Hermanastro del cancer que te roe por dentro. Miserable como el frío que seca a la planta, como el pie que aplasta a la hormiga. Es el veneno que hace peligrosa a la serpiente; es el culpable de transformarte la mirada, de secarte el corazón.
Viene en forma de mano cerrada, como el puño que nos aplasta, como el puñado de hombres que lo detentan, como la rabia que sostiene el puñal con espalda como destino.
Pero la fragilidad quebradiza de la que estamos hechos no hace más que dejarnos expuestos y obligarnos a reconocer que el verdadero poder es aquel capaz de controlar al poder mismo...












