiempos cambian, las ideas no mueren, se adaptan. El sistema avasallante todo lo abarcó, no hay rincón virgen de sus tentaculos, solo queda resistir, y combatirlo desde adentro. Eso si, no es anarquista de youtube, conoce la calle, ese es su campo de batalla, su tierra fértil.


En ocasiones lo visito y tenemos largas charlas sobre sociedad,  anarquia y existencia. Sabe que me encantan los postulados de la anarquía, pero que me parece casi incompatible con esa incansable naturaleza humana de dominio y poder, esa costumbre de aniquilar todo tipo de igualdad. y que sin embargo suelo leer sus libros porque el ejercicio de soñar me hace bien, porque entre tanta vorágine y destrucción ciertas utopías son un descanso, una especie de refugio, un respiro. No intenta convencerme, ni se pone en sectario, simplemente argumenta. Si no hay respeto, no existe la anarquía, concluye.


Y me habla de Bakunin. de la bomba de Simón, de Durruti, y de tantos de sus héroes casi anónimos, olvidados por la historia oficial. Me cuenta otra vez sobre su obsesión por desterrar el mito de que la anarquía es un quilombo, insiste en que, muy por el contrario, está llena de reglas sobre organización y autogestión, pero siempre es mas fácil repetir que investigar, dice casi suspirando. El tiempo se nos esfuma filosofando en su feria. Casi tres horas se fueron, nadie frenó a hojear un libro o pispear un disco de esos que están plagados de hermosos gritos libertarios. No le importa.


Me despido, le doy un abrazo y le digo que ojalá nos veamos pronto. Quiero mucho a Juan porque me enseñó que los anarquistas son una de las formas de sinceridad más bellas que existe, porque nadie le baja plata, porque no responde a nadie más que a sus sueños, porque no busca su tajada y porque en un mundo lleno de veneno y moretones, comprendí que aun quedan románticos.










Reacciones:

1 visiones:

Carla Ozone dijo...

Personalmente creo que la única manera de vivir todos juntos no depende de la ideología propia ni de la política socialista, anarquista, derechista, etc. Sólo mediante la responsabilidad de cada uno de nuestros pensamientos y actos es posible un mundo mejor.
Y no es utopía, sino autonomía y libertad personal. Pero claro está, eso al que tiene poder sobre los demás no le interesa. Porque el poder corrompe y crea monstruos egocéntricos