viernes, abril 29, 2016




Es de día pero es de noche otra vez. El cielo turbio, el ambiente espeso. Es cuestión de segundos para que nazca el estruendo inicial.

Frente a ese granizo gélido y bullicioso supimos construirnos refugios. Nos inventamos los besos y los abrazos para soportar el frío y los impactos, cubriendonos unos a otros, envolviendonos.

Creamos canciones y las cantamos a los gritos para no escuchar la piedra pegando en el techo, en los vidrios, en la cara, en el alma, rompiendolo todo. Siempre estuvo la música para combatir al susto.

Bebimos litros y litros de vino para olvidarnos que el granizo está ahí, cayendo siempre, golpeando duro. Apuntamos el vaso hacia el cielo en medio del temporal. Y que importa el agua en la cara, el vino ardiendo en los ojos, si al menos este trago va a estar fresco para brindar. 





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