jueves, diciembre 03, 2015



No la conocías pero te habían hablado varias veces de aquella criatura. De su cuerpo cubierto de escamas, de la ferocidad de sus rugidos, de su comportamiento anormal, amoral. Rogaban que te cuidaras de él, que con solo verlo podías sucumbir al más agudo de los pánicos. Entonces siempre trataste de cuidarte, de ser precavido, de cumplir al pie de la letra todas las advertencias.

Pero un día cualquiera lo tuviste en frente tuyo, allí ,en el medio de una turbia oscuridad. Quedaste paralizado e inmovil. Él tampoco se movía. Ambos respiraban agitados. Varios segundos pasaron asi. Lo miraste a los ojos, te entregaste a sus pupilas, pudiste comprender la inmensidad de la tristeza que lo ahogaba y entendiste su imagen roñosa, su dejadez, su desidia. Lograste deducir que las escamas eran por pura protección y traducir esos rugidos no como intentos de espantar, sino como pedidos desesperados: cualquiera se convierte en bestia si insisten con alejarlo de todo una y otra vez, todo monstruo nace del rechazo. Sentiste una mezcla de empatía y compasión. El monstruo bajó la mirada. Nunca atacó.

Entonces te sentiste inverso por enésima vez y preguntaste - ¿Qué pasa si me gustan los monstruos? ¿Que es esta fascinación que estoy comenzando a sentir por ellos? Una vez más las experiencias te torcieron verdades que parecían emplazadas en cemento. Te habían dicho que los monstruos tampoco se reflejaban en los espejos. Te mintieron otra vez.




Reacciones:

1 visiones:

Carla Ozone dijo...

Monstruosa, asquerosa, insoportable, despreciable y un error. Los monstruos no suelen caer bien, no se hacen de querer, y llega un momento que son dañinos para sí mismos y para aquellos que los rodean.
Por eso los monstruos viven ocultos. Bajo excusas, barreras infranqueables, encerrados en su cueva, no pueden mezclarse con nadie excepto con aquellos que también tienen el corazón mohíno, falto de candor, calidez y calor, sólo bombea con fuerza y salpica teñiendo de rojo aquello que ama.
El dr. Jeckyll, dr. Banner, intrépidos e inquietos descubridores capaces de construir un mundo mejor con sus conocimientos, y de destruirlo con sus sombras.
Nadie es perfecto, pero los monstruos consiguen superar la categoría de miedo y convertir en pánico cualquier situación en la que se presenten.
Nacer o llegar a ser monstruosa obliga a llevar tatuada en cada escama la palabra "dolor", y el injerto del que está hecha no corresponde a ninguna virtud humana.
Saludos dolorosos desde la cueva