viernes, julio 11, 2014




Mis caminos cambiaron nuevamente.

Bajo la sombra de ese árbol solitario vivimos los momentos más simples y brillantes de nuestras vidas. Nos conocimos el alma en conversaciones abismales: muchos de los mejores secretos que ambos guardábamos vieron la luz bajo la copa de ese fresno. Pero ya no puedo refugiarme allí, ni del sol recalcitrante de verano, ni de mis problemas cotidianos, como tantas veces supe hacerlo. Cuanto silencio escucho cuando merodeo por ahí. No es como debería ser.

¿Y la esquina? Era nuestro punto de reunión, nuestra pista de despegue diaria. Sabía cada uno de los detalles de esa esquina, la cantidad de plantas exactas que adornaban el balcón de la casa de enfrente, la época en que cada una de ellas florecía, el tallado de cada maceta, el color de las cortinas según la estación. Terminé memorizando todo mientras te esperaba pero ya no recuerdo nada. Giro la cabeza cuando paso. No quiero verla.

Pecaré de vandalismo, pero prometo quemar ese par de hamacas.Y si de vándalos hablamos cito al olvido, que brutales palizas me está dando. De hecho también enrejaría toda la plaza, minuciosa y herméticamente, para que no se escape ningún recuerdo que pueda estrellarse en mi alma. Y que me perdonen madres y chicos.

Mi proceso de desarme siguió sin parar: ya tapé dos o tres graffitis con aerosol negro. Nuestros nombres tatuados en paredes se convirtieron en mamarrachos, cicatrices de paredón que se encargaban de germinar mis depresiones amorosas. Ah, también clausure en mi mente ese bar de mil borracheras compartidas. Para mi ya no existe. Duele tanto que debería ser ilegal. Y asi lo dictaminé.

Convertimos todos y cada uno de esos sitios en lugares gananciales. Los conquistamos, plantamos bandera y los hicimos especiales: eran nuestra propiedad privada, nuestra pequeña república de amor. Pero todo terminó, y tuve que anular media ciudad, porque todo me recuerda a vos. Esos rincones serán nuestros o no serán nada. Y ya no quiero volver a verlos si no es con vos. Sobro. Me quedan grandes.





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