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viernes, enero 06, 2017




Soy un caos por dentro, lo admito. También el mundo es un caos aun peor. La diferencia es que yo a mi propio caos suelo comprenderlo, pero el mundo, el mundo me excede. No es un lío de mi propiedad.

Marianela reflexionaba sobre embrollos propios y ajenos en el colectivo camino a su trabajo. Eran epocas de soportar, de cambios abruptos, de pronósticos poco alenatadores. La congoja se refugiaba en ella hacía mucho tiempo. Había comprendido que todo en esta vida está desordenado, que vivimos en un desparramo de sentimientos, gente y experiencias que viven taladrandonos el alma cada béndito día.

En sus auriculares comenzó a sonar una canción. Esa canción. Por la ventanilla el sol nacía una vez más, el cielo ardía naranja. De la nada los ojos se le humedecieron y sintió su vida entera metiendosele en el pecho. Sonrió tenue. Todo calzaba justo. Todo armonizaba: la canción, la vista, sentir. Una paz algo intrusa le cerró los ojos. Entendió entonces que todo caos tiene su tregua, que de vez en cuando al mundo se le da por apiadarse y que en esos pocos segundos todo cobra sentido, todo vale la pena.




lunes, septiembre 12, 2016




¿Alguna vez entraste de día a una discoteca?

Las discotecas de día suelen ser un mísero galpón mugriento. Todas sus imperfecciones, su suciedad, sus rajaduras, quedan expuestas a los ojos de quien se anime a mirarlas de tarde.

No hay oscuridad que esconda los defectos, ni juegos de luces que simulen un mundo fantástico y exaltado. Tampoco suena la música para distraer, ni corre el alcohol para generar la inconsciencia del asunto. Las unicas bebidas que uno puede encontrar son los restos en los vasos desparramados por el suelo. La bola no brilla en el techo. La gente no camina por las pasarelas. La quietud es implacable.


¿Alguna vez entraste de noche a una discoteca?

Las mujeres coquetean bajo decenas de capas de maquillaje. Colores forásteros en la cara, máscaras sútiles, rostros ficticios. Los hombres sucumben al ardid, visten como nunca, ropa con olor a naftalina disimulada por litros de perfume. Rara vez se ven asi de dia. Rara vez huelen asi de día.

Suenan canciones que solo pueden gustar en el bullicio de una discoteca y la distorsión de la situación. De día suenan peladas. Les falta algo. Les falta todo. Marea de gente mareada, la marcha de los besos sin corazón, de los tragos ladrones, de los saludos sin alma. Hola, ¿como estas? Bien, aunque se que no te importa. Abrazo efusivo. ¿Quien eras?. Use y tire.

Él quiere estar con ella, ella quiere estar con él. Bailan, él avanza, ella histeriquea un poco. Él le tira flores de plástico. Ella las huele y sonrie, sabe que le mienten pero compra: al autoestima le encanta la comida chatarra. Se van de la mano por la puerta de entrada, todavía no se probaron. Afuera será otra historia. Afuera siempre es otra historia.






lunes, junio 06, 2016



La Jungla de Santa Julia es un lugar complicado desde que se entra hasta que finalmente se logra salir de allí. Uno no sabe muy bien como es que llega, ni cuanto va a tardar en salir ¿Se sale? ¿Se escapa?.

Sus aires de nocturnidad dan la sensación de encontrarse en una noche eterna. Debido a la tupida vegetación que alli nace y crece no puede verse el cielo. Rara vez un rayo rebelde de sol logra vencer a las copas de los arboles. Santa Julia es un lugar muy frío, y gran parte se debe precisamente a esa falta de sol.

Hay quienes dicen que una vez inmerso en esta selva de peligros constantes uno no vive, sobrevive. Peligro de morir de frío, por depredadores, por resignación, por cansancio. Este sitio no es la excepción: acá tambien rige la ley de la selva.

La leyenda cuenta que vista desde las nubes, la jungla está llena de pequeños puntos brillosos. Son fogatas desparramadas por toda su existencia. Alrededor del fuego uno puede encontrarse con un solitario perdido, o con varias personas compartiendolo. Son las unicas esperanzas para poder continuar. Pequeños soplos de luz y calor en lo mortífero de la oscuridad. Arden las llamas como refugios que provocan la amnesia del alivio: por un momento uno olvida que se encuentra en un lugar tan hostil. ¿Por que están allí? ¿De donde salieron?  A veces, con paciencia, troncos y callos en las manos uno puede darles vida. Otras veces simplemente aparecen.

Pero existe una tercera opción. La temida. La que no tiene respuesta. ¿Cuanto duraran ardiendo? ¿Que sucederá si se apagan?, o, quizás, la duda más peligrosa: ¿Y que si uno recorre cada kilometro de jungla y jamas encuentra el fuego?




viernes, mayo 27, 2016



Te creías especial. No eras tan grande después de todo. ¿Que chiquitas se ven las personas desde allá arriba no?


Pero un día cualquiera miraste tu lana y resultó no ser negra, era muy blanca. Tu cielo no era cielo, tu cielo era de suelo y el pedestal era de papel. Saltar no es volar, uno siempre vuelve.

Miraste resignado al espejo. Atinaste a limpiarlo con el puño de tu campera, mas fue en vano. Eras vos, pero también era él, y ella, y todos esos que siempre subestimaste. Se derrumbaron todas tus maravillas.

La garganta áspera de tragarte verdades absolutistas que van a terminar digeridas y en un inodoro. Y como arde el cuerpo mientras observas incrédulo tus golpes y raspones. Apoyas las yemas de los dedos sobre la sangre fresca. Es roja, como la de todos los demás.



lunes, mayo 16, 2016


De la niebla en sus ojos, escapo. Al mal humor enquistado, gambeteo. Sus miradas indiferentes, su marcha cansina, sus palabras escuetas, son ladrillos de paredes por derribar, de muros que se levantan mañana tras mañana. Cuantos Lunes en un cuerpo, cuantas muecas inertes, cuantos sueños muertos y sepultados. El ir y venir de los movimientos robóticos, la vida circular, una alarma que suena y que no despierta, adormece más.

No quiero formar parte del hormigón. No quiero vivir en piloto automático. Me niego a convertirme en un ser gris. Lo contagioso de lo ceniciento puede llegar a ser abrumador. Amanece en la ciudad plomiza y comienza una nueva carrera diaria contra el degradé del alma, luchando por ser de color, buscando al ánimo escondido en cada rincon de la jungla de los corazones tiesos.

Este es mi recordatorio. Esto es una advertencia. Asesinaré los Lunes, lo prometo.





viernes, abril 29, 2016




Es de día pero es de noche otra vez. El cielo turbio, el ambiente espeso. Es cuestión de segundos para que nazca el estruendo inicial.

Frente a ese granizo gélido y bullicioso supimos construirnos refugios. Nos inventamos los besos y los abrazos para soportar el frío y los impactos, cubriendonos unos a otros, envolviendonos.

Creamos canciones y las cantamos a los gritos para no escuchar la piedra pegando en el techo, en los vidrios, en la cara, en el alma, rompiendolo todo. Siempre estuvo la música para combatir al susto.

Bebimos litros y litros de vino para olvidarnos que el granizo está ahí, cayendo siempre, golpeando duro. Apuntamos el vaso hacia el cielo en medio del temporal. Y que importa el agua en la cara, el vino ardiendo en los ojos, si al menos este trago va a estar fresco para brindar. 





martes, marzo 29, 2016




Me gusta contemplar los árboles, perderme en lo alto de las ramas anárquicas que anhelan el cielo y quieren llegar al sol. Las que cobijan nidos son mis preferidas, están llenas de futuros y melodías. Pero cada vez que miro los árboles termino pensando en la semilla, en los brotes, en el tiempo, la paciencia. Me descubro con los ojos cerrados.

No me canso de mirar el cielo. Y aunque cada mediodía me maraville con el firmamento  único e irrepetible, me pierdo en el pájaro que cruza mi campo de visión volando veloz el celeste profundo. Concentro mis pensamientos en él, surcándolo, tragandoselo, y puedo sentir como me crecen alas por unos segundos atacándome la sensación de que en ese momento placentero es el cielo el que quiere venir a mi y no al revés. Ya está unos centímetros más cerca, lo se.

Entonces no puedo evitar pensar en la chispa atrevida que da paso a la fogata, en la primera gota de lluvia que inaugura la tormenta que le dará otro color a la ciudad. En el primer beso de dos futuros amantes.

Creo, al fin y al cabo, en las revoluciones individuales en pos de las colectivas. En el regocijo vibrante de ese primer pensamiento inquieto que fecunda la mente y el alma. Creo en lo revolucionario de la música y los libros, en su poder transformador, en esa alarma que es el arte para despertarnos de la somnoliente pasividad que nos invade. Será por eso que escribo canciones e historias. Será por eso que me dejo atravesar por ellas. Y esa es mi lucha, mi calma, mi razón.





lunes, marzo 21, 2016



Una bolsa de basura negra.

Llena de sueños, de aventuras, de pensamientos nocturnos. Los recuerdos, las experiencias. La voz que calla y que cuenta que todo ser es maravillosamente único. Canciones, libros, abrazos dados y por dar. Restos. La quietud inexplicable. Abren la bolsa. Que injusto terminar asi.

Una bolsa de basura negra.

¿Recordas todo lo que luchaste para conseguir ese objetivo que te desvelaba? Y lo conseguiste. El esfuerzo fue sobrehumano, fueron muchos años de sudor y rabias, ¿pero quien era capaz de atreverse a robarte la sonrisa interplanetaria que tenias el dia en el que lo lograste? E inmediatamente fuiste por más, te propusiste otra meta aunque quedara a kilometros de mundo. Y caminando, crecías.

¿Podés oirme?

Una bolsa de basura negra.

Con eso llegaron en sus manos a la luz roja de las sirenas. No estaban apurados, ya no había mucho por hacer. Dios, su proceder impávido: me asombra la capacidad de acostumbrarse frente a semejante hecho. Me asustan aquellas personas que se vuelven inmoviles con el tiempo. ¿Por que se vuelven asi?. Se secan.

¿De que tamaño es el futuro? ¿Cuanto mide un alma? ¿Como carajo se las ingenia este mundo hijo de puta para hacer caber a toda una persona en una mísera, estúpida y ordinaria bolsa de basura negra?





miércoles, marzo 09, 2016




No recuerdo a que edad empecé a ser consciente de que estaba allí. Mis primeras imágenes de él son confusas, pero de lo que estoy seguro es que lo veía a lo lejos y desde abajo, muy chiquito.

Con los años fui creciendo, y él también, cuestión de cercanía y perspectiva. La cosa no me importaba demasiado hasta que pude divisar como la gente iba cayendo por ese precipicio. Conocidos y desconocidos desfilaban por ese maldito acantilado, y si dentro mío vivía algo de miedo, ahora se había convertido en terror.

Pasé mi adolescencia entera y parte de mi juventud tratando de buscar una manera totalmente creativa de no llegar a esa muerte dolorosa y estúpida, en cierto modo para evitarsela también a todo ser que estuviera cerca. Me desvié por mil caminos, pero todos desembocaban en uno solo que culminaba directamente en los últimos centímetros del peñasco.

La leyenda cuenta que existe un sendero, escondido, pedregoso, mediante el cual uno puede lograr no terminar echo papilla y escapar quien sabe hacia donde para salvarse, pero es dificilisimo encontrarlo. Mi búsqueda continuó.

Pánico. Puedo contemplar el abismo, su inmensidad mortal. Llegué al momento crítico en el que lo tengo a centímetros, la hora de la decisión más importante de mi vida. Tantos años contemplándolo desde la lejanía, evitando llegar al fatídico punto en el que me encuentro. Puedo detallar cada una de sus rajaduras, la forma de cada piedra que allí vive. Oler el hedor a fallecidos, oir el eco de la desolación. Intento idearme urgentemente el camino salvador, ese del que tanto me hablaron.

Un viento muy fuerte me pega en la cara. Se  mete por mi  boca, la seca por el grito. Los ojos me lagrimean al punto de no poder abrirlos. Un zumbido grueso en los oídos. No se si estoy de pie o de cabeza.




lunes, febrero 29, 2016





Ella escapó de acá. Ya nada quedaba por conquistar en este pueblo cuadrado. Tuvo todas las tristezas que podía tener, río todas las alegrías posibles, probó el sabor de los amores vecinos, escuchó todos los comentarios absurdos e ignorantes, pero ya no más.


 Cuando el entorno le quedó chico, armó su valija. Cuando le quisieron raptar la libertad, dijo adios. Y cuando dijo adiós, sin darse cuenta, estaba diciendo hola.







jueves, febrero 18, 2016

 
Desfachatado e irreverente. Asi era Ariel cuando lo conocí aquella noche de copas. 

Poco pude contarle sobre como en tan solo unos meses mi vida había cobrado forma de espiral, dando vueltas y vueltas en descenso, cada vez más pequeñas para terminar invariablemente en lo penetrante de la nada misma. "No digas más, te miré y lo supe desde el primer momento" interrumpió, haciendome saber la importancia de los ojos: "Todo vive en las miradas"

Sin movernos de nuestra banqueta pero con los vasos un poco más vacíos me llevó a dar un paseo por lo inverso de su mundo. Me trasladó a un lugar donde el cielo se encontraba abajo, podías sentirlo, eras parte de él. Al final no era tan inalcanzable como me habían dicho. Conocí la tierra de los corazones victoriosos, las mentes derrotadas y las almas relucientes. Los paisajes adoptan otra forma si se los mira al revés, siempre existe otra alternativa. Las instrucciones no lo moldean a uno, sino que uno crea reglas a su manera, y entonces la vida se vuelve mucho más rica y variada, se reproducen los caminos y hay muchos más lugares a donde llegar.

Algo fundamental: en el mundo al revés se camina a contramano, y a la gente se le ven los ojos, no la espalda. Eso si, se avanza con el viento en contra, por lo que el trayecto se hace más pesado, pero puede uno sentir el viento pegándole en la cara y confirmar que se está más vivo que nunca.

Sin darme cuenta salté de mundo y allí me quedé con Ariel, explorandolo, viviéndolo. Pude ver como mi nuevo amigo experto en invertir ( y no precisamente dinero) había dado vuelta también mi espiral: ya no estaba en declive muriendo en el embudo de los días, había renacido desde la nada, ascendiendo en giros cada vez más inmensos,casi volando, casi bailando.



lunes, febrero 08, 2016




No concuerdo Guillermo. No estamos tan lejos.

¿Te acordás cuando venías todas las tardes a mi casa a tomar cerveza y desde el balcón espiábamos a la chica de en frente? Nos imaginábamos que pasaría cuando cerraba la puerta después de volver del supermercado. ¿Que hacía ahí adentro? ¿Como sería su casa, su escondite? Su hogar era una caja de pandora para nosotros. Nuestros pensamientos diseñaron cien casas distintas, y hoy no sabemos que fue de aquella piba, pero su casa terminó siendo la tuya porque el alquiler estaba barato, te la conoces de memoria e incluso somos vecinos.

Aquella oficina a la que fuiste dos veces en tu vida a hacer algún tramite que no terminabas de entender demasiado, de repente se convirtió en uno de los principales escenarios de tu vida. Entraste a trabajar ahí, pasas un tercio de tus días en esos escritorios y ahora estás del otro lado del mostrador, probablemente atendiendo a algún futuro compañero de trabajo sin saberlo.

Y ese perro callejero mugroso al que le dabas de comer cuando lo encontrabas en cualquier rincón de la ciudad, hoy nos mira desde la ventana de tu casa, está eufórico esperando que llegues y juegues un rato con él. te necesita tanto...

¿Esa chica que cruzabas en el ascensor a la que ni le prestabas atención porque andabas metido en tus cosas? ¿Te acordás? Esa con la que hablabas del tiempo en el trayecto del séptimo piso a la planta baja? El pronóstico era siempre el mismo: clima de incomodidad. No sabías nada de ella y pasaba completamente desapercibida, solamente querías llegar al cero, nunca fuiste muy sociable. Diez años después amanece todos los días en tu cama y se desvive por cuidar a tu hijo.

¿Sabés Guillermo? Andamos desperdigados por ahí, eligiendo caminos todos los días, algunos son eternamente paralelos, otros terminan cruzándose en cualquier esquina. No coincido con vos, el futuro no está tan lejos ni es tan misterioso. Está ahi, bien camuflado, todo desparramado en el presente aunque no lo veamos, preparado para sorprendernos en el momento menos esperado.



domingo, enero 24, 2016




Después de tanto andar y andar, después de caminar durante días, años, me encuentro perdido en el barrio del fin.

Pregunto si existen mapas, pero sus residentes me contestan que no, que no hay instrucciones para manejarse en este lugar. Cada uno hace lo que puede. Todo es encrucijada: las calles son cortadas que derivan en un callejón sin salida. Deduzco que es difícil escapar. Me pregunto por enésima vez como fue que llegué hasta acá.

Un constante olor a cloaca caracteriza el lugar, como si todo el tiempo estuviese pudriéndose algo. Las casas son viejas, desgastadas, con paredes despintadas y revoque caído. Abundan linyeras sentados en los cordones de las calles, bebiendo océanos de alcoholes: los observo y no paro de pensar  en los hermosos ayeres de los que probablemente hayan sido dueños, ayeres que un día terminaron abruptamente para convertirse en un hoy denso, apesadumbrado, áspero. En el barrio del fin, el presente no es un regalo precisamente. Los miro y me miro. Mejor no miro.

En mi incansable búsqueda de salidas no paro de patear trizas, las veredas están repleta de restos, fragmentos hechos polvos, alguien me dice que lo que estoy pisando son alas rotas. Siento escalofríos. ¿Que demonios es este lugar?. A veces tengo la sensacion de que ya estuve mil veces acá, sin embargo no termino nunca de descifrar este extraño mundo.

De repente me encuentro ante una ruta, excepción fantástica después de tanta callejuela inmunda sin salida. Un cartel anuncia que estoy al final del final. Miro hacia adelante y veo un vasto y enigmático horizonte. Tengo miedo. El barrio del fin era incomodo pero no tanto como el hecho de decidir cambiar.

Doy un primer paso temeroso, vuelvo a mirar la ruta. Doy otro paso, termina el final ¿Y ahora que viene?







viernes, enero 08, 2016



Tengo la costumbre de espiar al mundo a través del fondo de un vaso mientras bebo su contenido. Cuando me encuentro haciendolo se que otra vez estoy sintiendome lejano a todo, como solitario en otra galaxia y entonces el vaso funciona como telescopio. Observo los detalles de los felices a años luz.

Marea alta de whisky directo a mis labios. Cataratas en mi garganta y el mundo a través del vidrio que se ve distorsionado. Aun más distorsionado de lo que es.

Suspiro y libero lugar adentro para volcar mas elixir. Y entonces me hundo cada vez más, y el telescopio se convierte en periscopio. Poco escucho desde la profundidad, la luz casi no llega. El periscopio me dice que allá arriba todo parece seguir igual de bien, sin mi. Soy el capitán de mi naufragio.

Finalmente la caida termina y siento el suelo arenoso. Todo flota y comienza a emerger a la superficie por fuerza natural: las pertenencias de mis bolsillos, mi brújula, las burbujas desesperadas que salen de mi boca. Absolutamente todo asciende, menos mi vaso y yo.

viernes, diciembre 25, 2015




LUNES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MARTES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MIERCOLES

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


Podría continuar este texto, pero usted ya sabe lo que viene. Prefiero no seguirlo, que para aburrirse usted ya tiene su propia rutina.




viernes, diciembre 18, 2015




No encontrabas explicación. Aunque te había pasado mil veces, seguías sin acostumbrarte Clara. De la nada te nacía un llanto anónimo, un nuevo llanto desconocido. Como si tu esencia estuviese compuesta solo de lágrimas y eso te llevara indefectiblemente a buscar refugio en un abrazo medicinal, una y otra vez.


Recuerdo cuando me decías, con algo de temor, que encontrabas una cierta e inexplicable comodidad en la tristeza. Que algo te picaba durante los días de dicha, como si fueras una forastera de la felicidad, descubriendo armonías infinitas en las canciones tristes, en los textos melancolicos, en los finales abruptos. Siempre te sentiste algo intrusa.

Quizás era la falta de costumbre a la algarabía, tal vez tanta desgracia en el aire, constante, invencible nos había vuelto parte de la angustia universal o, simplemente, la firme convicción de que los humanos no estamos preparados ser felices del todo, porque tenemos el alma pinchada por las heridas, y por eso nunca se termina de llenar.




jueves, diciembre 03, 2015



No la conocías pero te habían hablado varias veces de aquella criatura. De su cuerpo cubierto de escamas, de la ferocidad de sus rugidos, de su comportamiento anormal, amoral. Rogaban que te cuidaras de él, que con solo verlo podías sucumbir al más agudo de los pánicos. Entonces siempre trataste de cuidarte, de ser precavido, de cumplir al pie de la letra todas las advertencias.

Pero un día cualquiera lo tuviste en frente tuyo, allí ,en el medio de una turbia oscuridad. Quedaste paralizado e inmovil. Él tampoco se movía. Ambos respiraban agitados. Varios segundos pasaron asi. Lo miraste a los ojos, te entregaste a sus pupilas, pudiste comprender la inmensidad de la tristeza que lo ahogaba y entendiste su imagen roñosa, su dejadez, su desidia. Lograste deducir que las escamas eran por pura protección y traducir esos rugidos no como intentos de espantar, sino como pedidos desesperados: cualquiera se convierte en bestia si insisten con alejarlo de todo una y otra vez, todo monstruo nace del rechazo. Sentiste una mezcla de empatía y compasión. El monstruo bajó la mirada. Nunca atacó.

Entonces te sentiste inverso por enésima vez y preguntaste - ¿Qué pasa si me gustan los monstruos? ¿Que es esta fascinación que estoy comenzando a sentir por ellos? Una vez más las experiencias te torcieron verdades que parecían emplazadas en cemento. Te habían dicho que los monstruos tampoco se reflejaban en los espejos. Te mintieron otra vez.




lunes, noviembre 23, 2015



Aquella medianoche en el acantilado me preguntaste si amaba al mundo o si lo odiaba. Que me veías confundido, dubitativo, bipolar, torturado por una dicotomia permanente. Mis ropas negras, mis ganas de conquistar cada rincón, mi corazón de barro, mis esperanzas de flama eterna. La respuesta no era poca cosa asi que pedí un tiempo para responderla. Realmente yo tampoco lo sabía.

Durante esos días anduve todo lo que pude, caminé el mundo, lo observé, lo abracé, lo escupí.  Fui anotando en una bitácora las experiencias, todo lo que me rodeaba.

La música y la guerra.
Los perros y la muerte.
Las verdades, las mentiras.
Los besos electricos, los abrazos muertos.
Los voluntarios, los corruptos.
La paz y el regocijo de los viajes. La distancia implacable.
El amor, la indiferencia.
El fútbol, las torturas.
La lluvia, el viento y los hijos de puta.
Los heroes, las religiones.
La naturaleza, las cartas rotas.
Las delicias, la violencia.
El fuego, los terremotos.
Los niños, la vejez.
El sexo y los suicidas
Vos.
Yo.
Ellos.

Pasó un largo año desde que nos volvimos a ver, exactamente en el mismo lugar que aquella vez. Esbocé mi respuesta, la esperabas ansiosa. Soy cambio, soy contradiccion, soy evolución. Amo al mundo? Si. Odio al mundo? También. No puedo amarlo todo el tiempo, no puedo odiarlo todo el tiempo. Soy sensible, permeable al entorno, nada implacable. Soy parte de mi alrededor, soy ese alrededor, y a veces soy precioso, y a veces no tanto. Yo también soy el mundo. Clara, mi vinculo con el mundo es una intensa relación de amor/odio, diría que en partes iguales. Este lugar puede ser el cielo, como vos pensás, pero también el infierno más feroz. Fue quien me dio la vida, será quien me la quite.

Asentiste no muy convencida, como no creyéndome demasiado. Poco te duró lo agridulce de mi respuesta. Una sonrisa victoriosa comenzó a nacerte mientras yo miraba la luna distraído y fascinado.



sábado, noviembre 14, 2015