lunes, junio 24, 2013


"Yo vivo porque tengo que vivir" decía Omayra ante las cámaras mientras los socorristas trataban de ayudarla. El Volcán Nevado del Ruiz tuvo un día de furia aquel noviembre de 1985 y dejó enterrada a toda la comunidad de Armero bajo un manto de barro y ceniza.

La niña de trece años se encontraba atrapada hacía dos días entre el lodo, las ruinas de su casa y los cadáveres de sus propios familiares. Apenas escucharon sus pedidos de auxilio arribaron las fuerzas de rescate, y con ellas las cámaras de televisión. Omayra agonizaba y no había forma de desenterrarla. El agua sucia le llegaba al cuello y seguía subiendo amenazante. En un inglés débil como su cuerpo entumecido le gritaba a la parva de fotógrafos extranjeros a su alrededor "No pictures please".

La transmisión seguía el minuto a minuto de su ocaso mientras la pequeña le pedía a su madre mirando a cámara que rezara para poder volver a caminar, pero parece que dios estaba ocupado o con sordera, porque la niña murió después de casi 72 horas de lucha, en vivo y en directo para todo el mundo. 

Fue aquel día en el que los televisores se encendieron para nunca más ser apagados.




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