jueves, octubre 20, 2016



El dragón vive escupiendo el fuego poderoso que todo lo mata, que todo lo quema. Lo que sale de su boca puede conquistar el mundo una vez y dos también.

El dragón vuela por los aires imponente, curvo surca a los cielos, observa a la gente bien desde arriba. Los ve una y otra vez chiquititos y oscurecidos por su sombra.

El dragón es amo y dueño de una mirada perfecta. Porque es único en su especie. Porque no hay otro como él.  Pupilas profundas y de una belleza malevola. Valientes al extremo. Es sus ojos cabemos todos.

El dragón no emprende luchas junto a un guerrero montando en su lomo. Ya no. La batalla más complicado la libra en solitario y para adentro. Porque se quema con su propio fuego. Porque las verdades le arden horrores. Porque lucha contra un pasado que huele a heroico y majestuoso, pero tan borroso a la vez. Insiste con vencer a la imaginación y al olvido inyectandose altas dosis de realidad, enfrentando incansablemente a voces que repiten una y otra vez en su cabeza: los dragones no existen.



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