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lunes, septiembre 12, 2016




¿Alguna vez entraste de día a una discoteca?

Las discotecas de día suelen ser un mísero galpón mugriento. Todas sus imperfecciones, su suciedad, sus rajaduras, quedan expuestas a los ojos de quien se anime a mirarlas de tarde.

No hay oscuridad que esconda los defectos, ni juegos de luces que simulen un mundo fantástico y exaltado. Tampoco suena la música para distraer, ni corre el alcohol para generar la inconsciencia del asunto. Las unicas bebidas que uno puede encontrar son los restos en los vasos desparramados por el suelo. La bola no brilla en el techo. La gente no camina por las pasarelas. La quietud es implacable.


¿Alguna vez entraste de noche a una discoteca?

Las mujeres coquetean bajo decenas de capas de maquillaje. Colores forásteros en la cara, máscaras sútiles, rostros ficticios. Los hombres sucumben al ardid, visten como nunca, ropa con olor a naftalina disimulada por litros de perfume. Rara vez se ven asi de dia. Rara vez huelen asi de día.

Suenan canciones que solo pueden gustar en el bullicio de una discoteca y la distorsión de la situación. De día suenan peladas. Les falta algo. Les falta todo. Marea de gente mareada, la marcha de los besos sin corazón, de los tragos ladrones, de los saludos sin alma. Hola, ¿como estas? Bien, aunque se que no te importa. Abrazo efusivo. ¿Quien eras?. Use y tire.

Él quiere estar con ella, ella quiere estar con él. Bailan, él avanza, ella histeriquea un poco. Él le tira flores de plástico. Ella las huele y sonrie, sabe que le mienten pero compra: al autoestima le encanta la comida chatarra. Se van de la mano por la puerta de entrada, todavía no se probaron. Afuera será otra historia. Afuera siempre es otra historia.






martes, marzo 29, 2016




Me gusta contemplar los árboles, perderme en lo alto de las ramas anárquicas que anhelan el cielo y quieren llegar al sol. Las que cobijan nidos son mis preferidas, están llenas de futuros y melodías. Pero cada vez que miro los árboles termino pensando en la semilla, en los brotes, en el tiempo, la paciencia. Me descubro con los ojos cerrados.

No me canso de mirar el cielo. Y aunque cada mediodía me maraville con el firmamento  único e irrepetible, me pierdo en el pájaro que cruza mi campo de visión volando veloz el celeste profundo. Concentro mis pensamientos en él, surcándolo, tragandoselo, y puedo sentir como me crecen alas por unos segundos atacándome la sensación de que en ese momento placentero es el cielo el que quiere venir a mi y no al revés. Ya está unos centímetros más cerca, lo se.

Entonces no puedo evitar pensar en la chispa atrevida que da paso a la fogata, en la primera gota de lluvia que inaugura la tormenta que le dará otro color a la ciudad. En el primer beso de dos futuros amantes.

Creo, al fin y al cabo, en las revoluciones individuales en pos de las colectivas. En el regocijo vibrante de ese primer pensamiento inquieto que fecunda la mente y el alma. Creo en lo revolucionario de la música y los libros, en su poder transformador, en esa alarma que es el arte para despertarnos de la somnoliente pasividad que nos invade. Será por eso que escribo canciones e historias. Será por eso que me dejo atravesar por ellas. Y esa es mi lucha, mi calma, mi razón.





sábado, enero 16, 2016




El único beso que no puede recordarse es el beso antes de morir.


Entonces me dediqué a sentirlo intensamente, de eso se tratan los besos sin futuro, incluso de eso se trata el no futuro, de sentir en exceso. Esos cinco segundos de labios en armonía fueron un recorrido por todos los besos que nos habiamos dado, un paseo infinito por el misterio del primero, por la pasión de los escondidos, por la triste alegría de este, el final. Por fin comprendí aquello de "vivirlo como si fuera la ultima vez"..

El ultimo deseo fue poder tomarnos de la mano. Nos lo concedieron. Nos dimos vuelta, nos agarramos las manos atadas como pudimos. La venda en mis ojos agudizó todos mis sentidos y pude sentir el mapa de su piel como jamas lo había hecho. Esa suavidad no era de este planeta, ni de esta galaxia, por lo menos.

Pude percibir que lloraba y la reté en voz baja. Nos apoyamos el uno al otro, espalda con espalda. Rogaba caer primero al suelo, no podría soportar escuchar su cuerpo desplomandose y golpeando contra la tierra antes que el mio. No quería irme de este mundo con un ultimo segundo tan horrible a cuestas. Nada hubiera valido la pena.

Escuché como cargaban las armas. Ella me apretó fuerte los dedos. Tragué saliva. Pensé en el alivio de la causa. Prepararon. Apuntaron.

Caimos juntos, pude sentirlo a pesar del segundo de ruido y confusión. Sincronizados, totalmente al compás, en la preciosa coherencia de terminar muriendo como se vivió, si es que eso puede llamarse morir.




lunes, noviembre 23, 2015



Aquella medianoche en el acantilado me preguntaste si amaba al mundo o si lo odiaba. Que me veías confundido, dubitativo, bipolar, torturado por una dicotomia permanente. Mis ropas negras, mis ganas de conquistar cada rincón, mi corazón de barro, mis esperanzas de flama eterna. La respuesta no era poca cosa asi que pedí un tiempo para responderla. Realmente yo tampoco lo sabía.

Durante esos días anduve todo lo que pude, caminé el mundo, lo observé, lo abracé, lo escupí.  Fui anotando en una bitácora las experiencias, todo lo que me rodeaba.

La música y la guerra.
Los perros y la muerte.
Las verdades, las mentiras.
Los besos electricos, los abrazos muertos.
Los voluntarios, los corruptos.
La paz y el regocijo de los viajes. La distancia implacable.
El amor, la indiferencia.
El fútbol, las torturas.
La lluvia, el viento y los hijos de puta.
Los heroes, las religiones.
La naturaleza, las cartas rotas.
Las delicias, la violencia.
El fuego, los terremotos.
Los niños, la vejez.
El sexo y los suicidas
Vos.
Yo.
Ellos.

Pasó un largo año desde que nos volvimos a ver, exactamente en el mismo lugar que aquella vez. Esbocé mi respuesta, la esperabas ansiosa. Soy cambio, soy contradiccion, soy evolución. Amo al mundo? Si. Odio al mundo? También. No puedo amarlo todo el tiempo, no puedo odiarlo todo el tiempo. Soy sensible, permeable al entorno, nada implacable. Soy parte de mi alrededor, soy ese alrededor, y a veces soy precioso, y a veces no tanto. Yo también soy el mundo. Clara, mi vinculo con el mundo es una intensa relación de amor/odio, diría que en partes iguales. Este lugar puede ser el cielo, como vos pensás, pero también el infierno más feroz. Fue quien me dio la vida, será quien me la quite.

Asentiste no muy convencida, como no creyéndome demasiado. Poco te duró lo agridulce de mi respuesta. Una sonrisa victoriosa comenzó a nacerte mientras yo miraba la luna distraído y fascinado.



viernes, octubre 23, 2015



Judy me susurra al oido que el tercer verso es distinto al primero. Siempre se rie cuando me confundo la letra de las canciones. Sentados en mi habitación, escuchando los Ramones no paramos de mirarnos a los ojos. Queres bailar conmigo?- pregunto ansioso, pero ella me interrumpe con un beso infinito y me tira en el colchon. Entonces siento que quiero hacer de todo con ella: quiero llevarla a pasear a Rockaway Beach, a disfrutar juntos del sol de California, de sus dias cortos y sus noches interminables. Un cosquilleo angelical invadió mis entrañas y no pude resistir declararme: Nena te amo, quiero ser tu novio para siempre, te quiero alrededor. Volvio a besarme sonriente e incontrolable.

Atras quedaron los días en los que andaba por las calles con el corazon envenenado y rabioso, pensando que Judy me habia encontrado un sustituto. Me dominaba la ansiedad, incluso un amigo llegó a decirme algo asustado "Sonás como si estuvieras enfermo, creo que vas a matar a esa chica". Sentia que vivia afectado por un mal cerebro, que me habia vuelto loco. Me repetia todo el Tiempo a mi mismo "No te quiero, no quiero caminar por ahi con vos, no puedo darte nada, no sos la unica, tiene que haber mil chicas mejores que vos ". Pero no hacia mas que mentirme. Aquel affair que tuvo en la habana  caló hondo en mi corazon, estaba cada vez mas de acuerdo con mi amigo Danny, que siempre decía: el amor es una mierda, el amor mata. Probé con la psicoterapia pero terminé siendo un adolescente lobotomizado que solo queria esnifar pegamento,  estaba realmente enfermo, y solo queria estar sedado para que mi cerebro estuviera totalmente dado vuelta.

En aquellos tiempos ella era una sensacion y siempre la vi imposible, inalcanzable pero yo creo en los milagros. Aquella tarde en el 7-11 volvi a verla despues de mucho tiempo. Había regresado de Berlin con su amiga Jackie, y yo solo queria estar bien, no aguantaba mas. Trague mi orgullo y fui a hablarle: "Que gusto verte, vamos a bailar" le dije. Su amiga Ramona intentó llevarsela, pero ella se resitió. Se quedó en frente de mi, pero en silencio. Por favor volvé, supliqué, pero Ramona hacia lo imposible por separarnos. No puede- acotó- Mañana ella se va lejos conmigo, rumbo a Palisades Park, nos vamos por seis meses, olvidalo. Pero siempre fui un tipo duro como para morir tan facilmente, me acerque a su oido y le vomite toda mi verdad: Sos mi tipo de chica, necesito tu amor, sin vos soy una bomba de tiempo. Siempre busque alguien como yo, alguien para amar y si escucho a mi corazon tengo la obligación de pelear por vos hasta el final. No me importa si estas palabras suenan ridiculas, no me importa este mundo, solo me importas vos. Si conquisto tu amor, domino al mundo.

Senti un pinchazo fatal de repente. Sus pins y sus agujas se clavaron contra mi pecho en el abrazo más fuerte que alguien pudo darme alguna vez. A los cinco minutos estabamos tomando un helado en las esquina de las calles 53 y 3, mirandonos a los ojos, sonriendo, sabiendo que lo nuestro seria para toda la vida.








miércoles, septiembre 23, 2015



Finalmente implementó la regla de los tres segundos de la que tanto le habían hablado. Contó hasta tres, respiró profundo y le dijo todo. Asi, de sopetón. Su corazón dejó de ser un oscuro depósito de verdades estancadas durante meses. Su cara siempre fascinante demostraba sorpresa, aunque no le creyó demasiado. Fueron 5 minutos violentos, o seis años de silencio, nunca lo supo muy bien. Ella lagrimeó. El bajó la mirada. Las cosas no estaban saliendo como esperaba. O si.


Ella se retiró de la escena y empezó la cuenta regresiva más cruel. Su esperanza medía exactamente cien metros, la distancia hasta la otra esquina. Se quedó observándola, pocas veces había estado tan triste. Rogaba que ella se diera vuelta, que corriera hacia él y que sus ojos le gritaran redención, para luego sellar sus destinos en un beso. Los metros pasaban, y ella caminaba, cada vez más despacio, quizás sin darse cuenta, como si los pasos le dolieran. Una especie de suspenso embustero.

Finalmente ella llegó a la esquina y dobló. Nunca giró hacia él y la perdió de vista. Derrotado, se quedó un buen rato en el mismo lugar, inmóvil, insoportable, agotado. Comprendió entonces, que los corazones mas fuertes, más libres, eran a prueba de mirar hacia atrás.


martes, septiembre 15, 2015



Pensaba mientras guardaba la guitarra en el estuche. Pensaba en como 20 años habían pasado tan jodidamente rápido. Aquella lejana tarde habíamos descubierto una pasión y no lo sabíamos. 


Ademas de estar aturdido por el volumen de la distorsión (siempre tocamos muy fuerte, demasiado) también lo estaba por los recuerdos. Pasamos por tantas salas de ensayos, desde las mas sofisticadas, hasta las más precarias y cavernosas. Fuimos a mostrar nuestra música a tantos bares, tomamos infinitas cervezas, conocimos mundos de gente. Grabamos tantas canciones, tantas otras murieron en el intento de llegar a ese limbo llamado disco. Les hicimos temas a los mismos amores a los que después despediríamos con otros temas un poco más tristes. Las personas reviven las etapas de su vida con álbumes de fotos, las bandas con discos. 

Vimos nacer a las nuevas generaciones de punks, vimos caer tantos disfraces en el camino, observamos morir tantas apariencias. Solo quedamos los que lo hacíamos con el corazón. Cambiamos tantas veces de instrumentos, discutimos tanto, perdimos tanta plata, agonizamos tantas veces pero nunca terminamos de morir y siempre estábamos resurgiendo, enchufando otra vez los instrumentos.

Un tren de pensamientos en solo algunos segundos. Finalmente cierro el estuche y los miro. Ahi están mis compañeros de ruta y aventuras, con la misma alegría en los ojos que aquellas tardes de juventud eterna, con las mismas ganas de ser feliz haciendo música, aunque la fama no llegue: ¿que importa que las mansiones sean de otros si las canciones son nuestras? Estamos más pelados, un poco más gordos tal vez, pero con el corazón intacto. Eso si, cuando la primera nota de cada ensayo empieza a sonar, automáticamente adelgazamos, tenemos más pelo, se nos gastan y achican un poco las remeras, se nos rejuvenece la voz y la sonrisa se nos vuelve desesperadamente enorme.



 



Dedicado a todas las bandas del mundo que aman lo que hacen, y siguen, pese a todo(s).

viernes, agosto 21, 2015


Es miércoles por la tarde y ahi está otra vez Juan mi amigo anarquista, armando su mesa, acomodando los fanzines, los libros y los discos, compartiendo sus ideas. Comienza nuevamente su ritual preferido: tres veces por semana, mismo lugar, misma hora, misma lucha, siempre invadido por un brillo que no merma: es el sol reflejandose en sus tachas, son las utopias resplandeciendole en la mirada.

Se enfrenta a dos enemigos, el sistema y la indiferencia. Padre e hijo. Pero sigue ahi, firme. Algunos paran y se interesan por lo que quiere contar, son los menos. Otros directamente ni lo miran, o lo miran con desprecio. Es paradójico, Juan dedica gran parte de su vida y sus recursos a luchar para que ese tipo que lo ignora viva un poco mejor. Y lo tildan de soñador.


Tiene facebook. Usa celular, barato, pero celular al fin. Tiene otro trabajo aparte de la anarquia. Cuando lo critican por eso responde siempre lo mismo: soy anarquista, no cavernicola. Los tiempos cambian, las ideas no mueren, se adaptan. El sistema avasallante todo lo abarcó, no hay rincón virgen de sus tentaculos, solo queda resistir, y combatirlo desde adentro. Eso si, no es anarquista de youtube, conoce la calle, ese es su campo de batalla, su tierra fértil.


En ocasiones lo visito y tenemos largas charlas sobre sociedad,  anarquia y existencia. Sabe que me encantan los postulados de la anarquía, pero que me parece casi incompatible con esa incansable naturaleza humana de dominio y poder, esa costumbre de aniquilar todo tipo de igualdad. y que sin embargo suelo leer sus libros porque el ejercicio de soñar me hace bien, porque entre tanta vorágine y destrucción ciertas utopías son un descanso, una especie de refugio, un respiro. No intenta convencerme, ni se pone en sectario, simplemente argumenta. Si no hay respeto, no existe la anarquía, concluye.


Y me habla de Bakunin. de la bomba de Simón, de Durruti, y de tantos de sus héroes casi anónimos, olvidados por la historia oficial. Me cuenta otra vez sobre su obsesión por desterrar el mito de que la anarquía es un quilombo, insiste en que, muy por el contrario, está llena de reglas sobre organización y autogestión, pero siempre es mas fácil repetir que investigar, dice casi suspirando. El tiempo se nos esfuma filosofando en su feria. Casi tres horas se fueron, nadie frenó a hojear un libro o pispear un disco de esos que están plagados de hermosos gritos libertarios. No le importa.


Me despido, le doy un abrazo y le digo que ojalá nos veamos pronto. Quiero mucho a Juan porque me enseñó que los anarquistas son una de las formas de sinceridad más bellas que existe, porque nadie le baja plata, porque no responde a nadie más que a sus sueños, porque no busca su tajada y porque en un mundo lleno de veneno y moretones, comprendí que aun quedan románticos.










miércoles, julio 15, 2015



La discusión le llenó las venas de furia y pegó el portazo. Ella quedó en el interior de la habitación un poco enojada, otro poco aturdida. Él caminaba acelerado por la calle rumbo a la costa, libro en mano. Se fue derecho a leer a orillas del Lago, su terapia. Así como la quietud del agua azul y las montañas, los libros también lo calmaban, le prestaban otro mundo por unas horas para escaparse de los momentos abrumadores de la existencia, que no son escasos ni mucho menos. Y asi intentó refugiarse entre paisajes hechos de letras. Ella se puso sus auriculares e intentó despejarse saliendo a caminar para licuar su rabia en sus canciones preferidas. 

Sentado en una roca, entrecortaba su lectura. La imaginaba perdida entre la gente, en algùn rincón de la ciudad. Eran extranjeros en un pueblo nuevo para ambos. ¿Por donde andaría? ¿En que estaría pensando? Pese al enojo, necesitaba tenerla cerca, aunque no se hablaran, aunque siguieran ofendidos, eran complementarios o por lo menos eso indicaba su dolor de estomago. Su sola presencia le apaciguaba sus tempestades. Por unos minutos retomaba la lectura, pero otra vez la interrumpía  para mirar el muelle que penetraba en el Lago Grande. La imaginaba caminandolo, a paso lento, pensativa, preciosa. Necesitaba que este ahí, pero nada- esta ciudad es demasiado grande para coincidir- concluía y volvía a sus páginas sin seguir demasiado el hilo de lo que leia.


Levantó siete veces la cabeza. El muelle estaba lleno de turistas, pero vacío para él. Seguía enojado y no verla, en cierta forma lo sulfuraba mas. Los turistas se alejaron, el muelle milagrosamente quedó solitario, solo por unos segundos, una especie de preludio. Ella entró en escena, chiquita, caminando sobre las maderas, cabellos al viento, casi como la había imaginado unos minutos atrás. Casi, porque la imagen era aun mas hermosa. Una especie de ternura gigante y demoledora que cayó desde el cielo le aplastó todos los orgullos, venenos y fastidios paridos esa mañana. Cerró el libro y se dedicó a espiarla sin que ella supiera y a observar como ella miraba el agua apoyada en el barandal. Lo invadió una paz inconmensurable, pensó en cuanto la amaba. Ella se dio vuelta y lo vio agitándole el brazo, en una desesperación muy mal disimulada. Con la sonrisa irresistible que anuncia la muerte del enojo, obedeció, caminó hacia las rocas, se sentó a su lado y sin decirse una palabra miraron juntos el lago tomados de la mano.






lunes, mayo 11, 2015


No nací sordomudo, no sufro de afonía, sin embargo no puedo hablarte. Tengo tantas cosas para contarte que no se por donde empezar, aunque siendo sincero, tampoco se como empezar.

Solo basta verte para que irrumpa violentamente desde el suelo la muralla mas horrible de todas y se interponga entre nosotros dos. ¿Sabías? siempre consideré a la timidez como un muro negro, altísimo, irrompible, invencible. Y yo nunca supe trepar.

Mis noches se redujeron a practicar cada palabra del discurso que te daría, para que pudieras entender todo lo que me pasa, pero es en vano, nunca puedo decirlo, se me mueren adentro las verdades mas sinceras, las intenciones mas desesperadas. A veces juro que no se si son lágrimas, o mis palabras intentando escapar de su cárcel como sea. Es desgarrador ser uno mismo la prisión.

Y agonizo en impotencia e inoperancia. Soy el hombre menguante. No te das una idea de como lo intento, solo yo conozco mi esfuerzo. Pero no me sale. Suelo probar bebiendo coraje liquido e inundo mi alma en alcohol para ayudar a subir todo lo que tengo que decir. Pero mis verdades no saben flotar, se ahogan.

Siempre la misma historia. Siempre el mismo final agrio. Otra noche de derroche y frustración en la que enfermo de rabia. Quisiera asesinar a mi timidez. Masacrarla, estrangularla, acuchillarla, y en un acto de justicia infinita ser el autor material de la tragedia que termine de una vez con la mía.  Pero no me animo.




lunes, agosto 18, 2014



Cuando yo era solo un chico en la secundaria, un triste y solitario adolescente atrapado en la pesadilla de los suburbios escape de drogadictos y princesas de cabellos emplumados, tenía una cara llena de acné, pantalones cortos y ningún status social. El fenómeno número uno con una bala...Los pocos amigos que tuve tenían mas suerte y se mantenían a mi lado porque ellos estaban apenas arriba de mi en cuanto al grado de popularidad.

En un pequeño lugar del mundo llamado Weymouth, Massachusetts, no recuerdo cuando o como pasó, en la radio del carro, la video Jukebox, o quizás en el soundtrack del film "Over the edge". Lo cierto es que ese año escuché a la banda que me metería en su orgulloso círculo de pinheads para siempre. Aislamiento, desesperación, separación, retardación: estos eran los ingredientes de la dieta diaria de Los Ramones. Sus canciones eran crudamente hechas para todos los que alguna vez se hayan sentido como un don nadie. Los Ramones sabían, los Ramones entendían. Los ramones eran. Ellos no solo cantaban sobre ser adolescentes jodidos. Ellos eran adolescentes jodidos, sin importar su edad. Conocidos como "la banda más fea del mundo" fueron un verdadero rayo de esperanza para los absolutamente sin esperanza. Ellos no eran las bonitas y ricas estrellas de rock contandote sobre cuan duro era ser famoso y cantando acerca de todas las mujeres con las que se acostaron.

Cuando los Ramones se juntaron en los 70's, los 70's caian en la ganancia impreviste del terreno de las compañias. Pero había cuatro jinetes en el amanecer del apocalipsis del punk rock. Ellos encarnaban al perdido, frustrado y enojado espiritu de la juventud. Y eran los mas bellos de todos.

Los Ramones fueron la primera banda punk verdadera. Cuando los cuatro de Forest Hills empezaron a tocar juntos en Agosto de 1974, los Sex pistols todavia estaban copiándose en tests de matemática en la secundaria. Ellos tomaron los riffs tradicionales de los 50's de Chuck Berry y Eddie Cochran y los hicieron tres veces más rápido, rechazando las enfermizas dulces letras de su era y convirtiéndolas en tributos a films de horror, oler pegamento y al amor condenado.

Los Ramones eran fenómenos. Su uniforme consistía en jeans rotos, camisetas y chaquetas de cuero mientras otras bandas en el planeta tocaban algo como la complicada "Dust in the wind" o una canción de ocho minutos de duración.

Los Ramones rompieron la barrera de velocidad del tempo: las canciones alcanzando de 1:15 a 2:30 minutos como máximo. No tenían que impresionar a nadie con su tocada musical. Cada canción era una maravilla de tres acordes. No muchas bandas les dieron crédito, pero miles desde Joan Jett a los Guns n roses tocaron canciones increíblemente similares a las de los cuatro hermanos. Ellos ni siquiera tuvieron un solo de guitarra hasta su cuarto disco "Road to ruin". Un típico setlist en vivo de los Ramones de hora y media de duración incluía más de 26 canciones, cada una de ellas tocada más rápido que las versiones grabadas en el estudio. Cuanto más rápido, mejor: vivir tonto, tocar rápido.

Los Ramones hicieron posible el sobrevivir a los suburbios y la ciudad para muchos chicos, corriendo estrepitosamente a lo largo de los salones de la secundaria cantando "I'm a teenage lobotomy". Esto sería mi grito de batalla contra los tontos wannabes, vestidos de ropa de diseñador y zapatillas de marca que esperaban en una larga cola para ser los consumidores de la tierra a feliz del mañana, lamiendo sus labios con el pensamiento de obtener esos deliciosos trabajos corporativos donde tendrían que salir con una "sonrisa" frente a sus caras y decir "gracias", "gracias", "gracias" como el pasaporte de diversión en sus bocas y para empobrecer su no filtrado vómito dentro de sus ya podridos sistemas. Si no les podía dar una paliza, al menos los iba a espantar..

Los Ramones me fortalecieron con una pared de seguridad punk donde podía deambular con la lengua firmemente fuera, orgulloso del título de "fenómeno: con el que mis semejantes tan consideradamente me habían bautizado. Ellos crearon una manto de seguridad de psicosis para sus miles de pupilos.

Los Ramones son los beethovens de mi generación, la "Blank generation". Nadie tiene que guardar un lugar en el cielo del punk rock para los Ramones, los Ramones son dioses punk.

Oh y, por cierto, empecé una banda yo mismo.





Rusty Nails




viernes, julio 11, 2014




Mis caminos cambiaron nuevamente.

Bajo la sombra de ese árbol solitario vivimos los momentos más simples y brillantes de nuestras vidas. Nos conocimos el alma en conversaciones abismales: muchos de los mejores secretos que ambos guardábamos vieron la luz bajo la copa de ese fresno. Pero ya no puedo refugiarme allí, ni del sol recalcitrante de verano, ni de mis problemas cotidianos, como tantas veces supe hacerlo. Cuanto silencio escucho cuando merodeo por ahí. No es como debería ser.

¿Y la esquina? Era nuestro punto de reunión, nuestra pista de despegue diaria. Sabía cada uno de los detalles de esa esquina, la cantidad de plantas exactas que adornaban el balcón de la casa de enfrente, la época en que cada una de ellas florecía, el tallado de cada maceta, el color de las cortinas según la estación. Terminé memorizando todo mientras te esperaba pero ya no recuerdo nada. Giro la cabeza cuando paso. No quiero verla.

Pecaré de vandalismo, pero prometo quemar ese par de hamacas.Y si de vándalos hablamos cito al olvido, que brutales palizas me está dando. De hecho también enrejaría toda la plaza, minuciosa y herméticamente, para que no se escape ningún recuerdo que pueda estrellarse en mi alma. Y que me perdonen madres y chicos.

Mi proceso de desarme siguió sin parar: ya tapé dos o tres graffitis con aerosol negro. Nuestros nombres tatuados en paredes se convirtieron en mamarrachos, cicatrices de paredón que se encargaban de germinar mis depresiones amorosas. Ah, también clausure en mi mente ese bar de mil borracheras compartidas. Para mi ya no existe. Duele tanto que debería ser ilegal. Y asi lo dictaminé.

Convertimos todos y cada uno de esos sitios en lugares gananciales. Los conquistamos, plantamos bandera y los hicimos especiales: eran nuestra propiedad privada, nuestra pequeña república de amor. Pero todo terminó, y tuve que anular media ciudad, porque todo me recuerda a vos. Esos rincones serán nuestros o no serán nada. Y ya no quiero volver a verlos si no es con vos. Sobro. Me quedan grandes.





lunes, junio 02, 2014



Canciones que abrazan. Canciones que te recuerdan lo equivocado que estás. Canciones que son decisiones. Canciones sanadoras. Canciones que acompañan. Canciones que acarician. Canciones tan hermosas que hacen bailar a la mas porfiada de tus tristezas. Canciones para los días de lluvia. Canciones para los días de sol. Canciones que te reconstruyen. Canciones que te desarman cuando te pensabas reacomodado. Canciones que son personas. Canciones que son momentos. Canciones que te rompen el silencio mas atroz. Canciones que son lugares. Canciones mágicas. Canciones amigas. Canciones que son tan intensas, que ya no las podés escuchar. Canciones eternas. Canciones que son el camino. Canciones envalentonadas que quieren cambiar el mundo, y lo logran. 



miércoles, enero 22, 2014



Un perro puede estar rengo, ronco, ciego, hambriento, descaderado, sordo, encandilado, roto, puede sacar la lengua porque está cansado e inventarse otra para lamerse; puede ser un hotel lleno de parásitos, puede llorar, aullar, desconsolarse, saberse animal y doméstico, puede no tener dios a su perruna imagen y semejanza, ni virgen maría; ni saber la hora, ni saber el año, ni saber si el frio está afuera o en sus huesos, ni saber si aquello que lo pateó es el diablo; puede entender catorce palabras de hombre, y entender que un año para él son siete años y que la muerte llega así más pronto; un perro puede estar mal, horriblemente mal, a punto de morirse, pero igual- si lo llamás con ganas- agarra y viene y te arma fiesta y te mueve la cola y se te queda al lado, por las dudas que vos estés más triste.




Hernán Casciari

viernes, octubre 11, 2013


Euforia y distorsión. La luna es experta en agigantar mares, mareas y mareos. También problemas. Y la noche se vuelve más noche aun.

La busco entre la gente y no la encuentro. Siempre me molestaron las multitudes, y hoy todavía más. Hasta que la veo en un rincón, bañada en tristezas, rodeada de vasos desangrados. Intento hablarle pero hoy rechazaría hasta la más soñada de sus utopías, la negación es total. Empieza a escupirme remordimientos causas y consecuencias, y sucumbo antes sus improperios, siendo muy consciente dentro de mi inconsciencia de que los enojados dicen la verdad. Cada palabra suya era capaz de desatar el más voraz de los incendios. Quemaduras de segundo grado en mi cuerpo. La música sonando dejó de importar hace rato, al igual que la gente y los venenos.

Todo tiene un límite: sus lágrimas negras de rabia y maquillaje de repente brotaron de su mirada y fueron demasiado para mi. Siempre lo son. Se limpia el rostro con su mano, se levanta y se pierde entre el amontonamiento de personas a paso veloz, intentando disimularse. Yo también abandono el lugar, exactamente en la dirección opuesta a la que ella tomó.

Otra noche de corazones exagerados que termina de manera totalmente contraria a como debería.



lunes, julio 22, 2013



La norma de oro recomienda no hablar de religión ni de política cuando recién se conoce a alguien. Pero ellos siempre desconfiaron de las reglas.

El temor a los silencios incómodos se fue desvaneciendo con el correr de los minutos y las palabras. Hablaron de política, y de políticos, de esas mentes inmundas, de como masacraban al mundo sin escrúpulos, de lo destructivo del poder, de lo turbio de sus conciencias. Se miraron.

Hablaron de religión, de crucifixiones e hipocresías, de libros absurdos, de lo repugnante de la pedofilia, de la sangrienta riqueza del vaticano. Sonrieron.

Y así, de la crítica y el cansancio, de la bronca y la furia llegó el primer silencio. De incómodo no tuvo nada, ya que terminaron estrellando sus bocas hasta el momento desconocidas, pariendo un beso eufórico, casi catártico por no decir salvador.

Fieles a su costumbre de andar rompiendo reglas, de la paradoja dieron vida a su romance pues del odio a las mismas cosas nació su amor.



martes, abril 23, 2013



Verla había dejado de ser  un simple pasatiempo, para transformarse en una especie de inexplicable necesidad vital. La escena era siempre la misma, mecánica, sistemática: esperaba el colectivo unos cinco minutos en la parada de siempre y quince minutos después se bajaba. Caminaba cuatro cuadras, atravesaba  la vía, miraba lo imponente de la iglesia y cruzaba la plaza en diagonal para ahorrar tiempo. Desde lejos la veía chiquita. No necesitaba golpear la puerta porque siempre estaba ahí afuera, esperando por él. 

Todos los días, hacía lo mismo una y otra vez. Siempre el mismo trayecto, las mismas casas, las mismas calles. Comprendió, entonces, que algunas rutinas pueden ser hermosas.



 

viernes, abril 05, 2013


Agarrame.
Desnudame.
Saboreame.
Mordeme.
Y justo ahí,
cuando se acabe toda dulzura posible
escupime retorcido, insípido.
Impulsame a descubrir
el torbellino de las pasiones de un rato
y el sinsabor del desamor.




viernes, marzo 15, 2013





Un día escuché una canción.

El efecto fue inmediato, a medida que entraba en mis oidos, iba descubriendo un mundo distinto, escondido, del que nadie me había hablado. Alguien que yo no conocía me cantaba sobre la libertad, entre gritos hermosos y acordes frenéticos. Una adrenalina única y extraña, que solamente sentí aquella vez, me poseyó y me convertí en una preciosa turbulencia.

A partir de esa melodía cambié mi manera de pensar y de vestir. Ya no se trataba solo de romper las reglas, sino de destrozarlas.

Esa forma de pensar me llevó a conocer nuevas personas, afines al sentimiento de oprimir a la opresión, hasta hacerla estallar.

Con esas personas tuve nuevas aventuras. Miles de maravillosas nuevas aventuras.

En el medio de tantas aventuras conocí el amor y el desamor, la victoria y la derrota, la algarabía y la desilusión. Me descubrí.

De todos esos sentimientos y gracias a cada una de esas sensaciones aprendí, lloré, mamé y me moldee, a golpes, tragos y sonrisas.

Doce años han pasado desde que presioné play y esa canción comenzó a sonar. Y aunque el reproductor me decía que duraba tan solo dos minutos, para mi nunca terminó. Sigue sonando y sigo soñando, cantando, viviendo.




martes, marzo 12, 2013

NO.



No entendía como una persona tan bella le estaba diciendo algo tan horrible: no. Dos letras miserables y destructivas. En ese "No" nada cabía, ni el millar de abrazos que le tenía preparados, ni las historias por vivir a la par, ni cada una de sus noches de tristeza oceánica anteriores a ese momento. Esa letra "o" funcionó como un agujero negro que se tragó absolutamente todas sus ilusiones, sus sueños, sus esperanzas ; y aun así, llena y gorda de fantasías, seguía sonando inerte. Bajo la sombra de aquel árbol, vivió el segundo más sombrío de su vida.

Ese No como lagrimal, como aire que sobra en el suspiro, como el perfecto trazo de un amor asintótico. Un No que lo condenó a la ignorancia de sus besos para siempre.

Y esa eterna espera ortográfica con deseos de un Si como punto y seguido, o un Tal vez como puntos suspensivos, derivó en sueños molidos que salieron de su boca con forma de punto y aparte. Final.

Rezaba por un si disfrazado, encubierto, histérico al menos, pero...no.