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viernes, enero 06, 2017




Soy un caos por dentro, lo admito. También el mundo es un caos aun peor. La diferencia es que yo a mi propio caos suelo comprenderlo, pero el mundo, el mundo me excede. No es un lío de mi propiedad.

Marianela reflexionaba sobre embrollos propios y ajenos en el colectivo camino a su trabajo. Eran epocas de soportar, de cambios abruptos, de pronósticos poco alenatadores. La congoja se refugiaba en ella hacía mucho tiempo. Había comprendido que todo en esta vida está desordenado, que vivimos en un desparramo de sentimientos, gente y experiencias que viven taladrandonos el alma cada béndito día.

En sus auriculares comenzó a sonar una canción. Esa canción. Por la ventanilla el sol nacía una vez más, el cielo ardía naranja. De la nada los ojos se le humedecieron y sintió su vida entera metiendosele en el pecho. Sonrió tenue. Todo calzaba justo. Todo armonizaba: la canción, la vista, sentir. Una paz algo intrusa le cerró los ojos. Entendió entonces que todo caos tiene su tregua, que de vez en cuando al mundo se le da por apiadarse y que en esos pocos segundos todo cobra sentido, todo vale la pena.




viernes, mayo 27, 2016



Te creías especial. No eras tan grande después de todo. ¿Que chiquitas se ven las personas desde allá arriba no?


Pero un día cualquiera miraste tu lana y resultó no ser negra, era muy blanca. Tu cielo no era cielo, tu cielo era de suelo y el pedestal era de papel. Saltar no es volar, uno siempre vuelve.

Miraste resignado al espejo. Atinaste a limpiarlo con el puño de tu campera, mas fue en vano. Eras vos, pero también era él, y ella, y todos esos que siempre subestimaste. Se derrumbaron todas tus maravillas.

La garganta áspera de tragarte verdades absolutistas que van a terminar digeridas y en un inodoro. Y como arde el cuerpo mientras observas incrédulo tus golpes y raspones. Apoyas las yemas de los dedos sobre la sangre fresca. Es roja, como la de todos los demás.



lunes, mayo 16, 2016


De la niebla en sus ojos, escapo. Al mal humor enquistado, gambeteo. Sus miradas indiferentes, su marcha cansina, sus palabras escuetas, son ladrillos de paredes por derribar, de muros que se levantan mañana tras mañana. Cuantos Lunes en un cuerpo, cuantas muecas inertes, cuantos sueños muertos y sepultados. El ir y venir de los movimientos robóticos, la vida circular, una alarma que suena y que no despierta, adormece más.

No quiero formar parte del hormigón. No quiero vivir en piloto automático. Me niego a convertirme en un ser gris. Lo contagioso de lo ceniciento puede llegar a ser abrumador. Amanece en la ciudad plomiza y comienza una nueva carrera diaria contra el degradé del alma, luchando por ser de color, buscando al ánimo escondido en cada rincon de la jungla de los corazones tiesos.

Este es mi recordatorio. Esto es una advertencia. Asesinaré los Lunes, lo prometo.





lunes, marzo 21, 2016



Una bolsa de basura negra.

Llena de sueños, de aventuras, de pensamientos nocturnos. Los recuerdos, las experiencias. La voz que calla y que cuenta que todo ser es maravillosamente único. Canciones, libros, abrazos dados y por dar. Restos. La quietud inexplicable. Abren la bolsa. Que injusto terminar asi.

Una bolsa de basura negra.

¿Recordas todo lo que luchaste para conseguir ese objetivo que te desvelaba? Y lo conseguiste. El esfuerzo fue sobrehumano, fueron muchos años de sudor y rabias, ¿pero quien era capaz de atreverse a robarte la sonrisa interplanetaria que tenias el dia en el que lo lograste? E inmediatamente fuiste por más, te propusiste otra meta aunque quedara a kilometros de mundo. Y caminando, crecías.

¿Podés oirme?

Una bolsa de basura negra.

Con eso llegaron en sus manos a la luz roja de las sirenas. No estaban apurados, ya no había mucho por hacer. Dios, su proceder impávido: me asombra la capacidad de acostumbrarse frente a semejante hecho. Me asustan aquellas personas que se vuelven inmoviles con el tiempo. ¿Por que se vuelven asi?. Se secan.

¿De que tamaño es el futuro? ¿Cuanto mide un alma? ¿Como carajo se las ingenia este mundo hijo de puta para hacer caber a toda una persona en una mísera, estúpida y ordinaria bolsa de basura negra?





miércoles, marzo 09, 2016




No recuerdo a que edad empecé a ser consciente de que estaba allí. Mis primeras imágenes de él son confusas, pero de lo que estoy seguro es que lo veía a lo lejos y desde abajo, muy chiquito.

Con los años fui creciendo, y él también, cuestión de cercanía y perspectiva. La cosa no me importaba demasiado hasta que pude divisar como la gente iba cayendo por ese precipicio. Conocidos y desconocidos desfilaban por ese maldito acantilado, y si dentro mío vivía algo de miedo, ahora se había convertido en terror.

Pasé mi adolescencia entera y parte de mi juventud tratando de buscar una manera totalmente creativa de no llegar a esa muerte dolorosa y estúpida, en cierto modo para evitarsela también a todo ser que estuviera cerca. Me desvié por mil caminos, pero todos desembocaban en uno solo que culminaba directamente en los últimos centímetros del peñasco.

La leyenda cuenta que existe un sendero, escondido, pedregoso, mediante el cual uno puede lograr no terminar echo papilla y escapar quien sabe hacia donde para salvarse, pero es dificilisimo encontrarlo. Mi búsqueda continuó.

Pánico. Puedo contemplar el abismo, su inmensidad mortal. Llegué al momento crítico en el que lo tengo a centímetros, la hora de la decisión más importante de mi vida. Tantos años contemplándolo desde la lejanía, evitando llegar al fatídico punto en el que me encuentro. Puedo detallar cada una de sus rajaduras, la forma de cada piedra que allí vive. Oler el hedor a fallecidos, oir el eco de la desolación. Intento idearme urgentemente el camino salvador, ese del que tanto me hablaron.

Un viento muy fuerte me pega en la cara. Se  mete por mi  boca, la seca por el grito. Los ojos me lagrimean al punto de no poder abrirlos. Un zumbido grueso en los oídos. No se si estoy de pie o de cabeza.




domingo, enero 24, 2016




Después de tanto andar y andar, después de caminar durante días, años, me encuentro perdido en el barrio del fin.

Pregunto si existen mapas, pero sus residentes me contestan que no, que no hay instrucciones para manejarse en este lugar. Cada uno hace lo que puede. Todo es encrucijada: las calles son cortadas que derivan en un callejón sin salida. Deduzco que es difícil escapar. Me pregunto por enésima vez como fue que llegué hasta acá.

Un constante olor a cloaca caracteriza el lugar, como si todo el tiempo estuviese pudriéndose algo. Las casas son viejas, desgastadas, con paredes despintadas y revoque caído. Abundan linyeras sentados en los cordones de las calles, bebiendo océanos de alcoholes: los observo y no paro de pensar  en los hermosos ayeres de los que probablemente hayan sido dueños, ayeres que un día terminaron abruptamente para convertirse en un hoy denso, apesadumbrado, áspero. En el barrio del fin, el presente no es un regalo precisamente. Los miro y me miro. Mejor no miro.

En mi incansable búsqueda de salidas no paro de patear trizas, las veredas están repleta de restos, fragmentos hechos polvos, alguien me dice que lo que estoy pisando son alas rotas. Siento escalofríos. ¿Que demonios es este lugar?. A veces tengo la sensacion de que ya estuve mil veces acá, sin embargo no termino nunca de descifrar este extraño mundo.

De repente me encuentro ante una ruta, excepción fantástica después de tanta callejuela inmunda sin salida. Un cartel anuncia que estoy al final del final. Miro hacia adelante y veo un vasto y enigmático horizonte. Tengo miedo. El barrio del fin era incomodo pero no tanto como el hecho de decidir cambiar.

Doy un primer paso temeroso, vuelvo a mirar la ruta. Doy otro paso, termina el final ¿Y ahora que viene?







viernes, enero 08, 2016



Tengo la costumbre de espiar al mundo a través del fondo de un vaso mientras bebo su contenido. Cuando me encuentro haciendolo se que otra vez estoy sintiendome lejano a todo, como solitario en otra galaxia y entonces el vaso funciona como telescopio. Observo los detalles de los felices a años luz.

Marea alta de whisky directo a mis labios. Cataratas en mi garganta y el mundo a través del vidrio que se ve distorsionado. Aun más distorsionado de lo que es.

Suspiro y libero lugar adentro para volcar mas elixir. Y entonces me hundo cada vez más, y el telescopio se convierte en periscopio. Poco escucho desde la profundidad, la luz casi no llega. El periscopio me dice que allá arriba todo parece seguir igual de bien, sin mi. Soy el capitán de mi naufragio.

Finalmente la caida termina y siento el suelo arenoso. Todo flota y comienza a emerger a la superficie por fuerza natural: las pertenencias de mis bolsillos, mi brújula, las burbujas desesperadas que salen de mi boca. Absolutamente todo asciende, menos mi vaso y yo.

viernes, diciembre 25, 2015




LUNES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MARTES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MIERCOLES

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


Podría continuar este texto, pero usted ya sabe lo que viene. Prefiero no seguirlo, que para aburrirse usted ya tiene su propia rutina.




viernes, diciembre 18, 2015




No encontrabas explicación. Aunque te había pasado mil veces, seguías sin acostumbrarte Clara. De la nada te nacía un llanto anónimo, un nuevo llanto desconocido. Como si tu esencia estuviese compuesta solo de lágrimas y eso te llevara indefectiblemente a buscar refugio en un abrazo medicinal, una y otra vez.


Recuerdo cuando me decías, con algo de temor, que encontrabas una cierta e inexplicable comodidad en la tristeza. Que algo te picaba durante los días de dicha, como si fueras una forastera de la felicidad, descubriendo armonías infinitas en las canciones tristes, en los textos melancolicos, en los finales abruptos. Siempre te sentiste algo intrusa.

Quizás era la falta de costumbre a la algarabía, tal vez tanta desgracia en el aire, constante, invencible nos había vuelto parte de la angustia universal o, simplemente, la firme convicción de que los humanos no estamos preparados ser felices del todo, porque tenemos el alma pinchada por las heridas, y por eso nunca se termina de llenar.




lunes, noviembre 23, 2015



Aquella medianoche en el acantilado me preguntaste si amaba al mundo o si lo odiaba. Que me veías confundido, dubitativo, bipolar, torturado por una dicotomia permanente. Mis ropas negras, mis ganas de conquistar cada rincón, mi corazón de barro, mis esperanzas de flama eterna. La respuesta no era poca cosa asi que pedí un tiempo para responderla. Realmente yo tampoco lo sabía.

Durante esos días anduve todo lo que pude, caminé el mundo, lo observé, lo abracé, lo escupí.  Fui anotando en una bitácora las experiencias, todo lo que me rodeaba.

La música y la guerra.
Los perros y la muerte.
Las verdades, las mentiras.
Los besos electricos, los abrazos muertos.
Los voluntarios, los corruptos.
La paz y el regocijo de los viajes. La distancia implacable.
El amor, la indiferencia.
El fútbol, las torturas.
La lluvia, el viento y los hijos de puta.
Los heroes, las religiones.
La naturaleza, las cartas rotas.
Las delicias, la violencia.
El fuego, los terremotos.
Los niños, la vejez.
El sexo y los suicidas
Vos.
Yo.
Ellos.

Pasó un largo año desde que nos volvimos a ver, exactamente en el mismo lugar que aquella vez. Esbocé mi respuesta, la esperabas ansiosa. Soy cambio, soy contradiccion, soy evolución. Amo al mundo? Si. Odio al mundo? También. No puedo amarlo todo el tiempo, no puedo odiarlo todo el tiempo. Soy sensible, permeable al entorno, nada implacable. Soy parte de mi alrededor, soy ese alrededor, y a veces soy precioso, y a veces no tanto. Yo también soy el mundo. Clara, mi vinculo con el mundo es una intensa relación de amor/odio, diría que en partes iguales. Este lugar puede ser el cielo, como vos pensás, pero también el infierno más feroz. Fue quien me dio la vida, será quien me la quite.

Asentiste no muy convencida, como no creyéndome demasiado. Poco te duró lo agridulce de mi respuesta. Una sonrisa victoriosa comenzó a nacerte mientras yo miraba la luna distraído y fascinado.



sábado, noviembre 14, 2015

viernes, octubre 16, 2015



Llega de repente la claustrofobia y caigo en la cuenta de que pasó otra vez. De cuando en cuando el destino se encarga de encerrarme en un frasco. Y esta historia ya la conozco.

El vidrio se empaña de suspiros, todo es difuso, no puedo ver nada claramente, ni escuchar lo que proviene del exterior. La tapa allá arriba está invenciblemente cerrada, me olvido de ver el cielo. La luz del sol me llega apenas tenue y el frío comienza a hacerse costumbre.

La vida sigue transcurriendo allá afuera, pero yo me siento en pausa. Temo terminar igual que aquellos amigos que no sobrevivieron al frasco, y que de tanto llorar alli sucumbieron, ahogándose en su propia marea de lágrimas.

Conozco la fórmula para escapar, la aprendí de la experiencia, pero depende de la paciencia, la fuerza y algo más que aun no logro descifrar. Consta de romper gradualmente con lo hermético, varias patadas diarias. A su vez ir haciendo pequeños agujeros en la tapa, para que puedan colarse los rayos del sol, los sonidos, el aire salvador, y entonces si, juntar fuerzas, renovarse y llegar al maravilloso día en el que uno rompe el vidrio de una brutal patada final: por fin el mundo externo tira más que el interno. Entonces el frasco estalla, y uno se astilla cuando se fuga y sangra un poco, y duele, y el viento vuelve a pegar en la cara, y el mundo vuelve a expandirse inmenso, infinito, precioso.

viernes, octubre 09, 2015

















Nada niño, nada.
Escapa de un mundo partido
baleado, mal parido.
Huye a algún lugar
en el que poder jugar.

Nada, niño nada
Bracea, patalea fuerte.
Que las olas son tsunamis.
Que los monstruos resultaron ser humanos.
Que todo es bullicio.

Que los brazos del hombre
se hicieron para mecerte los sueños
y no para levantar tus depojos.
¿Que querés ser cuando seas grande?
Quiero ser.

No revuelvas más en sus corazones
Ya no busques inocente niño,
algún atizbo de piedad, una mera rafaga de empatía.
Es en vano.
Solo encontraras
nada niño, nada.

miércoles, septiembre 23, 2015



Finalmente implementó la regla de los tres segundos de la que tanto le habían hablado. Contó hasta tres, respiró profundo y le dijo todo. Asi, de sopetón. Su corazón dejó de ser un oscuro depósito de verdades estancadas durante meses. Su cara siempre fascinante demostraba sorpresa, aunque no le creyó demasiado. Fueron 5 minutos violentos, o seis años de silencio, nunca lo supo muy bien. Ella lagrimeó. El bajó la mirada. Las cosas no estaban saliendo como esperaba. O si.


Ella se retiró de la escena y empezó la cuenta regresiva más cruel. Su esperanza medía exactamente cien metros, la distancia hasta la otra esquina. Se quedó observándola, pocas veces había estado tan triste. Rogaba que ella se diera vuelta, que corriera hacia él y que sus ojos le gritaran redención, para luego sellar sus destinos en un beso. Los metros pasaban, y ella caminaba, cada vez más despacio, quizás sin darse cuenta, como si los pasos le dolieran. Una especie de suspenso embustero.

Finalmente ella llegó a la esquina y dobló. Nunca giró hacia él y la perdió de vista. Derrotado, se quedó un buen rato en el mismo lugar, inmóvil, insoportable, agotado. Comprendió entonces, que los corazones mas fuertes, más libres, eran a prueba de mirar hacia atrás.


jueves, agosto 13, 2015




Todo sucedió despacio y gradualmente. Soñaba con volar alto, muy alto, pero me encontré con que el suelo se convirtió en mi hábitat natural. Tenía la desesperante sensación de que todo alrededor se volvía inmenso: las casas, los edificios, los autos, las personas. Pude notar, sin embargo, que todo aquello se mantenía igual e invariable, pues el único que cambiaba era yo. No paraba de menguar.

El tiempo pasaba y yo sentía como me encogía, me arrugaba lentamente como lo hacen los papeles devorados por el fuego. Ardía por dentro de impotencia y todo me costaba cada vez mas. La gente no me escuchaba allá arriba, no llegaba a pisar el acelerador de mi automovil, ni siquiera podía abrir las puertas, los picaportes se habían tornado inalcanzables.

Me fui volviendo cada vez mas frágil y sensible. Mis oídos no soportaban los ruidos, todo me quedaba lejos: las distancias se me tornaron imposibles. Y me seguía achicando. Las personas ya no me veían, no notaban mi presencia y tenia que esquivar sus pisadas: el mundo me quedó grande y se volvió un lugar hostil, el inexorable destino de mi alma casi ausente era terminar pegado y destripado en la suela de un zapato.

Y me fui quedando solo. Solo y pequeño, cada vez más lejos del sol. Ya nada estaba a mi alcance. Pude conocer bien de cerca la soledad de la marginacion, el hediondo fracaso de quedar obsoleto, y mis días y noches continúan así, esperando con una mezcla de miedo y ansiedad esta cuenta regresiva de los centímetros de mi existencia que tienden, inevitablemente, a la serenidad del cero.





miércoles, julio 22, 2015




Suelo morirme a veces.

Aquella noche miré a través de la ventanilla del colectivo empañada por la lluvia y pensé: es una hermosa noche para estar triste. Llueve adentro, llueve afuera, el colapso, los estruendos, soy parte del paisaje.

Atrás quedaron la gente y el bullicio. Desentoné otra vez, y no los soporté. Fue un escape imperfecto, de esquirlas, lo se. Perdón. Huí a encerrarme en mi soledad. Me encontré agotado, exhausto de mi. De mis cambios, de mis arranques de rabia, de sentirme afuera de todo. Y fueron horas de no sentir, de desconocer mis placeres, de tener dormidos los sentidos. Cuando la música no logra penetrarme el alma, cuando no siento ese apetito voraz por su cuerpo de mil maravillas, entonces tengo la desesperante certeza de estar muerto.

Es el otoño de los sueños, el frío de estar parado a la sombra de la gloria. Las lagrimas no nacen, ni mueren. Es tener la mirada apagada de los fallecidos. Inerte. Insulso. Oscuro. No poseo energía suficiente para pensar. Solo quiero cerrar los ojos y olvidar, descansar de mi, para en unas horas esperar la resurrección. Otra vez.



lunes, mayo 11, 2015


No nací sordomudo, no sufro de afonía, sin embargo no puedo hablarte. Tengo tantas cosas para contarte que no se por donde empezar, aunque siendo sincero, tampoco se como empezar.

Solo basta verte para que irrumpa violentamente desde el suelo la muralla mas horrible de todas y se interponga entre nosotros dos. ¿Sabías? siempre consideré a la timidez como un muro negro, altísimo, irrompible, invencible. Y yo nunca supe trepar.

Mis noches se redujeron a practicar cada palabra del discurso que te daría, para que pudieras entender todo lo que me pasa, pero es en vano, nunca puedo decirlo, se me mueren adentro las verdades mas sinceras, las intenciones mas desesperadas. A veces juro que no se si son lágrimas, o mis palabras intentando escapar de su cárcel como sea. Es desgarrador ser uno mismo la prisión.

Y agonizo en impotencia e inoperancia. Soy el hombre menguante. No te das una idea de como lo intento, solo yo conozco mi esfuerzo. Pero no me sale. Suelo probar bebiendo coraje liquido e inundo mi alma en alcohol para ayudar a subir todo lo que tengo que decir. Pero mis verdades no saben flotar, se ahogan.

Siempre la misma historia. Siempre el mismo final agrio. Otra noche de derroche y frustración en la que enfermo de rabia. Quisiera asesinar a mi timidez. Masacrarla, estrangularla, acuchillarla, y en un acto de justicia infinita ser el autor material de la tragedia que termine de una vez con la mía.  Pero no me animo.