martes, agosto 07, 2012


LOS DIAS PUNK.

Muchas historias tristes se juntaron para darle vida a una sola y hermosa, digna de ser contada. Eramos el punto exacto en donde desembocaban las burlas y de ellas veniamos escapando cuando nos encontramos, nos entendimos y nos unimos. Las calles eran nuestras, y en ellas forjamos nuestra amistad. Marchabamos de negro y algo desalineados pero siempre con una sonrisa como bandera. Esa, la peor remera posible para ponerse era la que mas disfrutabamos. Pequeños actos de irreverencia que amabamos. ¿Te acordás? el bautismo de fuego era hacerse la cresta.

Nos pasabamos horas y horas escuchando música, tanto, que un día nos planteamos ser parte de ese ruido violento que volaba desde aquellos cds piratas que viviamos intercambiando. Y así fue como, de caraduras, decidimos formar una banda. La mitad de los instrumentos eran prestados. Los platillos de la batería estaban colgados en el baño de la sala de ensayo, como adorno, abollados, pero a nosotros nos servían. Siempre fuimos felices con poco. La grandeza del punk radica en la inexistencia del prejuicio: no hacía falta ser un músico genial, solo bastaba con las ganas y el sentimiento.

Algunos tocabamos, otros acompañaban, pero todos disfrutabamos. Era la banda y su banda formando una gran banda. Caminar la ciudad de día y de noche, fabricando anécdotas, escribiendo nuestra historia. Cada momento era el espermatozoide  de alguna futura canción. Entendimos eso de que "la música era vida". Encontrabamos interesantes los rincones más impopulares de la ciudad, hallábamos belleza en donde el común de la gente no, usabamos lo mejor, usabamos el resto.

Aquel miedo inicial, ese que nos inmovilizaba y que no nos permitía defendernos de la hostilidad de las personas se fue desvaneciendo. Y lo poco que sobrevivía, lo ahogabamos en vino blanco con sprite, y demáses elixires mágicos creados por algún dios barrial de dudosa existencia.

Nuestro refugio era la sala de ensayo. La limpiabamos, comiamos, era nuestro lugar en el mundo. Cuatro paredes que por siempre guardaran secretos, confesiones, momentos y delirios inolvidables. Cualquier casa abandonada era un palacio en el que eramos principes, y no dudabamos en ensuciarnos las manos para buscar alguna silla, un cuadro, o cualquier elemento que siriviera para llevarlo a nuestro bunker. Era nuestro lugar y decorado a nuestra manera. Un reflejo de nosotros mismos.

Te acordás de los recitales? No faltabamos a ninguno. Una especie de ritual en algún lugar oscuro y olvidado de la ciudad en el que la tribu agradecía esa felicidad hallada, a través de esa extraña pero placentera danza llamada pogo. Al otro día nos dolían hasta los huesos, pero el alma estaba llena, intacta, reluciente.

La conclusión era tragicomica pero reveladora: nos habíamos convertidos en la clase de gente con la cual nuestros padres no querían que nos juntemos. Que paradoja, porque eran las mejores personas que había conocido. Era el clásico miedo a lo desconocido. En nuestro caso, totalmente infundado.

Pero la vida no tiene frenos y el tiempo pasó. Cada uno continuó su camino. Varios nos seguimos viendo, de hecho la banda sigue tocando y sonando un poco mejor que en aquellos días. A otros los encuentro cada tanto y a algunos jamás los volví a ver. Aun hoy paso por lugares en los que frecuentabamos, y veo graffitis en las paredes como cicatrices de momentos, no pudiendo evitar sentirme atacado por una melancolía preciosa. Pero un segundo me basta para reaccionar y darme cuenta de que esos días punk todavía no terminaron. Pudieron haber cambiado las caras, las edades, las circunstancias, pero sigue el cosquilleo en mi espalda. Las alas que alguna tarde gloriosa me habían nacido, continuan ahí, intactas. Y eso es todo lo que necesito.


Reacciones:

1 visiones:

Juanita is dead dijo...

qué hermoso
se me puso la piel de gallina me hiciste acordar a
mis vecinos, que en un momento fueron como tíos para mi , él tocó en la bahc, y ellos , fueron los que me mostraron y enseñaron lo que era la música con sentimiento, con una causa, con una idea.
pude vivir muy poquito de ese ritual, el final, tal vez, cuando tenia 14 o 15 años, siguiendo a los que quedaban, la plaza , el vino con tang, las charlas de como cambiar al mundo, niños y no tan niños queriendo cambiar el mundo! yo tampoco volvi a ver a muchos, pero seguro mas de uno quedamos trabados en una oficina , presos de eso que tanto adiabamos. pero si , definitivamente , el sentimiento sigue intacto.