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lunes, junio 06, 2016



La Jungla de Santa Julia es un lugar complicado desde que se entra hasta que finalmente se logra salir de allí. Uno no sabe muy bien como es que llega, ni cuanto va a tardar en salir ¿Se sale? ¿Se escapa?.

Sus aires de nocturnidad dan la sensación de encontrarse en una noche eterna. Debido a la tupida vegetación que alli nace y crece no puede verse el cielo. Rara vez un rayo rebelde de sol logra vencer a las copas de los arboles. Santa Julia es un lugar muy frío, y gran parte se debe precisamente a esa falta de sol.

Hay quienes dicen que una vez inmerso en esta selva de peligros constantes uno no vive, sobrevive. Peligro de morir de frío, por depredadores, por resignación, por cansancio. Este sitio no es la excepción: acá tambien rige la ley de la selva.

La leyenda cuenta que vista desde las nubes, la jungla está llena de pequeños puntos brillosos. Son fogatas desparramadas por toda su existencia. Alrededor del fuego uno puede encontrarse con un solitario perdido, o con varias personas compartiendolo. Son las unicas esperanzas para poder continuar. Pequeños soplos de luz y calor en lo mortífero de la oscuridad. Arden las llamas como refugios que provocan la amnesia del alivio: por un momento uno olvida que se encuentra en un lugar tan hostil. ¿Por que están allí? ¿De donde salieron?  A veces, con paciencia, troncos y callos en las manos uno puede darles vida. Otras veces simplemente aparecen.

Pero existe una tercera opción. La temida. La que no tiene respuesta. ¿Cuanto duraran ardiendo? ¿Que sucederá si se apagan?, o, quizás, la duda más peligrosa: ¿Y que si uno recorre cada kilometro de jungla y jamas encuentra el fuego?




lunes, mayo 16, 2016


De la niebla en sus ojos, escapo. Al mal humor enquistado, gambeteo. Sus miradas indiferentes, su marcha cansina, sus palabras escuetas, son ladrillos de paredes por derribar, de muros que se levantan mañana tras mañana. Cuantos Lunes en un cuerpo, cuantas muecas inertes, cuantos sueños muertos y sepultados. El ir y venir de los movimientos robóticos, la vida circular, una alarma que suena y que no despierta, adormece más.

No quiero formar parte del hormigón. No quiero vivir en piloto automático. Me niego a convertirme en un ser gris. Lo contagioso de lo ceniciento puede llegar a ser abrumador. Amanece en la ciudad plomiza y comienza una nueva carrera diaria contra el degradé del alma, luchando por ser de color, buscando al ánimo escondido en cada rincon de la jungla de los corazones tiesos.

Este es mi recordatorio. Esto es una advertencia. Asesinaré los Lunes, lo prometo.





martes, marzo 29, 2016




Me gusta contemplar los árboles, perderme en lo alto de las ramas anárquicas que anhelan el cielo y quieren llegar al sol. Las que cobijan nidos son mis preferidas, están llenas de futuros y melodías. Pero cada vez que miro los árboles termino pensando en la semilla, en los brotes, en el tiempo, la paciencia. Me descubro con los ojos cerrados.

No me canso de mirar el cielo. Y aunque cada mediodía me maraville con el firmamento  único e irrepetible, me pierdo en el pájaro que cruza mi campo de visión volando veloz el celeste profundo. Concentro mis pensamientos en él, surcándolo, tragandoselo, y puedo sentir como me crecen alas por unos segundos atacándome la sensación de que en ese momento placentero es el cielo el que quiere venir a mi y no al revés. Ya está unos centímetros más cerca, lo se.

Entonces no puedo evitar pensar en la chispa atrevida que da paso a la fogata, en la primera gota de lluvia que inaugura la tormenta que le dará otro color a la ciudad. En el primer beso de dos futuros amantes.

Creo, al fin y al cabo, en las revoluciones individuales en pos de las colectivas. En el regocijo vibrante de ese primer pensamiento inquieto que fecunda la mente y el alma. Creo en lo revolucionario de la música y los libros, en su poder transformador, en esa alarma que es el arte para despertarnos de la somnoliente pasividad que nos invade. Será por eso que escribo canciones e historias. Será por eso que me dejo atravesar por ellas. Y esa es mi lucha, mi calma, mi razón.





miércoles, marzo 09, 2016




No recuerdo a que edad empecé a ser consciente de que estaba allí. Mis primeras imágenes de él son confusas, pero de lo que estoy seguro es que lo veía a lo lejos y desde abajo, muy chiquito.

Con los años fui creciendo, y él también, cuestión de cercanía y perspectiva. La cosa no me importaba demasiado hasta que pude divisar como la gente iba cayendo por ese precipicio. Conocidos y desconocidos desfilaban por ese maldito acantilado, y si dentro mío vivía algo de miedo, ahora se había convertido en terror.

Pasé mi adolescencia entera y parte de mi juventud tratando de buscar una manera totalmente creativa de no llegar a esa muerte dolorosa y estúpida, en cierto modo para evitarsela también a todo ser que estuviera cerca. Me desvié por mil caminos, pero todos desembocaban en uno solo que culminaba directamente en los últimos centímetros del peñasco.

La leyenda cuenta que existe un sendero, escondido, pedregoso, mediante el cual uno puede lograr no terminar echo papilla y escapar quien sabe hacia donde para salvarse, pero es dificilisimo encontrarlo. Mi búsqueda continuó.

Pánico. Puedo contemplar el abismo, su inmensidad mortal. Llegué al momento crítico en el que lo tengo a centímetros, la hora de la decisión más importante de mi vida. Tantos años contemplándolo desde la lejanía, evitando llegar al fatídico punto en el que me encuentro. Puedo detallar cada una de sus rajaduras, la forma de cada piedra que allí vive. Oler el hedor a fallecidos, oir el eco de la desolación. Intento idearme urgentemente el camino salvador, ese del que tanto me hablaron.

Un viento muy fuerte me pega en la cara. Se  mete por mi  boca, la seca por el grito. Los ojos me lagrimean al punto de no poder abrirlos. Un zumbido grueso en los oídos. No se si estoy de pie o de cabeza.




lunes, febrero 29, 2016





Ella escapó de acá. Ya nada quedaba por conquistar en este pueblo cuadrado. Tuvo todas las tristezas que podía tener, río todas las alegrías posibles, probó el sabor de los amores vecinos, escuchó todos los comentarios absurdos e ignorantes, pero ya no más.


 Cuando el entorno le quedó chico, armó su valija. Cuando le quisieron raptar la libertad, dijo adios. Y cuando dijo adiós, sin darse cuenta, estaba diciendo hola.







viernes, diciembre 25, 2015




LUNES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MARTES:

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


MIERCOLES

09:00 hs. Giro la llave. Bostezo. Tengo sueño. El mundo me parece un lugar muy idiota.

10:15 hs. Llega Marcelo en su camión. Me trae lo que le encargué. Hablamos del tiempo. Se va.

12:00 hs. Envío 240 mails.

12:27 hs. Veo por la ventana a un muchacho camino a su trabajo. Lleva auriculares y un bolso en su mano. Tiene el paso resignado. Me mira mientras lo miro. El se ve en mi, yo me veo en él.

16:00 hs. Me acerco a la puerta, miro al cielo. A pesar de haberlo observado un millón de veces nunca termino de comprender por que es tan hermoso.

17:00 hs. Giro la la llave. Emprendo la retirada hacia las pocas horas dulces.


Podría continuar este texto, pero usted ya sabe lo que viene. Prefiero no seguirlo, que para aburrirse usted ya tiene su propia rutina.




lunes, noviembre 23, 2015



Aquella medianoche en el acantilado me preguntaste si amaba al mundo o si lo odiaba. Que me veías confundido, dubitativo, bipolar, torturado por una dicotomia permanente. Mis ropas negras, mis ganas de conquistar cada rincón, mi corazón de barro, mis esperanzas de flama eterna. La respuesta no era poca cosa asi que pedí un tiempo para responderla. Realmente yo tampoco lo sabía.

Durante esos días anduve todo lo que pude, caminé el mundo, lo observé, lo abracé, lo escupí.  Fui anotando en una bitácora las experiencias, todo lo que me rodeaba.

La música y la guerra.
Los perros y la muerte.
Las verdades, las mentiras.
Los besos electricos, los abrazos muertos.
Los voluntarios, los corruptos.
La paz y el regocijo de los viajes. La distancia implacable.
El amor, la indiferencia.
El fútbol, las torturas.
La lluvia, el viento y los hijos de puta.
Los heroes, las religiones.
La naturaleza, las cartas rotas.
Las delicias, la violencia.
El fuego, los terremotos.
Los niños, la vejez.
El sexo y los suicidas
Vos.
Yo.
Ellos.

Pasó un largo año desde que nos volvimos a ver, exactamente en el mismo lugar que aquella vez. Esbocé mi respuesta, la esperabas ansiosa. Soy cambio, soy contradiccion, soy evolución. Amo al mundo? Si. Odio al mundo? También. No puedo amarlo todo el tiempo, no puedo odiarlo todo el tiempo. Soy sensible, permeable al entorno, nada implacable. Soy parte de mi alrededor, soy ese alrededor, y a veces soy precioso, y a veces no tanto. Yo también soy el mundo. Clara, mi vinculo con el mundo es una intensa relación de amor/odio, diría que en partes iguales. Este lugar puede ser el cielo, como vos pensás, pero también el infierno más feroz. Fue quien me dio la vida, será quien me la quite.

Asentiste no muy convencida, como no creyéndome demasiado. Poco te duró lo agridulce de mi respuesta. Una sonrisa victoriosa comenzó a nacerte mientras yo miraba la luna distraído y fascinado.



viernes, octubre 16, 2015



Llega de repente la claustrofobia y caigo en la cuenta de que pasó otra vez. De cuando en cuando el destino se encarga de encerrarme en un frasco. Y esta historia ya la conozco.

El vidrio se empaña de suspiros, todo es difuso, no puedo ver nada claramente, ni escuchar lo que proviene del exterior. La tapa allá arriba está invenciblemente cerrada, me olvido de ver el cielo. La luz del sol me llega apenas tenue y el frío comienza a hacerse costumbre.

La vida sigue transcurriendo allá afuera, pero yo me siento en pausa. Temo terminar igual que aquellos amigos que no sobrevivieron al frasco, y que de tanto llorar alli sucumbieron, ahogándose en su propia marea de lágrimas.

Conozco la fórmula para escapar, la aprendí de la experiencia, pero depende de la paciencia, la fuerza y algo más que aun no logro descifrar. Consta de romper gradualmente con lo hermético, varias patadas diarias. A su vez ir haciendo pequeños agujeros en la tapa, para que puedan colarse los rayos del sol, los sonidos, el aire salvador, y entonces si, juntar fuerzas, renovarse y llegar al maravilloso día en el que uno rompe el vidrio de una brutal patada final: por fin el mundo externo tira más que el interno. Entonces el frasco estalla, y uno se astilla cuando se fuga y sangra un poco, y duele, y el viento vuelve a pegar en la cara, y el mundo vuelve a expandirse inmenso, infinito, precioso.

martes, septiembre 15, 2015



Pensaba mientras guardaba la guitarra en el estuche. Pensaba en como 20 años habían pasado tan jodidamente rápido. Aquella lejana tarde habíamos descubierto una pasión y no lo sabíamos. 


Ademas de estar aturdido por el volumen de la distorsión (siempre tocamos muy fuerte, demasiado) también lo estaba por los recuerdos. Pasamos por tantas salas de ensayos, desde las mas sofisticadas, hasta las más precarias y cavernosas. Fuimos a mostrar nuestra música a tantos bares, tomamos infinitas cervezas, conocimos mundos de gente. Grabamos tantas canciones, tantas otras murieron en el intento de llegar a ese limbo llamado disco. Les hicimos temas a los mismos amores a los que después despediríamos con otros temas un poco más tristes. Las personas reviven las etapas de su vida con álbumes de fotos, las bandas con discos. 

Vimos nacer a las nuevas generaciones de punks, vimos caer tantos disfraces en el camino, observamos morir tantas apariencias. Solo quedamos los que lo hacíamos con el corazón. Cambiamos tantas veces de instrumentos, discutimos tanto, perdimos tanta plata, agonizamos tantas veces pero nunca terminamos de morir y siempre estábamos resurgiendo, enchufando otra vez los instrumentos.

Un tren de pensamientos en solo algunos segundos. Finalmente cierro el estuche y los miro. Ahi están mis compañeros de ruta y aventuras, con la misma alegría en los ojos que aquellas tardes de juventud eterna, con las mismas ganas de ser feliz haciendo música, aunque la fama no llegue: ¿que importa que las mansiones sean de otros si las canciones son nuestras? Estamos más pelados, un poco más gordos tal vez, pero con el corazón intacto. Eso si, cuando la primera nota de cada ensayo empieza a sonar, automáticamente adelgazamos, tenemos más pelo, se nos gastan y achican un poco las remeras, se nos rejuvenece la voz y la sonrisa se nos vuelve desesperadamente enorme.



 



Dedicado a todas las bandas del mundo que aman lo que hacen, y siguen, pese a todo(s).

viernes, agosto 21, 2015


Es miércoles por la tarde y ahi está otra vez Juan mi amigo anarquista, armando su mesa, acomodando los fanzines, los libros y los discos, compartiendo sus ideas. Comienza nuevamente su ritual preferido: tres veces por semana, mismo lugar, misma hora, misma lucha, siempre invadido por un brillo que no merma: es el sol reflejandose en sus tachas, son las utopias resplandeciendole en la mirada.

Se enfrenta a dos enemigos, el sistema y la indiferencia. Padre e hijo. Pero sigue ahi, firme. Algunos paran y se interesan por lo que quiere contar, son los menos. Otros directamente ni lo miran, o lo miran con desprecio. Es paradójico, Juan dedica gran parte de su vida y sus recursos a luchar para que ese tipo que lo ignora viva un poco mejor. Y lo tildan de soñador.


Tiene facebook. Usa celular, barato, pero celular al fin. Tiene otro trabajo aparte de la anarquia. Cuando lo critican por eso responde siempre lo mismo: soy anarquista, no cavernicola. Los tiempos cambian, las ideas no mueren, se adaptan. El sistema avasallante todo lo abarcó, no hay rincón virgen de sus tentaculos, solo queda resistir, y combatirlo desde adentro. Eso si, no es anarquista de youtube, conoce la calle, ese es su campo de batalla, su tierra fértil.


En ocasiones lo visito y tenemos largas charlas sobre sociedad,  anarquia y existencia. Sabe que me encantan los postulados de la anarquía, pero que me parece casi incompatible con esa incansable naturaleza humana de dominio y poder, esa costumbre de aniquilar todo tipo de igualdad. y que sin embargo suelo leer sus libros porque el ejercicio de soñar me hace bien, porque entre tanta vorágine y destrucción ciertas utopías son un descanso, una especie de refugio, un respiro. No intenta convencerme, ni se pone en sectario, simplemente argumenta. Si no hay respeto, no existe la anarquía, concluye.


Y me habla de Bakunin. de la bomba de Simón, de Durruti, y de tantos de sus héroes casi anónimos, olvidados por la historia oficial. Me cuenta otra vez sobre su obsesión por desterrar el mito de que la anarquía es un quilombo, insiste en que, muy por el contrario, está llena de reglas sobre organización y autogestión, pero siempre es mas fácil repetir que investigar, dice casi suspirando. El tiempo se nos esfuma filosofando en su feria. Casi tres horas se fueron, nadie frenó a hojear un libro o pispear un disco de esos que están plagados de hermosos gritos libertarios. No le importa.


Me despido, le doy un abrazo y le digo que ojalá nos veamos pronto. Quiero mucho a Juan porque me enseñó que los anarquistas son una de las formas de sinceridad más bellas que existe, porque nadie le baja plata, porque no responde a nadie más que a sus sueños, porque no busca su tajada y porque en un mundo lleno de veneno y moretones, comprendí que aun quedan románticos.










martes, julio 07, 2015





















Jamás me gustaron esos poemas pedantes
cuya maraña de vocablos
alámbicos. culteranos, ampulosos
dan lugar a mareos y metáforas
liosas, laberínticas, encriptadas.

Tampoco me gusta la estrofa anterior.

¿Por que someter a las palabras
a la cárcel de las rimas?
¿Porque reducir el diccionario
a unas pocas palabras siamesas
en poemas que se jactan de amar la libertad?

Tantas ideas asfixiadas por la métrica
perpetuando otro triunfo de la disección de la inspiración.
¿Es ese olor nauseabundo acaso
una pierna de tu mejor musa?

Prefiero las poesías simples,
directas, crudas,
que de académico tengan, a lo sumo,
alguna frase creada y tallada
en el pupitre de atrás.

Que puedas leerlas
que pueda regalártelas
que sean mías, pero también tuyas
que las entiendas
que no te compliquen la vida
aun mas.

Pido disculpas si ofendo
a los perfeccionistas y puristas de los versos.
Sepan que los admiro
y espero puedan comprender
que de mi falta de talento
supe erigir
y disfrutar
una vez mas
mi libertad.








lunes, junio 15, 2015



Todo empezó escuchando Punk Rock. La música fue la puerta, otra vez. Una palabra se repetía insistentemente en esas melodías supersónicas. Al compás de gritos descarnados una letra "A" intentaba escapar de un círculo sofocante, despedazando los límites que no la dejaban crecer. Un nuevo mundo asomaba a mis días.

Empecé con Bakunin que me ayudó a hacer añicos dos conceptos en los que nunca había creído demasiado: dios y el estado. Así, en minúscula; siempre preferí escribir con mayúscula solo lo significativo para mi. Vagaba por las calles con aquella remera negra con las mangas poco prolijamente cortadas por mi y la A roja bien pegada al corazón.

Los fanzines estaban siempre desparramados por mi habitación: las voces de cientos de anónimos gritaban sus ideas incendiarias en papel fotocopiado queriendo construir un mundo mejor. Y me convencieron. Fui un adolescente convencido de que a través de la anarquia se podía levantar otra sociedad más justa, noble y sincera, sobre los restos de una civilización completamente podrida. Pero entre el dicho y el hecho, la teoría y la practica, estaba incrustado el ser humano, con su inercia destructiva y su voraz apetito por el poder. No había anarquía ni igualdad posible con tantos hijos de puta deseando someter. Siempre alguien queriendo dominar, la historia en bajada de la humanidad.

El tiempo, las vivencias y la realidad brutal hirieron de muerte a mi idealismo. Me encontré con mis utopías sangrando, desorientado, preguntándome a donde me llevarían todos esos libros de anarquía leídos en mis ratos libres, de que me habían servido todas esas horas devorándolos a sol y a sombra. Muchos años pasé perdido y sin respuesta.

Sumergido en el barro de mi más profunda crisis existencial y después de meses de lágrimas y pensamientos histéricos pude resolver el misterio. Estuvo adentro mío todo el tiempo. Sentía que había estado dormido tantos inviernos, pero aquella tarde desperté. Los libros me despertaron de un cachetazo. Aquel camino de frases románticas sobre paz y autogestión, aquellas ilusiones adolescentes y desilusiones juveniles fueron el recorrido obligado y necesario para entender en todo su esplendor el concepto de libertad. La libertad era la base para toda hermosura posible y la anarquía había sido el largo y pedregoso camino hacia su descubrimiento, hacia el auto-descubrimiento. 

Comprendí entonces que la anarquía le quedaba un poco grande a la maldad de nuestros tiempos, pero cabía justo en mi corazón, y que las reglas por crear y romper vivían adentro mio. No había mas autoridad que yo mismo. Supe entonces que la anarquía quizás nunca sanaría a este mundo porfiado, pero me había transformado a mi, mejorándome, haciéndome crecer y evolucionar. Y eso, de alguna manera, también era cambiar al mundo, aunque sea de a poquito.







martes, abril 21, 2015


Azoté la puerta con rabia explosiva y me fui. Solo duré treinta segundos caminando. Me nacieron unas incontrolables ganas de correr. Mientras mas quieto tenía el cuerpo, peor era, estaba horriblemente nervioso. Asi que corrí. Corrí cada vez más rápido. Apretando los dientes. Corrí con la angustia como motor. Y lloriqueaba mientras huía. De vez en cuando gritaba. Era extraño, el cansancio físico nunca llegó. No sentía el cuerpo, solo la tristeza y la adrenalina del escape. Corrí por horas, días, meses, quizás años. El viento me secaba las lágrimas. Calmaba mi sed tomando del vaso que había rebalsado.

No tenía idea de hacia donde me dirigía. No seguí indicaciones, mapas ni carteles. Solo corrí. Corrí hasta el fin. El fin de algo, de alguien, no se. Florecían ampollas en mis pies. Marchaba roto: las zapatillas, la ropa, el presente. La gente me miraba raro. No me cambiaba en nada. En realidad, la gente siempre me miró raro. Eché un vistazo hacia mi costado, dejé de concentrarme en el escape en si mismo para revisar donde estaba parado. El paisaje anónimo que me rodeaba era distinto. Los árboles habían aumentado su cuantía. El viento y la hierba olían de otra manera. Los rostros eran nuevos y desconocidos. Sentí un poco de miedo, y mucha incertidumbre. Pude percibir a mi agonía agonizando. Después de no se cuanto tiempo, por fin me detuve.

Tomé aire, volví a mirar a mi alrededor. Me pregunté: ¿y ahora que?. Era la pregunta que había estado buscando sin saberlo, el sentimiento de por fin haber apagado mis infiernos. Ya no había nada, estaba en blanco, casi como nuevo, y eso significaba un principio, otro principio. Estamos llenos de principios.  Y entonces, en vez de comenzar a correr de nuevo, caminé, muy despacio, lento, casi paseando, observándolo todo, tocándolo todo, oliéndolo todo, calmo pero hambriento, como quien no para de buscar la novedad.




lunes, abril 06, 2015


No se muy bien como y cuando llegué acá. Probablemente fue para resguardarme del frío. Sufro mucho el frío.

A veces me siento y veo reflejada mi cara en los barrotes de cristal. La observo atentamente, recaigo en cada detalle. Puedo apreciar la simetría de mi sonrisa, lo escultural de mis lágrimas.

A pesar de que el aire pasa entre los barrotes, por momentos sufro de claustrofobia, puedo notar como el pecho me queda al borde del estallido. Pero la jaula me protege, me da calor, es mi refugio. Allá fuera hace mucho frío.

Todos mis recuerdos, mis vivencias, mis fotos son en su interior. Aun después de haber pasado gran parte de mi vida afuera, creo que no conozco otra forma de vivir, o no la recuerdo. Pierdo la noción del tiempo acá adentro. A veces siento que estoy enjaulado hace miles de años, otras veces me siento como el primer día, ansioso por conocerle cada rincón, cada secreto. Me gusta decorarla, cambiarle el aspecto siempre que puedo. En ocasiones hasta me olvido que es una jaula. Hay días en las que la siento mi pequeño castillo, aunque algunas noches, confieso, parece una tumba.

Después de muchos meses o años descubrí, casi sin querer, que la puerta estaba sin traba. Dicen que afuera es verano. Dicen que el frío no es tan grave. Pero yo me alejo de la puerta y me acurruco siempre en la misma esquina. Porque acá siempre es verano. O primavera. O los inviernos no son tan crudos.




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sábado, marzo 21, 2015



Después de tantos años nos volvimos a encontrar, lejos de todo y de todos. Era ley terminar en un bar, y así fue. Las carcajadas seguían intactas. Jamás volví a reírme tanto con una persona como lo hacía con él. Era recíproco. Extrañaba terminar agotado de estar tentado. Al fin y al cabo estábamos un poco distintos que hace un tiempo, pero aun iguales.

Tomamos cerveza. Hablamos del punk, de Green day, de los Ramones, de la banda que teníamos, de aquellos tiempos sagrados de gloria y libertad que habíamos vivido a la par. Y mientras seguíamos volando hacia atrás, de repente se quedó pensativo. Gradualmente se le borró el gesto de gracia y melancolía alegre en la cara y sentenció mirando a la nada: "nuestros amigos, o tienen hijos o están muertos". Se hizo un silencio triste. La segunda opción me hizo un eco frio en el alma. Nunca había pensado en eso. Tenía razón.

La pasábamos bien, eramos jóvenes e invencibles, pero en el fondo estábamos tristes. Para ser punk siempre tenes que estar un poco triste. Y muchos no soportaron aquella angustia. Se rindieron y cayeron en esos refugios de papel que son la droga y el alcohol. Ninguna pastilla calmó el dolor. Otros fueron más pragmáticos y directamente eligieron la bala o la soga.

Levantamos nuestras miradas brillosas y chocamos los vasos. No dijimos nada, pero brindamos por varias cosas. Por aquellos días de gloria, por los que ya no están pero están, y por lo que quedamos, peleandole a la existencia, con esa vieja tristeza todavía adentro, apaciguando las congojas con las canciones de toda la vida, esas melodías inmortales, por siempre jóvenes, y con la cresta bien parada en el corazón. Después de todo, el negro en nuestra ropa sí tenía un poco de luto.




sábado, marzo 14, 2015


Margarita tenia catorce años cuando se casó, y treinta y siete cuando se separó . En el medio tuvo tres hijos. Su marido era uno de los galanes mas buscados del pueblo, todas morían por sus ojos celestiales, pero el moría por Margarita.

Solo unos meses después del casamiento su romance eufórico se transformo en obsesión. y la obsesión es olvidarse del amor. Ella tardó solo un par años en darse cuenta de que no estaba cómoda con la relación, que quizás era muy chica para haber forjado su futuro tan de golpe. Pero cada vez que cobraba valor y se decidía a dejarlo, él aparecía con un revolver, se lo apoyaba en la sien y le advertía: si me dejas me mato. Mas de una vez su hermana la aconsejó - dejalo que apriete el gatillo-

El amor devino en terror y no pudo soportar mas . Una tarde de Diciembre les anuncio a sus padres que se separaría de su esposo. Tenia diecisiete. Su madre rezongó despavorida- ¡No Margarita por dios! ¡Que va a decir la gente del pueblo! ¡Que vergüenza! ¡Si ya es parte de la familia! El matrimonio seguía, y las voces permanecían en silencio, como sus sueños.

Cincuenta años después Margarita mira en la oscuridad de su comedor las fotos en blanco y negro, las acaricia con sus manos ajadas. les saca el polvo. Se ve tan joven en ellas, tan ilusionada. Trata de rearmar esos futuros posibles que se invento y que nunca fueron, los caminos jamas tomados por indecisión, por falta de coraje, o lo que fuese. No volvió a enamorarse. Siempre fue demasiado tarde para todo. Superó algunas depresiones, pero nunca a la peor de las nostalgias: la nostalgia de lo que no existió. Jamas se fue a vivir al mar como tenia pensado hacer cuando finalmente dejó a su marido, pese a todos. Y aquel pueblo maldito que iba a castigarla para siempre con desprecio y horror por sus sentimientos, pecados y decisiones, no recuerda ni un solo segundo de aquella historia de desamor. Entonces Margarita se pregunta en lo profundo de la noche, si ella vivió en ese pueblo realmente, o si el pueblo vivió en ella todos los días de su triste vida perdida.







lunes, enero 12, 2015















No me hables de dios
si me vas a hablar de libertad.
Ni de religiones y dictaduras celestiales
que me indiquen hacia donde debo caminar,
Con lo que me encanta salir a caminar
hacia cualquier lugar.

No me hables de límites
si me vas a hablar de libertad.
Ni de la asfixia de las fronteras.
Ni de la rigidez de las banderas.
Con lo que me gusta el mundo
para andar encerrándome en ellas.

No me hables de relojes
de contornos, de represiones,
ni modas o  prisiones.
Recién cuando me hables
de la muerte del miedo,
de oídos sordos a palabras carcelarias,
de alegrías y pasiones.
de mares y canciones.
Entonces si.
Llená dos vasos con vino.
Y hablemos de libertad.




martes, noviembre 04, 2014


Libertad tiene pestañas largas, curvas que no terminan nunca y una mirada capaz de meterse en el rincón más inalcanzable del alma. Y hoy, en esta noche de luna llena, estira su brazo blanco invitándome a bailar. Porque Libertad no espera que la saquen a bailar. Ella te saca a bailar a vos.

Enredamos los dedos y danzamos al ritmo de una canción que no tiene final, pues solo suena adentro nuestro. Yo, que nunca supe bailar, siento la precisión en cada movimiento de mis piernas, la armonía de sus caderas histeriqueandole a las mías. Libertad sonríe mientras trata de explicarme la perfección del momento: "bailar es asi, es la felicidad queriéndose escapar del cuerpo para unirse a la música, pero chocándose con la piel. Bailar es la más bella de las euforias atacando el cuerpo".

Giramos y giramos sin marearnos. Somos movimiento, placer y éxtasis. Somos ese minuto que vale todas las putas derrotas y dolores de esta vida. Mi pecho se estrella contra el de ella, puedo sentirle la algarabía en sus arterias. Y en el segundo más espectacular de todos, se acerca a mi oído y me susurra- destrocemos los relojes, destruyamos al tiempo-

Libertad no entiende de límites, será por eso que algunos cuentan que está hecha de viento. Y cuando la canción parece culminar, Libertad apoya su boca contra tus labios y te da un beso que no termina jamás.






lunes, agosto 18, 2014



Cuando yo era solo un chico en la secundaria, un triste y solitario adolescente atrapado en la pesadilla de los suburbios escape de drogadictos y princesas de cabellos emplumados, tenía una cara llena de acné, pantalones cortos y ningún status social. El fenómeno número uno con una bala...Los pocos amigos que tuve tenían mas suerte y se mantenían a mi lado porque ellos estaban apenas arriba de mi en cuanto al grado de popularidad.

En un pequeño lugar del mundo llamado Weymouth, Massachusetts, no recuerdo cuando o como pasó, en la radio del carro, la video Jukebox, o quizás en el soundtrack del film "Over the edge". Lo cierto es que ese año escuché a la banda que me metería en su orgulloso círculo de pinheads para siempre. Aislamiento, desesperación, separación, retardación: estos eran los ingredientes de la dieta diaria de Los Ramones. Sus canciones eran crudamente hechas para todos los que alguna vez se hayan sentido como un don nadie. Los Ramones sabían, los Ramones entendían. Los ramones eran. Ellos no solo cantaban sobre ser adolescentes jodidos. Ellos eran adolescentes jodidos, sin importar su edad. Conocidos como "la banda más fea del mundo" fueron un verdadero rayo de esperanza para los absolutamente sin esperanza. Ellos no eran las bonitas y ricas estrellas de rock contandote sobre cuan duro era ser famoso y cantando acerca de todas las mujeres con las que se acostaron.

Cuando los Ramones se juntaron en los 70's, los 70's caian en la ganancia impreviste del terreno de las compañias. Pero había cuatro jinetes en el amanecer del apocalipsis del punk rock. Ellos encarnaban al perdido, frustrado y enojado espiritu de la juventud. Y eran los mas bellos de todos.

Los Ramones fueron la primera banda punk verdadera. Cuando los cuatro de Forest Hills empezaron a tocar juntos en Agosto de 1974, los Sex pistols todavia estaban copiándose en tests de matemática en la secundaria. Ellos tomaron los riffs tradicionales de los 50's de Chuck Berry y Eddie Cochran y los hicieron tres veces más rápido, rechazando las enfermizas dulces letras de su era y convirtiéndolas en tributos a films de horror, oler pegamento y al amor condenado.

Los Ramones eran fenómenos. Su uniforme consistía en jeans rotos, camisetas y chaquetas de cuero mientras otras bandas en el planeta tocaban algo como la complicada "Dust in the wind" o una canción de ocho minutos de duración.

Los Ramones rompieron la barrera de velocidad del tempo: las canciones alcanzando de 1:15 a 2:30 minutos como máximo. No tenían que impresionar a nadie con su tocada musical. Cada canción era una maravilla de tres acordes. No muchas bandas les dieron crédito, pero miles desde Joan Jett a los Guns n roses tocaron canciones increíblemente similares a las de los cuatro hermanos. Ellos ni siquiera tuvieron un solo de guitarra hasta su cuarto disco "Road to ruin". Un típico setlist en vivo de los Ramones de hora y media de duración incluía más de 26 canciones, cada una de ellas tocada más rápido que las versiones grabadas en el estudio. Cuanto más rápido, mejor: vivir tonto, tocar rápido.

Los Ramones hicieron posible el sobrevivir a los suburbios y la ciudad para muchos chicos, corriendo estrepitosamente a lo largo de los salones de la secundaria cantando "I'm a teenage lobotomy". Esto sería mi grito de batalla contra los tontos wannabes, vestidos de ropa de diseñador y zapatillas de marca que esperaban en una larga cola para ser los consumidores de la tierra a feliz del mañana, lamiendo sus labios con el pensamiento de obtener esos deliciosos trabajos corporativos donde tendrían que salir con una "sonrisa" frente a sus caras y decir "gracias", "gracias", "gracias" como el pasaporte de diversión en sus bocas y para empobrecer su no filtrado vómito dentro de sus ya podridos sistemas. Si no les podía dar una paliza, al menos los iba a espantar..

Los Ramones me fortalecieron con una pared de seguridad punk donde podía deambular con la lengua firmemente fuera, orgulloso del título de "fenómeno: con el que mis semejantes tan consideradamente me habían bautizado. Ellos crearon una manto de seguridad de psicosis para sus miles de pupilos.

Los Ramones son los beethovens de mi generación, la "Blank generation". Nadie tiene que guardar un lugar en el cielo del punk rock para los Ramones, los Ramones son dioses punk.

Oh y, por cierto, empecé una banda yo mismo.





Rusty Nails




martes, junio 17, 2014


No hay quien resista vientos tan fuertes. Días y noches enteras de pura agitación insoportable entre tempestades y chaparrones. Las inclemencias no cesan, no paran un maldito segundo. El encierro es el nuevo estilo de vida frente a la hostilidad del exterior. Cualquier tipo de aventura quedó ahogada, anulada y solo queda sentarse a mirar lo dantesco de la situación, lo débiles que somos ¿ Como podemos rompernos tanto y tan fácilmente?

Escombros, restos,  y barro. Lo que se erigía invencible hoy se redujo a trizas. Todo es oscuridad, no asoma ni una luz de esperanza, solo la de los rayos. Y mejor dejar de llorar para que las lágrimas no ayuden a que el agua siga subiendo, aun mas.

El solo hecho de volver a empezar aterra. Apenas pensar que todo el dolor de la pérdida puede llegar a repetirse algún día, provoca que el primer paso se convierta casi en una utopía y media. Y entonces... ¿Para que volver a intentar si todo tiende a la destrucción? Es el maldito espiral asesino, cuyo centro es la nada furibunda.

Hasta que un día cualquiera, sin más y de repente, el golpeteo de la lluvia disminuye de a poco hasta llegar al mas aliviador de los silencios. La música de los pájaros regresa, y con ella la armonía. Los estruendos ya no amenazan, y lentamente escampa. Asi que esto era la paz. La puerta por fin se abre y es imposible no pelearle al sol de frente para contemplar el azul precioso del cielo, más intenso y radiante que nunca, como quien descubre que, por fin, se ha curado de las tristezas, y siente el voraz apetito de salir a comerse el mundo.